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Apocopemos bien

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por Enrique José Milani

Y otra vez el griego, porque “apocopar” proviene de “apocopto”: cortar, cercenar; y del sustantivo “apocopé”: amputación, corte, castración, abolición,etc. De aquí deriva “la apócope”, femenino. No debe emplearse “el” porque la “a” inicial de dicho sustantivo no es tónica, sino átona. No es el caso del error “la agua”; aquí sí corresponde “el” para evitar la “cacofonía” (otro grecismo), es decir, mal sonido. Una palabra se apocopa cuando pierde una o más letras; cosa que ocurre al final de un vocablo, cuando éste precede inmediatamente a otro sustantivo: buen amigo, mal compañero. Pero,¡atención!, debo decir “bueno y atento señor”, porque en este caso “bueno” no está inmediato a “señor”. Otro tanto ocurre con “santo”: San Pedro, San Juan, San Luis. Excepcionalmente se usa entero delante de Domingo, Tomás o Tomé, Toribio. Se dice: Santo Dios, Santo Jesús, Santo Ángel de la Guarda, santo joven mártir. No se dice San Santiago (sólo Santiago) porque el “san” ya está incorporado, pues proviene del anticuado Sant Iago, y éste del latín Sanctus Jacob.

“Grande” se apocopa delante de sustantivo en singular, masculino o femenino: gran profesor, gran inundación.

Los apócopes muy, tan, cuan, cuán, aparecen ante adjetivo (muy fino, tan amargo, cuan alto era, cuán ligero) y adverbios: muy bien, tan aprisa, cuán lejos, etc. Los no apocopados en los comparativos de desigualdad (mucho más culto, tanto peor, cuanto más grande), como con “antes” y “después” con valor comparativo: mucho antes, mucho después. “Alguno, ninguno” se apocopan: algún día, ningún país. Los femeninos, no, sólo si preceden a sustantivos que empiezan por /a/ tónica: algún arma, ningún asma. Sin embargo, no son incorrectas las formas sin apocopar: alguna arma nuclear, alguna área sin cultivar, ninguna alma sin salvar; o cuando se interpone alguna palabra: alguna posible arma nuclear. “Cualquiera y cualesquiera” delante de nombres masculinos o femeninos, en singular o plural, pueden emplearse enteros o apocopados: cualquiera o cualquier cosa; cualesquiera o cualesquier argumentos. Es obligatorio ante masculino, y no hacerlo ante femenino, se considera arcaico: cualquiera mujer. Cuenta con variante apocopada “algún que otro + sustantivo”: algún que otro médico, algún que otro estudio. “Primer, tercer y postrer” son apócopes. Todos los ordinales compuestos de “primero y tercero” apocopan: “decimoprimer, decimotercer, vigésimo tercer”. La variante apocopada alterna con la no apocopada cuando sigue otro adjetivo coordinado, ordinal o no: El primero y segundo tomo; tercer y último aviso; primer y segundo capítulo. Es arcaísmo apocopar las formas femeninas: primer vez, tercer fila. Los adjetivos posesivos “mío, tuyo, suyo”, con sus femeninos y plurales, antepuestos al nombre, se apocopan, aun cuando se intercale otra palabra: “mi, tu, su, mis, tus, sus”: mis caros compromisos, su nunca bien ponderada elocuencia. Los cardinales “uno y ciento” se convierten en “un y cien”: un litro, cien árboles; un solo paso, cien robustos árboles. Ídem con “veintiuno”: veintiún años; pero veintiuna oportunidades, horas, veces. “Alguno y ninguno”: algún atrevido, ningún vendedor, algún buen hombre, ningún rústico señor.

La palabra “diz” es apócope de dice o dícese (se dice). Se emplea en forma impersonal: Diz que habrá paz, Diz que no conoce su origen. “Tanto y cuanto” se acortan delante del adjetivo, sustantivo adjetivado o adverbio: Era tan recio, tan hombre, tan gentil, cuan sabio y elegante. Por esto, son incorrectas las frases “tan es así, tan es verdad”. Debe decirse: tan así es, tan verdad es (o tan verdadero es), o sin corte: tanto es así, tanto es verdad. Otros acortamientos: frayle (fray), Bartolomé (Bartolo), automóvil (auto), cinematógrafo (cine), patrono (patrón), sóror (sor), zafiro (zafir), vivaque (vivac), Germano (Germán), Álvaro (Álvar). El objetivo suele ser suavizar o facilitar la pronunciación de las voces, lo cual sucede por el uso popular que llega a imponerse a la gente culta. Las alteraciones que en su estructura sufren algunos vocablos reciben el nombre de Figuras de Dicción o metaplasmos (del griego: transformación). El tema no está agotado, pero por razones de espacio, ponemos punto final.



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