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DE RAÍCES Y ABUELOS
Pioneros del desarrollo en una zona ganadera
Familia Mayoraz. Afincado en tierras argentinas luego de dejar su Suiza natal, Juan Bautista Mayoraz -viudo, de 41 años- trabajó arduamente para llevar adelante a sus cinco hijos, que lo gratificarían con el transcurrir del tiempo. textos de Mariana Rivera

"Honrar los nombres de los que con su esfuerzo y decisión han contribuido eficazmente a impulsar este país por un camino de progreso, es rendir un justo homenaje al esfuerzo realizado. Entre los que se merecen ese homenaje, entre los que con espíritu decidido y esfuerzo constante han cooperado a ese engrandecimiento, deben figurar a la vanguardia -entre las avanzadas de la línea de aguerridos pioneros-, los señores Juan, José y Francisco Mayoraz, quienes tan eficazmente contribuyeron a fomentar el gran adelanto de este hermoso y fértil país".

La cita corresponde a un libro que refiere a la colonización de Esperanza y destaca la contribución realizada por los hermanos Mayoraz, los primeros ganaderos extranjeros del departamento Las Colonias y pioneros pobladores de Progreso y La Pelada, dos colonias que terminarían siendo dos comunidades agrícolas importantes en la provincia.

Eran tres de los cinco hijos de Juan Bautista Mayoraz, quien en 1862 llegó a nuestro país en busca de prosperidad. Proveniente del pueblo de Heremence, en el cantón de Valais, Suiza, pisó suelo argentino cuando tenía 41 años, ya viudo, con sus pequeños hijos: Juan (10 años), José (9), Pedro (7), Francisco (4) y Magdalena (1 año).

Norberto Mayoraz compartió con De Raíces y Abuelos la investigación que realizó sobre sus antepasados de origen suizo, y una gran cantidad de fotografías que conserva de los principales protagonistas y actividades que desplegaban.

Contó también que este año se organizó la primera reunión de descendientes Mayoraz en la Estancia Larismendi, en La Pelada, con una parte reducida de la familia. Pero posteriormente se realizó otro encuentro en la Sociedad Rural de nuestra ciudad, el 20 de octubre pasado, al que concurrieron más de 250 personas provenientes de Buenos Aires, Rosario y Rafaela, entre otras ciudades del interior.

En la nueva colonia

Norberto pudo averiguar que cuando su bisabuelo Juan Bautista Mayoraz llegó a la Argentina se instaló en Esperanza, donde seis años antes habían arribado las primeras 200 familias suizas que fundaron la colonia. Pero posteriormente compró un campo en La Pelada y allí se radicó definitivamente.

En Suiza, Juan Bautista se dedicaba a las actividades agropecuarias y, posiblemente, a la molinería. Su casa (ahora inexistente) tenía planta baja con galpón construido de piedra, donde alojaba una treintena de vacas durante el invierno. La planta alta era de madera de pino y estaba habitada por la familia.

"Se desconoce la actividad desarrollada por la familia en Esperanza entre 1862 y 1880 -aclaró-. Sólo se sabe que la situación económica cuando emigraron a América era buena. Al llegar, habían comprado campos aledaños a la colonia a un señor de apellido Pintado, motivo por el cual llamaron al campo `Rincón del Pintado'. Esos lotes eran abiertos y, por entonces, se permitía la libre circulación de los pocos pobladores de la zona y el tránsito de Santa Fe con Santiago del Estero y Tucumán, atravesando la Senda Pelada, como la llamaban los españoles, y de ahí el nombre de nuestro pueblo. Establecieron un comercio de carretas que transportaban mercaderías y personas, además de mulas (muy cotizadas por entonces en el Alto Perú)".

"Se tienen referencias de que eran propietarios de un molino harinero, ya que al fallecer Juan Bautista dejó en su herencia la venta de un molino. Además, su inserción en la comunidad de Esperanza fue lograda rápidamente, ya que dos de sus hijos (Juan y Magdalena) se casaron con los hijos de Amado Aufranc, por entonces la persona política más importante de la colonia".

