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Festival Interior 06 -12-2017
Nuevos sonidos nuestros

Aca Seca Trío, Infusión Kamachuí, Barro y el Dúo Nuñez-Ayala compartirán escenario en la primera edición de Festival Interior, que tendrá lugar el viernes en el Mercado Progreso. El jueves se desarrollará el taller Ritmática, a cargo de Mariano “Tiki” Cantero. Apoyan Inamu y Municipalidad.



Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

En la primera edición del Festival del Interior, este viernes a las 21, músicos de distintas trayectorias compartirán sus canciones “en un diálogo entre tradiciones y renovación con la paleta de colores del nuevo folclore argentino, la música popular y los sonidos del Litoral”. Aca Seca Trío, Infusión Kamachuí, Barro y el Dúo Nuñez-Ayala compartirán el escenario del patio del Mercado Progreso (Balcarce 1635); donde se realizarán además intervenciones artísticas, feria y opciones gastronómicas. La propuesta cuenta con el apoyo del Gobierno de la Ciudad y del Instituto Nacional de la Música, y ha sido declarado de interés por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe.

 

De a tres

 

Andrés Beeuwsaert (teclados y voz), Mariano “Tiki” Cantero (percusión y voz) y Juan Quintero (guitarra y voz) integran Aca Seca Trío, uno de los grupos referentes de las nuevas búsquedas en la música popular de nuestro país, con proyección internacional. Su repertorio se basa en composiciones de Quintero y de autores como Juan Falú, Jorge Fandermole, Hugo Fattoruso y Carlos Aguirre, entre otros.

 

El Litoral dialogó con Cantero para adentrarse en su propuesta del grupo, y en el taller que brindará el jueves.

 

—Hace mucho que no vienen por acá. ¿Cuál es la expectativa para este reencuentro con la que también es tu ciudad natal?

 

—Sí, hará más de cinco años que no tocamos en Santa Fe. A mí, particularmente me gusta tocar en el lugar donde nací. Es muy valioso el marco del encuentro este, del Festival Interior: todo el empuje que le están poniendo los chicos, producción tracción a sangre. Quiero resaltar eso porque está muy difícil la situación, por los costos que implica poder llevarnos hasta allá.

 

Vamos a ir a tocar el repertorio viejo de Aca, pero incorporando nuevas músicas que estarán en un futuro disco que estamos cerrando ahora. “Ventanas” tiene nueve años, una vida. Éste es el primer disco que grabamos sólo los tres, sin ningún invitado. Son canciones muy bellas, hay un par de composiciones de Juan, encontramos músicas de Fattorusso también, alguna de Fander para variar (risas): en cada disco tenemos música de Fander. Hay dos canciones del Seba Macchi, después tenemos una copla de un amigo, Federico Parra, y música de España, un canto anónimo, a capella y con mucha percusión. Es bastante variada la propuesta.

 

Visión lúdica

 

—¿Cómo es el abordaje que hacen de cada canción? ¿Cómo llegan a la lectura propia de esa obra?

 

—Es un proceso muy natural, orgánico, donde traemos una canción que nos guste, que nos emocione el texto o lo que está pasando con la armonía y la melodía. Ahí hay un proceso de apropiación, un trabajo desde lo que cada uno va sintiendo: la propuesta más genuina del trío. Es bucear dentro del material y hacer una revisión de eso. Está en el marco del juego, no plantearnos qué hacer y qué no, más bien sería cómo divertirnos. Y todas las músicas que elegimos nos conmueven, no hay ninguna otra expectativa aparte de eso. Y este disco va por ese lugar.

 

Por eso, también salen discos muy esporádicamente: no hay tampoco ninguna premeditación, es algo que se da naturalmente. De esa forma, también se va a la hora de tocar y producir cosas nuevas. Estamos con ganas de tocar, eso sí, y muchas veces se produce esa cosa de ensayar poquito alguna música nueva y directamente tocarla; porque sabemos que en vivo también se genera algo interesante, muy lindo, con la gente ahí. Es un ámbito muy rico para hacer experimentación.

 

—Cuando uno dice trío implica una síntesis en el decir musical. Pero ustedes al mismo tiempo son un trío instrumental con un trío vocal también. Es una matriz expresiva interesante.

