Anochece (¡mirá la hora que es!). La cocina del espectáculo inminente no anduvo como hubiésemos querido (la gente ya está llegando, qué garrón). Un poco por cuestiones lógicas, imaginables; otro poco… otro poco por desidia e inexperiencia (cuánto le falta, qué tiernos).
La cita es atractiva. Fantástico contexto (qué buen teatro), día y horario cómodos y lo más importante: el compartir con amigos.
Y…se empezó tarde. El encuentro proponía la presentación de dos grupos de amigos. El protagonista principal de la noche del jueves 21: cuatro pibes que aman el rock y se juntaron para despuntar ese vicio. Se hacen llamar… (uh, qué complicado) Aisetsena (ahí está). (A ver, a ver…le pongo un espejo al nombre…jajaja, es anestesia, pero “al verre”).
La indulgencia de estos “rockers” versión Santa Fe los llevó a invitar a otra banda que conocen ya desde hace rato (¿nosotros? Uh, sabés hace cuánto que no toco en un lugar así). Dr. Veleta vuelve a (cómo se dice…) “soportar” a Aisetsena. (Che, que no se malinterprete; es que le hacemos de “soporte”). Además, para completar la fecha, participa Ánimas, grupo de pibes de alrededor de 20 pirulos que hacen sus primeros “instrumentos” (se dice armas, ese es el lugar común) en la música.
(¡Qué complicado! El gordo jode para que le vendamos todas las entradas. Y bueh…tiene razón). De acá para allá anduvieron los pibes, y nosotros tratando de hacer el aguante en lo que pudiéramos. El problema es cuando la fecha es organizada por uno; y…tenés que hacer todo. Encima (ya lo dije antes) somos todos laburantes. Esto es hobby, papá, no tenemos un mango y la música no nos lo deja (para qué dije eso…bueh, ya fue).
Sube primero al escenario DRV (el apócope de Doctor Veleta). Ah, sí. Acá no hay problemas de cartel. Nadie se desvive por ser “cabeza de compañía”. Acá no hay ningún Florencia de la Vega. Nosotros primero, los dueños de la noche después y por último, los purretes.
(¿Qué es esto?) Eso dijo la gente. Formación alternativa para el arranque. El bajista a la batería; el baterista a cantar (con guitarra incluida). El violero zurdo a tocar el bajo de derecho; el violero derecho, a tocar la guitarra para zurdo (¡un bolonqui!). Pero salió, y el efecto se logró. Ahora bien, terminó el tema de apertura, se apagaron las luces y a dejarse de joder. Cada uno a tocar lo que (bueh, más o menos) sabe.
(Qué nervios. No está repleto pero hay mucha gente. ¡Y muchos compañeros del laburo!) Fue un set de…cuánto…¿50 minutos? Lindo, el público lo disfrutó pero (ay, ay, ay, para qué vas a demostrar tu egoismo) lo más importante, lo disfrutamos nosotros. Terminó el show, nos abrazamos, nos felicitamos (está bueno el tras bambalinas, che) y a esperar a los demás. A Aisetsena, sí, que la rompieron (estos pibes le meten polenta pura; ¡qué grande Adrián!). Pero…che, no se enojen. Eso queda para que algún amigo lo escriba. Esta historieta fue escrita desde el punto de vista Veleta. Y qué le vas a hacer… desde allí sopló el viento.