Relación con Oroño

Norberto Mayoraz relató que "la población más cercana de donde compraron el campo (Larismendi) por el sur era Cululú, un caserío ubicado a seis leguas de Esperanza; y por el norte, aledaño al campo de Nicasio Oroño - quien había sido gobernador de la provincia-, una incipiente población llamada Jacinto Aráuz, cabecera de una colonia fundada por dicho colonizador. Este pueblo fue el primero que tuvo comuna -que hacía las veces de Registro Civil- y una Iglesia con sacerdote permanente, además del cementerio. Allí se anotaban los nacimientos y los muertos de toda la región y era el centro de reuniones y fiestas.

Todo por escrito

Con respecto al campo que Juan Bautista Mayoraz compró a Nicasio Oroño, Norberto contó que "seguramente estaría poblado con ganado en estado semisalvaje -que se reproducía casi libremente-, del que se proveían los pocos pobladores existentes".

Es precisamente a partir de 1880, con la compra de ese campo, que la familia puede acceder a importante documentación y conocer acerca de la actividad que realizaban sus antepasados. "A partir de aquí tenemos escrita la historia", apuntó Mayoraz, e indicó que "la compra del campo por parte de Juan Bautista a Nicasio Oroño está registrada en el Archivo General de la Provincia. Allí se conserva el boleto de compra venta de ese campo".

"Desde entonces, la familia fue progresando como lo hicieron todos los inmigrantes porque los capitales extranjeros irrumpieron con la construcción de los ferrocarriles, la instalación de enormes plantas frigoríficas en los puertos, la incorporación del barco frigorífico para el comercio exterior (es decir que se podía exportar carne), la importación de los molinos de viento que reemplazaban a las norias y a los baldes volcadores, la importación de alambres de Inglaterra por la nueva legislación para alambrar las propiedades".

"En definitiva -continuó Norberto-, con anterioridad a la llegada de los inmigrantes, la ganadería no tenía un futuro promisorio ya que el consumo interno era muy limitado. A partir de 1880 tomó mucho auge y desde ahí se enriquecieron casi todos los inmigrantes que se dedicaron a esta actividad. Se dieron las condiciones para que el país llegara a ser el séptimo del mundo en este rubro productivo, en aquella época".

Sacrificios y logros

"Una vez que tomaron posesión del campo -prosiguió el relato-, en enero de 1880, los hermanos José (24 años) y Francisco (22) Mayoraz construyeron una casa en el pueblo de Aráuz, única población aledaña al solar. Juan Bautista se quedó viviendo en Esperanza junto a Juan (26) y Magdalena (19), y mantuvo la actividad del molino hasta 1883.

"Sin dudas, estos hombres han trabajado muy duro, ya que en tres años consiguieron formar un numeroso rodeo y poblado el campo con alambrados y aguadas -reflexionó Norberto-. Las primeras anotaciones de que disponemos son del año 1883, de puño y letra de Francisco Mayoraz (mi abuelo), quien tomó por costumbre anotar casi diariamente los gastos y las ventas realizadas por la familia, además de dejar copiadas las cartas que escribía. Esto permite reconstruir paso a paso la evolución económica de la familia y dejar registrados los principales acontecimientos ocurridos durante 40 años".

"Mi abuelo escribía todo lo que pasaba, si gastaba 10 centavos en algo lo anotaba, al igual que si vendía algo". Es a partir de ese minucioso registro que Norberto pudo realizar una extensa lista de fechas y acontecimientos familiares y comerciales, gracias a los cuales pudo conocer el empeño de sus antepasados y ver el progreso conseguido a través del tiempo.

Patrimonio histórico para conocer

EN JACINTO ARÁUZ

"El cementerio existente en la actualidad en el pueblo de Jacinto Aráuz está inserto en un monte al que se llega por un camino de huella, casi inaccesible para el que no conoce el lugar", cuenta Norberto Mayoraz.

"Hoy conserva la misma fisonomía que entonces, como un patrimonio histórico de exótica belleza que toca muy de cerca a la familia, ya que allí fue sepultado Pedro Mayoraz, en 1893, uno de los hijos; y luego Juan Bautista, en 1900", dice Norbero. Y agrega un detalle que lo maravilla: "La iglesia del pueblo tenía un altar, el púlpito y el confesionario trabajados en madera tallada al estilo barroco, trabajado en forma artesanal, que hace recordar las iglesias europeas. Vale la pena visitarlo".





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