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El molino Forclaz de Pueblo Liebig
Historia contada con imágenes y sonidos
Un viejo molino de viento -réplica de los utilizados en Europa- se levanta airoso y desafiante del tiempo en los campos entrerrianos. Recuerda la historia del suizo Juan Bautista Forclaz y su obstinación por hacer girar las aspas con un viento inexistente en la zona. textos de Mariana Rivera. fotos...

¿Qué valor se le asigna actualmente al patrimonio histórico de una población, sobre todo si se trata de una pequeña colonia de agricultores, que sólo contaban para prosperar con la fuerza de su trabajo?

A la vera del río Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, el pueblo de Liebig (ubicado a unos pocos kilómetros de la ciudad de Colón y de Villa San José) contamos con un ejemplo de aquel empeño de sus pobladores de no olvidar los orígenes y revalorizar la historia.

El visitante se encuentra con una variada oferta de actividades para poder conocer y recorrer (incluso con guías) el pueblo, promovida por su pequeña pero activa Oficina de Turismo, atendida cordialmente. Además, cada vivienda o lugar histórico del lugar cuenta en su fachada con un pequeño cartel que da cuenta de su forma de participación en la formación o desarrollo de aquella población.

A unos pocos kilómetros hacia el sur se levanta imponente un centenario molino que construyera en 1888 Juan Bautista Forclaz, inmigrante suizo-valesano. Se encuentra rodeado por un paisaje de espinillos, ceibos y ombúes, que le dan un marco excepcional a aquel exótico molino, que fuera declarado en 1985 Monumento Histórico Nacional por el Ministerio de Educación y Justicia de la Nación.

Se trata de un símbolo del esfuerzo y tesón de los primeros colonos de la región, que se utilizaba para moler los granos de trigo y maíz, pero fundamentalmente por la historia que lo envuelve.

En 1991, en el marco de una investigación sobre la historia de la Colonia San José, que fue (junto con Esperanza, en nuestra provincia) uno de los primeros asentamientos poblacionales de inmigrantes del país, surgió la idea de contar la historia de este molino. Jorge Luis Farjat, perteneciente a la Dirección Nacional de Población y Graciela Swiderski, del Archivo General de la Nación, fueron los encargados de realizar un novedoso audiovisual sobre el molino de la familia Forclaz, como una forma más de no olvidar el pasado.

El audiovisual -titulado Las Edades en el Viento- fue exhibido durante el Congreso Argentino de Inmigración y IV Congreso de la Historia de los Pueblos de la provincia de Santa Fe, que se desarrolló en Esperanza, del 10 al 12 de noviembre de 2005.

El video se basa completamente en imágenes precisas de diferentes detalles del viejo molino, que sirven para contar su historia, con el único complemento de la voz del relato de algunas personas que dieron su testimonio, descendientes de Juan Bautista Forclaz. Una selecta música de Ravel o Strauss y de poemas de Edward Carpenter complementan la obra.

Múltiples combinaciones

Farjat explica que el audiovisual "tiene un aspecto temático-documental intrínseco, que tiene que ver con la inmigración. Como autor debo reconocer que esa temática es una excusa para mí porque el trabajo apunta a otros aspectos que van más allá de los formales".

Por eso, asegura que "en el trabajo hay que ver también otros dos sentidos, independientemente de todo lo que tiene que ver con lo argumental y temático. Se trata del aspecto estético y de los poemas que ilustran el trabajo, que hacen de apoyatura literaria, que no se relacionan con el tema de la inmigración ni de la historia".

También aclara que "se trata de un lenguaje audiovisual difícil de ver, que está articulado por un montaje con imágenes estáticas (fotografías), relacionadas con el sonido, exhibidas en las mismas condiciones que el cine, pero son estáticas y no en movimiento. Por lo tanto, es un lenguaje que se ve poco porque la imagen estática unida al sonido es lo que se opone al mundo de lo cotidiano, que se expone al movimiento permanente, lo mecánico, algo que se aleja de la contemplación. La fotografía y la pintura, en cambio, tienen otros elementos que nos inducen a pautas de percepción totalmente distintas".

No obstante, confiesa que "detrás de todo esto está el soporte histórico, porque es natural que haya una historia detrás. Por eso me sentí comprometido como autor con esas historias, que están tratadas con el mayor respeto". Asimismo, explica que "el trabajo fue realizado en el lugar y los escenarios originales y luego el material fue procesado en Buenos Aires. El montaje previo ya lo tenía armado porque estaba hecho sobre música y acomodé las imágenes de ese lugar a la música que ya tenía".

