En la madriguera del fuego
*Título del flamante libro del poeta Sergio Ferreira.
Son diez ingeniosos cuentos de amor en la cocina escritos por el santafesino Sergio Ferreira. Además, cada historia se mezcla con una receta de comida.
El poeta santafesino Sergio Ferreira presenta su nuevo desafío: un libro de cuentos en el que cada relato ofrece, a su vez, una receta de cocina. No se trata de una guía para chef, sino de un apasionante camino literario en el que los personajes construidos por el autor interactúan y mediante diálogos o construcciones verosímiles, ofrecen al lector una receta de cocina. Desde una pizza “dolce” muy particular hasta un exótico palak panir, son la excusa elegida para esta carta imaginaria que ofrece diez historias.
El libro se presentaba este martes 10 de julio a las 20.30, en el museo municipal “Sor Josefa Díaz y Clucellas, San Martín 2068, de nuestra ciudad, con entrada libre y gratuita.
En la ocasión el autor Sergio Ferreira junto a otros escritores, un saxofonista y un chef que cocinará un plato que luego será degustado por el público, montarán una escenificación basada en uno de los relatos contenidos en el libro.
Antes de la presentación, Ferreira anticipó a Noctéglicos “la cocina” de la obra.
¿Cómo concebiste “En la madriguera del fuego”?
El libro tiene una historia que al lector le va a interesar: fue escrito a pedido de una sexóloga amiga que educa a adolescentes en zonas marginales. Ella dice que con cuentos que tengan que ver con el amor, con la pasión y con la cocina se aprende mucho más fácil.
Es un libro temático. Así que cuando me puse a escribirlo tomé como objetivo que cada historia tuviera el “condimento” -si se permite este juego de palabras- de una receta de comida; que todas las historias fueran de pasión, de amor; historias que tengan que ver con lo sexual, desde el punto de vista emotivo, y que ocurrieran en el ámbito más cálido de la casa, que es la cocina.
¿Cómo se llevan el libro y vos con el boom actual de ser chef y el hecho de cocinar?
Históricamente estuvo en boga el hecho de cocinar e históricamente la literatura y otras artes se relacionaron con la cocina. El libro surgió hace unos cinco años, pero nunca lo había escrito. En el proceso de búsqueda me encontré con textos que hablaban de la época griega, romana y demás culturas. Allí la cocina fue siempre disparador de cultura, de arte. Ello se ve, por ejemplo, en los preceptos de Miguel Angel, cuando habla de cómo se debe comportar uno en la mesa de un rey. Siempre los artistas estuvieron relacionados con el aspecto culinario y todo estuvo relacionado con el poder; y eso es lo que me fascina, porque el poder es la clave de nuestro tiempo, y a ese poder le llegás con la cultura y con la cocina.
¿Sos buen cocinero?
Sí, me gusta mucho cocinar. Decía Danilo Doyharzábal que no podés ser poeta si antes no escribiste una receta de cocina. Entonces yo dije: acepto el desafío. Y escribí diez.
Las recetas elegidas para cada una de las diez historias del libro ¿son azarosas o tienen un por qué?
A cada historia la disparó cada receta. Los lectores van a encontrarse con recetas muy sencillas algunas, y otras muy complejas.
¿Las cocinaste a todas?
La más difícil, que es el palak panir, no la cociné. Pero hasta me di el lujo de inventar una: la pizza dolce. Es una invención en orden al libro, porque no encontraba ninguna receta acorde al relato, así que la tuve que inventar.
Y la cocinaste…
Y la comí.
¿Alguna de las recetas es tu predilecta?
Sí, incluso la primera historia del libro, que es Almudena, ganó un premio nacional, así que la quiero mucho. Y la segunda, que es la de unos viejitos que logran rejuvenecer, también. Esa es Calamares con Guisantes. Además la recomiendo para cocinarla.
¿Cómo será la presentación de En la madriguera del fuego?
Habrá una puesta en escena, como siempre que se presenta un libro del grupo del Temp, habrá cuatro lectores en escena, un chef que cocinará en escena y luego se degustará lo que preparará: empanadas riojanas; también sonará un saxo; lo demás serán cuentos del libro.
¿La receta que se cocinará es de uno de los cuentos?
Sí, la historia de Empanadas Riojanas. La historia es la última noche de Facundo Quiroga en la posta de ojo de agua antes de que al día siguiente lo asesinen. Tiene parte de verdad de la historia, como la discusión con su médico cuando le dice: “Mire que nos matan mañana y tengo mucho miedo”. Y él le responde: “A esa partida le pego un grito y se ponen a mis órdenes”. No fue así, casi, pero no fue así. Ahora, todo lo demás es una ambientación en una cocina, en la que ocurre una historia pasional, porque Facundo Quiroga era muy apasionado y sobre todo le gustaban las chicas muy jóvenes; está ambientado para que esa discusión tenga lugar en una cocina donde ocurre una receta.
