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Basta de promesas (por José E. Bordón) 28 -01-2018
En la lechería, la suerte está echada
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Mientras el productor no se recupera, las empresas cierran plantas.



José E. Bordón

jbordon@ellitoral.com

 

La situación de la lechería santafesina es una señal muy clara de la crisis que enfrenta el sector lácteo argentino y que afecta a una economía regional que supo ser sustentable para dos provincias. Un ejemplo es el del l grupo Williner. La familia rafaelina cerró finalmente su planta en Suardi y los 70 empleados de la fábrica tendrán que optar entre trasladarse a otras localidades del interior provincial donde se encuentran operando el resto de las plantas (Bella Italia, El Trébol y Arrufó) o ingresar al programa de retiros voluntarios. De cualquier forma, cualquier decisión significará un impacto económico y social para la flamante ciudad del departamento San Cristóbal, región que viene observando la progresiva pérdida de instalaciones lácteas en su jurisdicción. Ya ocurrió con el cierre de la planta que SanCor desactivó en Ceres.

 

Más allá de las justificaciones, nada parece indicar, por ahora, que en un mediano plazo, esas instalaciones puedan ser reactivadas como lo que fueron o como la realidad económica lo disponga en ese momento. El objetivo empresario es claro y hasta justificado. Se fue perdiendo rentabilidad y la producción no se encarrilla por la senda del crecimiento.

 

El otro tema es SanCor Cooperativas Unidas Limitadas. En esta misma columna se explicó en otras ocasiones que la dilación de la negociación con el grupo neozelandés Fonterra no parece fácil de concluir. De hecho, la dilación responde a varios factores. Por ahora, la empresa con sede en Sunchales está obligada a reestructurar su deuda. Por ejemplo, ofreció un acuerdo con quitas de entre el 40% y el 60% para deudas con tamberos pero no consigue avanzar con la negociación de los $ 1.000 millones por cheques rechazados, que hacen una deuda financiera de unos $ 3.000 millones. Hay un antecedente válido para todas las negociaciones en marcha: SanCor vendió por u$s33 millones el 50% de la sociedad que tenía con la escandinava Arla Foods en Afisa (Arla Foods Ingredients S.A.). Esos fondos, se dijo, servirían para apalancar su proceso de reestructuración y reducción de la deuda acumulada en los 10 años.

 

La realidad de esas empresas son hoy una consecuencia de una situación no superada en el tiempo. Como sustuvo la Mesa de Productores de Leche de Santa Fe (Meprolsafe), la ecuación sigue siendo negativa. Basta enumerar algunos ejemplos: entre setiembre de 2017 y este enero, el alimento para los animales subió en promedio 16,5% (constituyendo este rubro el 45% de los gastos del tambo), el gasoil 14,8%, los elementos de limpieza un 11,3%, los productos veterinarios más importantes un 8,5% y la energía eléctrica un 7% (mientras se prevé un aumento del 35% para febrero). El promedio del incremento de costos para el sector es de un 11,7%, una cifra distante de la suba del precio pagado por las industrias a productores del oeste santafesino, que en septiembre fue de ,71 el litro y en enero es de ,79, o sea, apenas el 1,4% más. Un informe que se publicó en Rafaela, indica que el valor establecido por el Inta para el costo de la producción a largo plazo (es decir con las amortizaciones correspondientes) para un tambo de 2562 lts, es de ,81 por litro, lo que demuestra claramente la falta de rentabilidad y competitividad del sector. “En este caso el productor está perdiendo, promedio, más de $ 1 por litro”.

 

Lamentablemente, en góndola los precios siguen aumentando, principalmente el de los quesos, mientras el tambero necesita cada vez más litros para adquirir el producto terminado que salió de su tambo. Como se sostiene desde hace varios años: ninguna a favor de los productores. Seguramente volverán a prometerles líneas blandas de créditos y seguirán integrando comisiones para tratar de resolver una cuestión que nunca supieron resolver. Lo peor es la resignación. Porque “la suerte está echada”.



 



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