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“Fraternidad” en El Taller Casa de Arte 22 -09-2018
La locura contundente



 

Marta y Lucía son dos hermanas con marcada ausencia de amor en “Fraternidad”, la dolorosa obra de Mariano Moro presentada por Teatro Taller en El Taller Casa de Arte. Obviamente la relación que mantienen es maníaca porque, como bien se consigna en el programa de mano, Marta es egocéntrica, fracasada, frívola y, como si todo eso fuera poco, vive hundida en el alcohol. Lucía, en tanto, es la insegura y autonegada hermana menor. En el fondo se detestan y no pueden hacer absolutamente nada por ser mejores. El aire que las rodea está viciado; todo es oscuro y el futuro de esa relación es negro.

 

Los celos, la locura, cierta especie de tortura, mucho de humillación y una clara relación entre víctima y victimario se leen con claridad en el certero texto de Moro. Su obra plantea un ambiente claustrofóbico que sirve para mostrar con nitidez la decadencia de esas dos hermanas. Son seres humanos marcados por el odio desde la niñez, aunque intenten mostrar lo contrario. Así, ese odio es un sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo provoca.

 

El dramaturgo muestra su sagacidad en la construcción casi siniestra de sus dos personajes, pero todo lo vira hacia el lado del humor y así, por momentos, se puede respirar un aire fresco. Esas dos mujeres se valen de los recursos más crueles, como el engaño, algunos juegos sádicos, la tortura psicológica, el maltrato emocional y en algunos momentos hasta el físico.

 

La sagacidad de Camilo Céspedes desde la dirección del espectáculo está en aprovechar al máximo el lucimiento de las dos actrices protagónicas. Las encierra en un espacio reducido para mostrar la locura más elocuente, la de esos personajes turbios y agobiantes al mismo tiempo. Obtiene los mejores resultados con Mirta Rossi, exacta como Marta porque evita el desborde y la macchietta para construir una historia dolorosa. Está muy bien acompañada por Silvana Salinas, quien resuelve con destreza las características de su atribulado personaje. Ambas tienen fuerte presencia escénica y un muy buen manejo de las voces. Son de buen nivel los aspectos técnicos y se advierte en la totalidad el asesoramiento en dirección de puesta en escena de Julio Beltzer para que esas dos mujeres puedan revelar, a través de sus actos, las miserias de sus vidas pasadas y actuales.

 



 




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