Conflictos y esperanzas

Por Gustavo Vittori

La crisis mundial, que hizo su aparición en el segundo semestre de 2008 y atravesó el 2009 con sus destructivos efectos huracanados, aun persiste. Es cierto que la intensidad ha disminuido, pero 2010 ha experimentado rebrotes que, aunque más acotados, insinúan la fuerza de un fenómeno que todavía acecha. Así lo prueban las inestables situaciones de Grecia, Irlanda, España, Portugal e Italia, por citar los más expresivos casos dentro de la Unión Europea, pero podrían agregarse los remezones que sufre EE.UU. y que han puesto contra las cuerdas al gobierno de Barak Obama, el primer presidente negro de su historia y malhadado heredero del desastre económico, político y social dejado por su antecesor George Walker Bush. La gravedad del tema excede sin embargo a los EE.UU. y la UE, que sumados representan el 45 por ciento del mercado mundial de bienes. De modo que los problemas que ambos experimentan tienen efectos negativos sobre la demanda mundial y, por lo tanto, afecta en distintos grados a todos los países del globo.

Pese a este cuadro internacional, a Latinoamérica no le fue mal ya que todos los países que la integran crecieron, si bien es cierto que a distintas tasas, traccionados por la creciente demanda de alimentos que proviene de países del centro y el oriente de Asia.

En el Cono Sur, la Argentina exhibe uno de los mejores registros, aunque expertos cuestionan la alteración de índices que deforman la lectura de los resultados. Como sea, el Bicentenario de la revolución de Mayo de 1810 se celebró con fuerza y algunos excelentes espectáculos que tuvieron inusitadas respuestas populares y movilizaron ingentes recursos que sirvieron para mitigar la crisis. En este sentido, el gobierno desarrolló políticas muy activas mediante el uso de los fondos de la Anses, medidas que expandieron el consumo y, como peligrosa contracara, motorizaron la inflación. Fue, por lo tanto, un año de contradicciones, de incremento de las ventas y de la recaudación fiscal; pero también, un ciclo de fuertes conflictos sociales, tensas relaciones laborales y aguda puja distributiva. Asimismo, de peligroso incremento del gasto público, que rozó el 50 por ciento.

En medio de tironeos conceptuales dentro del gobierno sobre el sesgo de la economía, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner eyectó a Martín Redrado de su sillón en el Banco Central luego de una tenaz resistencia que incluyó una minicrisis política e institucional. En el plano económico debe consignarse como nota saliente la concreción de una segunda etapa del canje de deuda pública por parte del gobierno, hecho que acerca a la Argentina a la solución final de su largo default y, por consiguiente, de sus implícitas y negativas consecuencias.

Por fin, el récord de producción y exportación de la industria automotriz, y la gran campaña agrícola, llenaron de dólares las arcas del Estado asegurando el superávit de las cuentas, la estabilidad de la moneda y el descenso del riesgo país. La contracara, otra vez, son los vicios ocultos detrás de cifras con evidencias de manipulación.

En el terreno político, el hecho excluyente fue la muerte de Néstor Kirchner, líder de una corriente que excede al peronismo y que lleva siete años en el poder. La desaparición del santacruceño impactó en la estructura interna del poder y en el desarrollo del peronismo federal, opositor a Kirchner, provocando -entre otras consecuencias- el distanciamiento de Carlos Reutemann, una de sus figuras relevantes.

A la vez, generó una reacción de simpatía y adhesión con la viuda, que así revirtió los bajísimos índices de adhesión previos al fatal desenlace y la posicionó en la grilla electoral de 2011. No obstante, la dinámica de una Argentina socialmente inestable, acicateada por las usurpaciones de terrenos públicos y privados de fin del año, así como por recurrentes cortes de rutas, asaltos de edificios y una variada gama de desmanes -expresivos de una nueva oleada de inseguridad-, han comenzado a mellar la imagen presidencial según últimas mediciones.

Entre tanto, la oposición tradicional no logró superar su tendencia al fraccionamiento. El radicalismo, que renació de las cenizas electorales de 2003, presenta por ahora tres candidatos: Ricardo Alfonsín, Julio Cobos y Ernesto Sanz. Proyecto Sur lo ha lanzado a “Pino” Solanas, y Elisa Carrió es la propuesta presidencial de Coalición Cívica.

En el año que se aprobó la debatida ley del matrimonio igualitario y la Corte Internacional de Justicia de la Haya se expidió sobre la controversia con el Uruguay por la presunta contaminación de la pastera Botnia -sentencia que dio pie al desarme de un extenso bloqueo del puente internacional que une Puerto Unzué con Fray Bentos por parte de vecinos de Gualeguaychú- la provincia de Santa Fe vivió un consistente mejoramiento de sus cuentas públicas. La contrapartida fueron los conflictos con agentes y maestros por el reclamo de aumentos salariales vinculados con la evolución de los ingresos del Estado.

En el plano de la infraestructura se destaca la inauguración de la autopista Rosario-Córdoba, el sostenido avance de la autovía Santo Tomé-San Francisco y el decidido impulso al proyecto de reconversión del puerto de Santa Fe en el preciso año de su Centenario. En el terreno creativo, la inauguración de El Molino, fábrica cultural, y La Redonda, en el antiguo predio ferroviario de Santa Fe Cambios, abre importantes espacios inspirados en nuevos conceptos que asocian producción, exposición y venta de bienes culturales con la experiencia de talleres abiertos a la transferencia de conocimientos e intercambios de saberes como método de estímulo de la producción creativa. En la ciudad de Rosario, entre tanto, el proyecto más significativo -y que más discusiones ha promovido- es el Puerto de la Música, diseñado por el estudio de Oscar Niemeyer, el revolucionario proyectista de la ciudad de Brasilia.

Por fin, en el ámbito urbano, se aprobó el plan de ordenamiento que encauza el futuro crecimiento de una ciudad empeñada en recuperar una dirección y un sentido. En concordancia con este propósito, se concretó el cierre de la saturada planta de residuos inaugurándose otra, de mayor capacidad y moderna tecnología, ubicada en el borde oeste. No lejos de allí, se aprobó la instalación de un parque industrial que permitirá la migración de empresas que han quedado incrustadas en el tejido urbano. También se puso en marcha un nuevo sistema de estacionamiento medido y se amplió la zona de servicio en una ciudad con crecientes problemas de congestión automotor.

En suma, es un tiempo sin linealidades, poblado de conflictos pero insuflado de esperanzas.

 


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