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Entre los partidos con San Pablo y el de Tucumán 27 -08-2018
Colón y el juego de las diferencias

Ya Estigarribia recibió el saludo de Correa, Leguizamón y Escobar. Fue el empate parcial en Tucumán, que tranquilamente podría haber sido el resultado definitivo. El golazo de Aliendro cambió el cuadro. Foto: José Díaz Romero


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Apenas hubo dos cambios de nombres (Leguizamón y Bastía por Olivera y Fritzler), pero una gran distancia en el juego. Domínguez busca un “protagonismo” en el juego que al equipo le cuesta conseguir. 

 



Enrique Cruz (h)

 

El fin de semana dejó lugar para la reflexión y el descanso. En ese orden, porque los últimos dos partidos abrieron una señal de alarma en este Colón que, como ya se ha dicho, alterna los logros (clasificación en Copa Argentina y en Sudamericana) con rendimientos que no terminan de conformar ni de definirlo como equipo.


Lo mejor se vio con el 5-4-1 de los partidos ante el San Pablo. Con mucha concentración y convencimiento respecto de qué era lo mejor frente a un rival que, por individualidades y competitividad, no sólo tiene más potencial sino que venía con una continuidad de juego diferente a la de Colón. El esquema y la estrategia funcionó, pero no es la que pretende el técnico cuando habla de “protagonismo”.


Las veces que Colón salió a jugar de igual a igual o a tratar de ejercer superioridad, no le fue tan bien. Ni a Morón, ni a Patronato, ni a Tigre ni a Atlético Tucumán lo superó. Es cierto que tuvo un muy buen pasaje en los primeros 30 minutos del segundo tiempo contra los entrerrianos, cuando aparecieron en escena los Alan Ruiz, Mariano González y Heredia. O sea, los volantes que tienen que aportar la cuota de manejo futbolístico y de control de pelota. Pero en el resto de los partidos, el equipo sufrió más de lo que gozó, por más que el viernes se pudo haber traído un empate.


A propósito del partido del viernes en Tucumán, Domínguez salió a jugar con un 4-3-1-2 que dejó grietas de funcionamiento. En el medio, la falta de compañía para el combativo Bastía se sintió, sobre todo en el arranque del encuentro. Para colmo de males, salvo algo de Estigarribia, los otros dos mediocampistas (Heredia y Alan Ruiz) no estuvieron en una buena noche y eso se sintió, tanto en el retroceso como también en el aspecto ofensivo.


Quizás, Domínguez debió haber pensado en resguardar un poco más esa contención en el mediocampo ante la ausencia de un jugador gravitante en ese aspecto, como Matías Fritzler. Es la típica “manta corta” de la que tanto se habla cuando la búsqueda apunta a solucionar algún déficit del juego. Entre el equipo que jugó los dos partidos frente a San Pablo y el que jugó en Tucumán, hay muy pocas diferencias de nombres. Bastía por Fritzler (lesionado) y Olivera por Leguizamón (táctico), pero las distancias en cuanto a solidez e imagen compacta parecen abismales. Contra los brasileños, Colón parecía impenetrable; frente a los tucumanos, le llegaron mucho y en pocos pasajes pudo asumir ese deseado “protagonismo” al que hizo referencia el entrenador.


Justamente, Domínguez habló de “protagonista” después de un partido en el que el equipo no lo fue (ante Tigre en el Centenario). Desconcentraciones, falta de solidez, imagen de equipo abierto y fácil de llegarle, fueron algunos de los síntomas que se descubrieron. La imagen final de Marinelli atajando un par de pelotas difíciles puede llamar a engaño. El partido se pudo terminar en el penal que Tigre desaprovechó. Era 3 a 1 y se acababa todo. Se notó que el equipo no salió a jugar con la misma concentración y destreza defensiva con la que había disputado, tres días antes, el encuentro ante los brasileños en la misma cancha.


Domínguez ha encontrado una base titular, pero todavía no la línea de juego. Esto de responder con mayor claridad a un esquema defensivo y contragolpeador como el de San Pablo no es lo que el técnico desea como definitivo. Pero no le encuentra la vuelta a otra cosa y eso es lo que invita a la duda.


El otro aspecto que no le debe gustar para nada al técnico, es que al equipo le hayan convertido cuatro goles en los últimos dos partidos, al margen de las veces que lo atacaron, del penal marrado por Tigre y de las atajadas de Burián. Hasta el momento, poco y nada se había mencionado de la ausencia de Conti. El “Flaco” llegó a ser un puntal imprescindible en el esquema defensivo, pero la solidez de algunos encuentros (volvemos a aquellos dos con el San Pablo), no permitían extrañarlo. Aparecieron dudas en estos últimos partidos y sobre eso pondrá especial hincapié Domínguez, pues si en algo nunca falló el actual técnico de Colón, es en haberle dado funcionamiento y seguridad defensiva al equipo.


Justamente, todos estos elementos se dan en una semana muy especial por el partido que se viene. Como no pasa con ningún otro -salvo que se trate de una final-, al hincha no le interesa el “cómo” sino el “qué” pasa en el partido con Unión. “Los clásicos no se juegan, los clásicos se ganan”, dice el hincha, al igual que ocurre con las finales. Y si bien todos sabemos que el camino más corto para ganar es jugando bien, a nadie le importará si, al cabo, Colón lo gana jugando mal, que es una de las posibilidades que ofrece este hermoso deporte.


Pero Domínguez debe estar pensando también en el más allá, en tratar de encontrarle esa vuelta de rosca que el equipo no termina de dar para que se pueda estabilizar en una posición de equilibrio. Y definir una línea, un estilo que, por el momento, no tiene.



 




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