Encuadrados

Tengo una maña o manía que consiste en realizar una exhaustiva limpieza de la cámara cada vez que vuelvo a mi casa después de un trabajo en exteriores. El polvo es el peor enemigo no sólo para la óptica, sino también para los controles del cuerpo de la videocámara. Tomo un pincel mediano y con suavidad lo paso sobre el cuerpo del aparato y para la óptica uso un soplete de goma tipo enema. Estos cuidados hacen a la perdurabilidad y mejor funcionamiento del equipo.Este introito tiene sentido porque ese momento de intimidad, se transforma en juego y reflexión. Juego en el sentido de probar y experimentar con todas las posibilidades que brinda la cámara; y de reflexión porque uno se interroga acerca de la manera de encuadrar. Colocar el ojo en el viewfinder y recortar el espacio en un rectángulo es todo un tema, ¿porqué encuadro esta porción y no otra?; ¿en función de qué hago la elección?, ¿es importante lo que queda afuera?, ¿tiene relación este espacio off o el afuera con el espacio encuadrado?. ¿Es fundamental respetar siempre las leyes de la composición de la imagen?.
De repente suena mi celular y María Laura, la productora, me confirma que las imágenes que tenemos que hacer de la vieja estación de ferrocarriles; las estaríamos realizando en una hora y que nos encontraríamos en el lugar.
La tarde estaba soleada y la temperatura seguía subiendo como no podía ser de otra manera en este verano santafesino. Estaciono mi coche, bajo cámara y trípode; doy unos pasos y ella aparece de repente.
-Hola, fijate de hacer unas imágenes del entorno interior y exterior; mientras tanto yo trato de conseguir algún personaje para la nota.
- Bueno, cualquier cosa avisame, le contesté.
Recorro el lugar observando el punto donde voy a colocar la cámara. Decido comenzar por unos ventanales inmensos con los vidrios rotos y las palomas revoloteando. Presiono todo el teleobjetivo hasta quedar en un Primer Plano, comienzo a grabar y justo en ese momento tres palomas salen de la ventana dándole al encuadre un elemento precioso, o mas precisamente una dinámica al cuadro.
Unos vagones arrumbrados con los yuyos crecidos y un perro flaco durmiendo sobre uno de ellos, era la puesta perfecta. Simplemente ubicar al perro en un tercio del encuadre respetando las zonas áureas, elegir el diafragma preciso para darle algo de dramatismo y listo. A cincuenta metros diviso una garita que mantiene los colores y el grado de abandono, llego, encuadro en un Plano General Corto para dar idea del lugar, o en términos técnicos “el plano establecimiento”. Mientras tengo el ojo en el rectángulo, de la garita sale una nena de unos cuatro años, flaquita y con todos los rasgos de la peor miseria. La tengo en Primer Plano, hago foco, justo me mira con sus ojos bien negros; siento algo en el corazón.
-¡ Diego! ¡vení!, me llama María Laura.
-¡Ya voy! contesto mientras una especie de parálisis me impide dejar de mirar esa niña que rápidamente se esconde en la casucha.
Levanto la cámara, pliego el trípode y voy al encuentro de la productora meditando sobre las reglas del encuadre.
