Muchos filósofos aseveran que la muerte no es un problema filosófico. Spinoza dice que es malsana y morbosa su consideración, que la sabiduría no es la meditación de la muerte sino la meditación de la vida. En "Pensar la muerte", se han seleccionado cuatro entrevistas a Vladimir Jankélévitch que ubican el fenómeno desde perspectivas diferentes y abordan las múltiples facetas de la cuestión.
En la primera entrevista, Jankélévitch circunscribe los contornos de ese instante irrevocable que es la muerte: la experiencia primera que revistió la muerte de alguien cercano, la muerte del otro en general y la incertidumbre casi metafísica que cada uno siente ante la suya, según el significativo sentimiento que expresó alguien: "Sé que moriré, pero no lo creo".
La segunda entrevista retoma la cuestión del sentido de la vida sub especie aeternitatis, explicando el papel del sentimiento religioso y la actitud del incrédulo frente a la muerte.
En la tercera, la eutanasia suscita las principales reflexiones, sin dogmatismos, enfrentando los elementos más recientes de la ciencia (manipulación genética, definición del código genético, trasplante de órganos, etc.).
La última entrevista da lugar al escándalo de la desaparición rechazada en el tiempo, la sociedad, la historia. La banalización de la muerte, familiar en la Edad Media, da lugar en nuestros días a la angustia metafísica y alcanza una gravedad mucha mayor. "El hombre es llevado por su miedo fundamental a su destino fundamental". Y también: "Las pretensiones del hombre con respecto a la vida aumentaron. La muerte es algo que en todo momento creemos poder economizar. Nunca es necesario morir. Son los teólogos los que dicen eso: mora certa, hora acerta: la muerte es cierta, pero la hora, gracias a Dios, es incierta... Entre la certidumbre del hecho y la certidumbre de la fecha se precipita la esperanza indeterminada". Publicó Fondo de Cultura Económica.