Detrás de un nuevo verso
¿Estás escribiendo alguna obra nueva?
Nunca dejo de escribir. Siempre estoy escribiendo cuatro o cinco libros a la vez; salgo de uno y empiezo otro, y así sucesivamente. Así que hay un libro de poesía que tiene que ver con todos los libros clásicos que me gustaron en la vida. Estoy tratando de decir que cada poema diga lo que el libro no dice. Por ejemplo, tomo Crimen y Castigo, en el que se habla de la angustia del protagonista, de lo terrible de planificar un crimen y del por qué, de cómo la sociedad castiga a los criminales; pero no se habla de la complicidad en el libro. Y mi poema apunta a llenar ese espacio, con todo respeto a Dostoievsky, que es mucho mejor escritor que yo (risas). Y con todos los demás libros pasa lo mismo, desde la Biblia, El Quijote, El Otoño del Patriarca, pinturas como La Gioconda, en la que la obra dice cosas que la moda actual de Dan Brown no dice; por ejemplo, hacia dónde mira La Gioconda, qué mira. Ese es el libro de poemas que estoy escribiendo.
Se conoce de tu obra poesía, en verso y en relatos, ¿por qué no hay una novela?
Es una cuenta pendiente. Tengo una novela sobre las hijas patricias de los santafesinos que en algún momento voy a publicar. Como estoy seguro de que no me van a quemar el la hoguera la voy a publicar. Le falta trabajo, investigación. Está en borrador. No es una urgencia.
¿Te sentís más cómodo al publicar versos?
Es el costado borgeano. Trato que en estos tiempos de velocidad prime la síntesis por sobre el tiempo de la novela, que es otro. El ritmo de la novela es más lento, necesitás más tiempo para definir los personajes, salvo que se trate de una novela corta en cuyo caso sería como un cuento largo y estaríamos en lo mismo. Para que sea novela necesito permitirme ese tiempo, esa velocidad, pero tampoco creo que sea el desafío a aceptar. En tiempos en los que te devora lo audiovisual, la competencia –entre comillas- de la literatura tiene que ser la búsqueda de la síntesis, una buena definición de una imagen literaria, el pensamiento claro, inmediato y contundente, y eso se logra con narrativa breve y poesía.
Ofrecele a los lectores cinco títulos que, a tu criterio, hoy no se pueden dejar de leer
El Otoño del Patriarca (Gabriel García Márquez), porque habla sobre el poder; luego buscaría por autor. No se puede dejar de leer Rayuela (Julio Cortázar), porque sino no sabríamos ni quiénes somos; no se puede dejar de leer Memorias de Adriano (Margerite Yourcenar); Seda (Alessandro Baricco); es muy difícil, pero no se puede dejar de leer Dejemos hablar al viento (Juan Carlos Onetti); me quedan como cien… No pueden dejar de leer a (Enrique) Estrázulas. Sé que estoy dando nombres que no van a encontrar en las librerías, y ahí tendríamos que conversar sobre el desafío de los libreros, los editores y las secretarías de cultura que no difunden a los buenos autores, difunden literatura de segunda o autores muy promocionados.
¿Hay una red invisible de poetas que no trascienden a los lectores?
No sólo poetas, sino también narradores. Lo mejor no se difunde. Creo que por el mismo sistema del negocio de la literatura. Es terrible, no sólo perjudicial.
El sistema es este: es más fácil agarrar cinco autores y difundirlos con mucha plata atrás, y hacerlos muy famosos, y exigirles un libro por año, con lo cual la calidad de esa literatura cae, a tener que promocionar a los miles de escritores que hay en Latinoamérica, para no irnos tan lejos. Por ejemplo, Sudamérica tiene autores muy importantes en Argentina -que está a la vanguardia-, Uruguay, Brasil, y es muy difícil que exista preocupación en las editoriales por difundir a estos autores. Más bien las editoriales cooperativas, independientes, chiquitas, son las que están detrás de ellos. Nosotros tenemos editoriales medianas, como el caso de El Mono Armado, Ediciones del Dock en Buenos Aires, y otras de Córdoba, donde hay una fuerza impresionante, pero son muy chiquitas, aunque se encargan de promocionar en ediciones cortas a los grandes autores nacionales, que los conocemos a través de encuentros de escritores, de las presentaciones, de algo que hace “Ñ”, o la revista La Guacha, y ayudan a hacer que los conozcamos. Pero conocer la obra de esos autores es imposible, porque son ediciones cortas, entonces este problema hace que exista un under, un submundo de autores muy importantes que no llegan a la gente. Qué hace el lector: va a la librería y consigue Benedetti, Gelman, cuando se dignan a editarlo. Ese negocio hace que lo más importante de la literatura, lo fresco y de vanguardia no se conozca.