 

—El rol de las voces es fundamental, siempre fue así. Siempre se dio, nos conocimos cantando en un coro, fue natural y es parte del ADN de Aca Seca. En todos los conciertos, nos gusta terminar cantando los tres sin ninguna amplificación, con algún instrumento de percusión, como una cosa mucho más íntima. También es una forma de evocar ese lugar de donde venimos, donde nos conocimos.

 

Es una matriz importante para el trío: en casi todos los temas cantamos los tres. Hay como una idea de unidad, no está el concepto de voz líder, las voces están viboreando, yendo y viniendo. Eso tiene una característica interesante como color: las voces están sonando al mismo tiempo.

 

Familia

 

—Se nota también que hay una dinámica humana especial que hace andar todo.

 

—Sí, creo que es uno de los factores fundamentales: poder sostener el proyecto desde un lugar que no sea meramente lo artístico. Sobre todo a través del tiempo, cuanto más necesitamos tener un vínculo humano que pueda sostener todo lo otro. Y en el caso de Aca somos ya hermanos, son 20 años. Y adentro de esos 20 años paramos de tocar, cada uno hizo sus cosas, estuvo viviendo afuera laburando con la música, los hijos que vinieron. Y Aca Seca está en eso, es parte de nuestras vidas, entonces ya es familia. Y toda esa parte es vital a la hora de producir música, de las ganas que nos dan cada vez que salimos de viaje.

 

Y hoy en día como característica es muy difícil poder sostener los proyectos, con la locura que hay, que tenemos que andar corriendo de acá para allá.

 

—Es como un lugar al que saben que pueden volver, y que respeta a cada uno. Es como un hogar.

 

—Es como que tenés tu casa, claro. Y además para mí fue siempre como un pequeño laboratorio: volcamos todas las inquietudes, probamos, y eso no deja de suceder, es como una forma natural de funcionar.

 

Exploración

 

—Por otro lado, armaste con Ernesto Snajer el Zabeca Dúo, que va más para el lado de la improvisación y la experimentación.

 

—Sí, con Ernesto también somos grandes amigos, y compartimos un montón de música y afinidades. Con él se genera otra situación, donde prevalece quizás un poco más la parte de la improvisación, aunque tocamos canciones también. Y sobre todo una cosa que me gusta mucho es el espacio sonoro que se genera entre lo que es tocar con guitarra y percusión, y alguna voz. Me gusta mucho a nivel tímbrico, es como otra forma de escuchar la música.

 

—Es otra síntesis también.

 

—Claro, exactamente. Pero siempre hay como un hilo que junta todos estos proyectos, que es estar haciendo lo que uno quiere hacer. Siempre buscando algo, y tratando de no repetirse. Muy en sincro y en contacto con lo que uno está haciendo en el momento, y con Ernesto tenemos mucha empatía: buscando sonidos nuevos, el comprándose una pedalera, como cuando éramos pibes y estábamos recién empezando. La parte lúdica.

 

—Que no es poco sostenerla después de tantos años de carrera.

 

—No, uno se pone grande, mañoso, y es como un lugar donde uno tiene que hacer fuerza para no perderlo. Con Ernesto, nos liga también una parte docente, un aspecto muy importante para mí: hacemos unos talleres hace varios años por todo el país.

 

Ritmo en el cuerpo

 

—El jueves vas a dar un taller de Ritmática. Contanos de qué va a tratar.

 

—Es un taller que vengo haciendo hace como siete años. Básicamente, es un entrenamiento rítmico para todos los músicos, como una forma de aprestamiento rítmico. Es inclusivo, no es sólo para percusionistas y bateristas. Es una forma de poder pasar el ritmo por el cuerpo, la voz, lugares que en las escuelas y conservatorios no nos enseñan. Por eso, también inventé el taller: en principio lo hice para mí, para poder hacer ese laboratorio y usar de conejitos a los alumnos (risas).

 

Me da muchas satisfacciones, porque veo en la evolución la necesidad de la gente de tener que hacer esa incursión en el ritmo que no sea sólo una cuestión racional. Empezar a trabajar más con la voz, el movimiento. Tengo el proyecto de hacer un libro, y siempre generando ideas a partir de ahí, de que cada grupo es diferente y la dinámica de las clases es diferente. Para mí es un desafío todo el tiempo, estoy atento y alerta a esas cosas: no llevar el papelito con la receta de qué hay que hacer y listo.



 




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