Oportunos trabajadores agrícolas

Graciela Swiderski asegura que -como en este caso- a partir de un molino se puede contar la historia de un lugar. Por eso, recuerda que la idea de producir este audiovisual surgió cuando tomaron contacto con él durante un trabajo que realizaba con Farjat sobre la historia del asentamiento de los inmigrantes en Colonia San José.

Asegura que dicho asentamiento "fue muy trabajoso porque los inmigrantes habían firmado un contrato para poder radicarse en la provincia de Corrientes, que a mediados del siglo XIX gobernaba Pujol, quien los iba a instalar allí. Pero cuando estos inmigrantes llegaron se encontraron que -por el proceso de guerras civiles que había habido en el país- Pujol ya no era más gobernador. Quedaron a la buena de Dios, ubicados sobre la ribera del río Uruguay, sin saber si se volvían a su tierra o si se quedaban allí".

Y continúa: "En ese momento apareció Justo José de Urquiza, un gran empresario que se dedicó a diversificar sus empresas, preocupándose por aspectos muy variados que iban desde la ganadería hasta el saladero, una forma de agregarle valor a la producción ganadera. Él estaba buscando introducir la agricultura y no conseguía entre la mano de obra propia del país trabajadores agrícolas. Por eso, vio la oportunidad de arraigar a estos colonos en sus territorios. Así fundó la Colonia San José y dio lotes de 25 hectáreas a cada colono, quienes se establecieron en 1857".

Importó una realidad europea

La investigadora aporta más datos con respecto al origen de este antiguo molino. "En su historia estamos a fines del siglo XIX. Perteneció a la familia Forclaz, de nacionalidad suizo-valesana y por línea materna saboyana. Es interesante que con el propósito de llevar la producción agrícola a la molienda todos los pobladores de la zona iban a ese molino, entre ellos, valesanos, saboyanos y genoveses".

Pero aclara sobre un dato curioso: "Funcionó el molino tirado por las mulas (sistema malacate) pero no el de viento. Forclaz quiso trasladar la realidad de origen de su país a la Argentina y en esa zona no había el viento suficiente como para empujar las aspas de un molino de esa envergadura. Forclaz dijo que estuvo arriba tratando de achicar o cambiar una pieza pero en realidad no era cuestión de un engranaje sino que no había el viento suficiente que impulsara las aspas para poder hacer la molienda. Murió en la parte superior del molino, obstinado en la idea de que funcionara".

No obstante, considera que "era una proeza de construcción porque parte de los materiales fueron traídos de Europa, tenía instrumental de relojería suiza para mover las aspas. Aquí solamente se recolectó la piedra mora de la zona y la madera y el resto (hierro y esos engranajes de relojería) fueron importados de Europa".

Por eso, concluye que "ésta es la historia del ejemplo de este inmigrante obstinado que quiso trasladar sus condiciones a su nueva tierra, cuando era necesario hacerle una adaptación, pero siguió soñando con lo que era el molino en su país. Pero aquí le falló porque no estaban dadas las condiciones".

Aspecto imponente

Los cimientos del molino Forclaz están hechos de piedra mora, que abunda en la zona, y su base tiene 25 metros de circunferencia y un metro de espesor. Sobre ellos se levanta la pared en forma cónica, que hasta los tres metros es también de piedra mora y luego continúa con ladrillos hasta los 12 metros. En la parte superior tiene una cúpula de zinc giratoria, donde iban afirmadas las aspas, lo que la permitía orientarse según la dirección del viento.

Las cuatro aspas tenían 4 metros de longitud. Posee dos puertas de acceso de 2 metros de alto, con sendas aberturas superiores de tipo ventanales de 1 metro de frente. En la puerta que mira al oeste pueden observarse las inscripciones del año en que se comenzó a construir el molino.

Muchos se acercan hasta el lugar con la curiosidad de indagar sobre su existencia. Economistas, agricultores, estudiantes, poetas, periodistas se ocupan de él. Su historia está tejida primero en el relato de sus dueños y luego con el de sus descendientes y vecinos, que han crecido a su lado.

Fuente: www.laguiadecolon.com.ar





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