¿Cómo hacemos en Santa Fe? Los difundimos a través del taller literario. Esos autores nos acercan -por amistad o relación- sus libros y nosotros los difundimos.
¿En este sentido, cuál es el desafío?
Surgió un desafío a partir de la inundación de 2003, no es casual, surgió como un recoger el guante de muchas asociaciones civiles y personas que buscaron cubrir una necesidad que el Estado no cubre. Vivimos en una ciudad en la que no hay editoriales importantes. Hay imprentas que hacen libros pero no editoriales. Una ciudad donde las editoriales oficiales, como la Universidad (Nacional del Litoral) que es la que más se destaca por la cantidad de libros pero no por la calidad, y el Estado provincial y municipal no existen, en cuanto a la difusión de autores. Asumimos ese desafío a través del fondo editorial propio que se llama Los Juegos del Temp; tenemos 20 títulos publicados a fuerza de pulmón, sin ayuda; recién este año conseguimos un muy breve apoyo de dos legisladores provinciales. Y así publicamos un libro que cuando se vende da la posibilidad de publicar otro y así estamos trabajando.
¿Hay recambio generacional en la literatura santafesina?
Se logra a través de los talleres. Los chicos de 17 o 18 años llegan con la cabeza bastante más receptiva que hace 10 años atrás. No quieren quemar el mundo como querían hacer los chicos en la década menemista. Iban al taller a querer romper todo para empezar de nuevo. Y la idea no es esa. Hay que separar la paja de trigo, ver qué es bueno y qué no lo es, y lo que es bueno, conservarlo. Es una locura pensar en romper el idioma. Años atrás se hablaba de escribir como sea, sin respetar la sintaxis, la gramática y la ortografía. Gabo lo dijo, pero desafiando a las viejas estructuras conservadoras del idioma, no como lo hacían estos pibes. Gabo quería conservar las expresiones regionales. Creo que siguen haciendo falta las reglas del juego como la ortografía.
¿Estamos salvados, tenemos un futuro literario en Santa Fe?
Salvados no. Si les preguntás a algunos de los jóvenes escritores quién es Onetti, no lo saben. Les preguntás quién es Rimbaud, y no saben que fue un adolescente que escribió en su época, como ellos escriben ahora. Lo que tienen es ganas de aprender.
Ahora, el taller debe ser gratis. Les cobrás dos pesos y no van. No sé si es por una convicción de que lo rentado no sirve o porque no hay un mango. Entonces nosotros nos consideramos educadores populares. Hablo de gente como la del El Puente, Horacio Rossi, que hace años que trabajan en esto. Trabajamos en forma gratuita, contra corriente, sin apoyo, y se hacen muy buenas cosas.
¿Por qué se siguen haciendo?
Yo lo hago por un compromiso. Quizá no lo vaya a ver, porque va a llevar más de cuarenta años de trabajo, pero se busca instalar en Santa Fe una cultura que sea propia, independiente, que no responda a ninguna clase de poder, que no se compre ni se venda; para eso tenés que trabajar gratis. Y los resultados los ves en seguida, si se quiere, a menor escala. Fijate como ejemplo que en nuestro taller hace tres años no teníamos ningún libro publicado, hoy tenemos veinte. Es cuestión de seguir, de que la gente entienda el mensaje y te apoye.
¿Qué poeta nuestro deben buscar los santafesinos?
Sin duda L. Pablo Casals. Por lo que está produciendo es el poeta que en Buenos Aires ya tiene un nombre y publicó un solo libro. Amigos nuestros, que son grandes poetas y escritores, hablan de Pablo como si tuviera una obra, y tiene sólo un libro y 33 años. Tiene un montón de años para seguir escribiendo.
Con esta sentencia dejamos a Ferreira. Con una posta, un nuevo camino. Conocer quién es el poeta L. Pablo Casals. Y así continuar, como lectores, ese andar hacia una nueva cultura santafesina.

6 de Julio, 2007 - 11:21
Un saludo y felicitaciones a Sergio y la la gente que trabaja en el proyecto editorial independiente, Me gustó este cuento, me calentó el pico digamos, y quiero leer el resto del menú. Felicitaciones también a Nico por este blog que sigo y me parece muy bueno. Fernando Callero
10 de Agosto, 2007 - 9:21
Siempre me produce un suave escalofrío leer a Sergio, ahora he leído la entrevista y veo que -por suerte- es el mismo apasionado y luchador en cualquier situación. El hombre, el poeta, el ciudadano, uno mismo.
Un gran abrazo y mis felicitaciones a quienes apoyan la difusión de artistas como Ferreira. Desde Barcelona, Sandra Rehder.