Capote y el periodismo
Por Natalia Martín Cantero (EFE)

Precisamente ahora que corren tiempos difíciles para los periodistas de los EE.UU., la figura de uno de los más emblemáticos, Truman Capote, el autor de "A sangre fría", vuelve a estar de moda en el cine y las librerías del país.

Capote, el escritor que se pasó la vida en busca de la fama y que hacía gala de su colección de amistades notables -desde Jackeline Kennedy, con la que iba de compras y a quien ayudaba a llevar las bolsas con toneladas de ropa, hasta la diseñadora Gloria Vanderbilt o la editora del Washington Post, Katherine Graham-, no cabría en sí mismo ante tanto protagonismo.

Aunque su obra maestra nunca ha dejado de estar en el candelero y continúa siendo de obligada lectura en las aulas de periodismo de medio mundo, lo cierto es que su nombre resuena últimamente con más fuerza que nunca. Prueba de ello son dos filmes centrados en la figura del novelista reconvertido a periodista, nacido en Nueva Orleans en 1924.

Las dos películas giran en torno del proceso de recopilación de datos y la escritura de "A sangre fría", así como las motivaciones y la metodología que Capote, entonces un novelista neoyorquino abiertamente homosexual, utilizó para narrar la historia de los asesinatos, en 1959, de los cuatro miembros de una familia de pudientes granjeros en Holcomb, en el Estado de Kansas.

A pesar de que con su cuestionable metodología -y con su éxito- Capote ofendió a no pocos, el libro sentó las bases para un nuevo periodismo, el periodismo literario, que se basa en la cercanía con el sujeto, en la capacidad para transmitir al lector lo que éste siente y piensa.

En el caso de "A sangre fría", Capote logró un acercamiento que rayaba en la amistad con los dos asesinos, y no dudó en manipularlos -sobre todo, a uno de ellos, Perry Smith- con tal de arrimar el ascua a su sardina, o sea, no dudó en contar mentiras para obtener la verdad.

Entre los deudores de este estilo se encuentran, por citar unos pocos, Norman Mailer, Bob Woodward o Tom Wolfe, quien llevó el género a nuevas dimensiones con "La Hoguera de las vanidades".

"La mayoría de la gente que teclea cualquier cosa hoy en día le debe algo a Capote", escribe el periodista David Carr en el diario The New York Times.

Para Bennett Miller, director de "Capote", el autor es "una de esas personas que representa algo más grande que sí mismo. Creo que su ambición, ese tipo de éxito y el desplome subsiguiente son muy contemporáneos", agregó el director en declaraciones al Times.

Sea como fuere, el resurgir de su figura tiene lugar en un momento oscuro para el periodismo de Estados Unidos, cuando peligra uno de los elementos clave en la profesión -la figura de las fuentes confidenciales- y existe una notable falta de credibilidad en los periódicos. No es, por cierto, que el propio Capote hiciese mucho caso de la confidencialidad de sus fuentes. Marlon Brando lo acusó de haber utilizado una larga conversación "off the record" (o sea, confidencial) para publicar un perfil sobre el actor, y el propio editor de la revista New Yorker, donde se imprimieron esta entrevista y los primeros capítulos de "A sangre fría", se arrepintió de haber publicado algunas de sus piezas.