La herencia de los gobiernos de facto y las políticas aplicadas desde la restauración de la democracia que han sumido al país en crisis social (aumento de la pobreza y delincuencia), económica (desempleo y desindustrialización), educativa (Ley Federal) y moral (corrupción de políticos y funcionarios) resaltan hoy más que nunca, las virtudes ciudadanas de Manuel Belgrano y su preocupación por la educación popular.
Nacido el 3 de junio de 1770, en su corta pero prolífica vida ciudadana se destacó, primero como secretario del Consulado de Buenos Aires, y luego como vocal de la Primera Junta de Gobierno de 1810 y obligado general en el primer Ejército Patrio.
Si bien siempre se lo recuerda por habernos legado la Bandera Nacional, toda su vida fue un modelo de austeridad y de servicio a la causa de la libertad y del progreso, por lo que Sarmiento, al referirse a su persona, lo define como "el más inimitable de los buenos modelos".
Siendo secretario del Consulado de Buenos Aires durante la época colonial, presentó al cuerpo colegiado una serie de propuestas en favor de la educación popular que fundamentó con el siguiente aforismo: "La riqueza de los pueblos consiste en la inteligencia y la industria en la educación".
Propuso fomentar los intereses comerciales fundando una Escuela de Comercio y para formar la Marina Mercante una Escuela de Náutica. Para estimular la práctica de la agricultura y el cultivo racional de la tierra, una Escuela Práctica de Agricultura; y para desarrollar las vocaciones y las aptitudes manuales, una escuela de Arte y Oficios.
Preocupado por la situación social de los habitantes rurales que estaban faltos de las nociones más elementales y sin orientación a sus disposiciones para el trabajo, la creación de escuelas de campaña, lo llevó a expresar: "Uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin, son las escuelas gratuitas a donde puedan los infelices mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción. Allí se podrán dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues un pueblo donde reina la ociosidad, decae el comercio y toma lugar la miseria".
Propone también la creación de escuelas para la educación de la mujer, porque considera más perjudicial la ociosidad en la mujer que en el hombre y aconseja la fundación de escuelas para ambos sexos en todos los barrios de la ciudad y en todas las villas de campaña.
El Virreinato del Río de la Plata hacia fines del siglo XVIII, estaba todavía bajo la influencia de la filosofía escolástica, que despreciaba las prácticas agrícolas por considerarlas oficio bajo, realizado sólo por villanos y siervos. El desprecio también abarcaba a la actividad comercial y los oficios industriales repuntándolos como ocupaciones de moros y judíos, reservadas en América sólo a los negros, indios, mulatos y mestizos, por lo cual las iniciativas de Belgrano no fueron aprobadas en su totalidad y sólo tuvieron una breve existencia las Escuela de Náutica y de Dibujo.
Después de la Revolución de Mayo de 1810, estando al mando del Ejército del norte y luego de la batalla de Salta, recibe la comunicación de la Asamblea Constituyente de haber sido premiado con un sable con guarniciones de oro y cuarenta mil pesos en valor de fincas pertenecientes al Estado. Al darse por notificado, remite a la asamblea consideraciones morales que ponen en evidencia sus virtudes ciudadanas: "Cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus ciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero, o las riquezas, que éstas son un escollo de la virtud que no llega a despreciarlas, y que, adjudicadas en premios no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que por principal objeto de sus acciones subroguen el bienestar particular al interés público, sino que también parecen dirigidas a lisonjear una pasión seguramente abominable en el agraciado".
En la misma notificación a la asamblea, destina los cuarenta mil pesos a la fundación de cuatro escuelas, en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, expresando que deberán sostenerse con la renta de aquellas fincas que se le regalaban, a razón de quinientos pesos anuales cada una, de los cuales, cuatrocientos serían para el sueldo del maestro, y los cien restantes, para la compra de útiles, libros y catecismos.
Belgrano redactó el reglamento que debería regir el funcionamiento de esas escuelas, desde el nombramiento por concurso de los maestros, horarios de clases, asignaturas que se dictarían, los asuetos, etc..., enalteciendo la misión de maestro a la altura de los más eminentes funcionarios de Estado, "para que sea digno de inspirar a los alumnos los sentimientos de honor, amor a la virtud, a la ciencia, al trabajo y un espíritu nacional que le haga preferir el bien público al privado", y para que los pueblos comenzaran a respetarlos. Agregaba: "En las funciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política, y otras de celebridad, se le dará asiento al maestro en el cuerpo del Cabildo, registrándosele por un Padre de la Patria".
Las Provincias Unidas del Río de la Plata, jurada su independencia el 9 de julio de 1816, habían entrado, como consecuencia de los desmanejos políticos, en la anarquía. Belgrano debió soportar, además del dolor físico de una avanzada enfermedad que le impedía mantenerse de pie, la humillación que le proferían quienes se habían alzado sublevando la guarnición militar y la indiferencia de los gobiernos locales.
En la pobreza, pidiendo de prestado para sobrellevar su agonía, en la compañía de unos pocos amigos, y con el país sumido en la guerra civil, fallecía el 20 de junio de 1820 en Buenos Aires, sin haber podido ver concretarse la creación de sus escuelas, pero dejándonos un modelo de austeridad, de entereza ante la adversidad, de solidaridad, de amor por la libertad y la justicia porque "la opinión de los pueblos no puede sostenerse sino con la justicia".