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El delito aumenta por la inequidad social

De acuerdo a varias encuestas, su influencia es mayor que la pobreza y el creciente desempleo. Hoy la inseguridad se encuentra entre las primeras preocupaciones de la sociedad argentina. Marcada desigualdad en la distribución del ingreso.


El crecimiento del delito, una de las mayores preocupaciones de la sociedad argentina, no es consecuencia únicamente de la expansión que tuvieron el desempleo y la pobreza de los últimos años, sino de la inequidad social que la crisis acentuó, según expertos.

La sensación de inseguridad ya le disputa al desempleo la condición de principal problema para los ciudadanos, que tienen una elevada desconfianza en el desempeño policial.

Un sondeo de la consultora Graciela Roemer y Asociados de marzo pasado, indica que la percepción de que el desempleo es el principal problema y la inseguridad el segundo se mantiene invariable en los últimos cinco años.

Pero mientras la desocupación es mencionada en todo el período por cerca de 80% de los encuestados y declina suavemente hasta ubicarse en 70% en marzo pasado, la inseguridad tiene valores próximos a 40% hasta la última medición, en que salta a 67%.

El mismo estudio muestra que en el área metropolitana sólo 10% de los 632 consultados tiene confianza en la policía, a la que 61% de ellos considera corrupta y 36% incompetente.

Al indagar sobre otras causas de la inseguridad, los expertos no encuentran evidencias de que se deba al empinado desempleo, que en 2002 llegó al récord de 21,5% de la población activa, ni a la pobreza, que alcanzó a más de la mitad de los 36 millones de argentinos tras la eclosión de la crisis, en diciembre de 2001.

"El comportamiento del indicador de la cantidad de personas por debajo de la línea de pobreza es muy diferente al que registran los hechos delictivos, algo que se observa tanto cuando la pobreza se incrementa como cuando desciende", afirmó el instituto privado Nueva Mayoría, con datos de 1991 a 2002.

La investigación se basó en mediciones de la pobreza efectuadas por el Indec en la provincia de Buenos Aires, y denuncias de delitos en el populoso conurbano que rodea a Capital Federal, en donde habitan unas 9 millones de personas.

Sólo en 2002, año inmediatamente posterior al estallido de la crisis, los indicadores presentan un comportamiento aproximadamente similar.

Ese año, mientras la cantidad de pobres creció de 32,7% a 49,7% de la población en la provincia de Buenos Aires, los hechos delictivos en el conurbano bonaerense aumentaron de 300.470 a 360.482 (19,9%).

La misma entidad detectó que en 2002 se denunciaron 148 delitos por hora, 166% más que 11 años atrás, en una tendencia creciente.

Números reveladores


Según el director nacional de Política Criminal, Mariano Ciafardini, "la falta extrema de dinero en ciertos sectores sociales es proporcional a los delitos contra la propiedad, (aunque) de ninguna manera esto quiere decir que sean los más necesitados los que cometen delitos contra la propiedad".

"Sí, podemos afirmar que 1% de los pobres comete esos delitos. Esto no sería significativo si los indigentes fueran un millón, pero en la situación actual, cuando los que han quedado bajo la línea de pobreza son 15 millones, 1% representa 150.000 personas", explicó el funcionario.

Para Ciafardini, "esto explica el significativo aumento del delito, que empezó en la década de los años 90, continúa en los primeros años del milenio y encuentra correlación en el aumento de la marginalidad social en ese período".

El economista Eduardo Pompei afirmó que "cuando se trata de verificar la correlación entre evolución de la tasa de desempleo y cantidad de hechos delictuosos, no se encuentra evidencia de la misma".

"Como la tasa de desempleo surge del cociente entre desocupados y la población económicamente activa, no refleja los problemas señalados (delitos), los cuales sí son detectados por la distribución de ingresos", que el investigador ausculta con el "coeficiente Gini".

Ese indicador de la desigualdad en el reparto de la renta muestra que entre 1990 y 2001 en Argentina se registró una tendencia hacia una creciente desigualdad en la distribución de la riqueza, sobre una situación ya marcadamente inequitativa.

Pompei concluye que "no hay que creer que mediante la mera disminución de la tasa de desempleo se lograrán resultados positivos, sino que el tema es que la población logre satisfacer sus necesidades".

Advierte además, que tales necesidades crecen ante las ostentaciones de riqueza y "sobre todo por mensajes que equiparan el éxito individual con la posesión de bienes y marcas que sólo se pueden obtener con ingresos fuera del alcance de más de la mitad de la población".