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Edición del Sábado 12 de noviembre de 2005

Nosotros / Edición impresa

Molina Campos

Trascender el almanaque

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Florencio Molina Campos plasmó en témperas y óleos, el testimonio de las vivencias cotidianas de nuestro campo y sus protagonistas. Un humor transgresor, combinado con una maestría impecable, lo convirtieron en el emblemático artista que enorgullece a todos los argentinos.

A lo lejos, sobre la línea del horizonte, un gaucho jinetea un pingo. Con el cuerpo extendido hacia atrás, intenta alcanzar la mayor velocidad sobre su fiel compañero de caminos y trabajo, que esconde la cabeza entre las patas delanteras para engañar el viento pampeano. Mientras tanto, otro gaucho y otro pingo lo miran atravesar el paisaje desde el camino, y con la esencial nostalgia del hombre de campo, suspira y piensa: "Yo también fui como ese loco".

No sabemos con certeza si esta escena verdaderamente ocurrió. Lo cierto es que una noche desolada, las manos mágicas de un artista la plasmaron para siempre en óleo.

Talento, humor, testimonio. El próximo 16 de noviembre se cumplen 46 años del fallecimiento de Florencio Molina Campos, el dibujante y pintor costumbrista argentino que reivindicó la figura gauchesca, nuestros paisajes y la realidad siempre vigente de la difícil supervivencia de nuestra tradición. Junto con Benito Quinquela Martín, es considerado uno de los dos grandes artistas populares de la Argentina.

"Modestas caricaturas"

Los diez hermanos Molina Campos llevaban como segundo nombre "De los ángeles", así también denominada la estancia de la madre de familia en Tuyú (Buenos Aires). En ese lugar, veraneaba la parentela y Florencio, uno de esos diez hermanos, comenzó a grabar en su retina escenas que más tarde renacerían en sus dibujos.

Ya adulto, cuando se separó de su mujer luego de tan sólo 4 años de matrimonio, se empleó como administrativo en la Sociedad Rural Argentina, en Buenos Aires. Y fue allí donde, gracias a la insistencia de sus compañeros que habían conocido algunas de sus obras, comenzó a presentar sus dibujos y pinturas, a los que llamaba, modestamente, "caricaturas".

Y el talento fue reconocido. En agosto de 1926, con 35 años de edad, realizó su primera exposición en la Feria Ganadera de Palermo, integrada por 61 pasteles y acuarelas. A los pocos meses, montó otra muestra en Mar del Plata, donde -además- conoció a la mujer con la que vivió el resto de su vida: Elvira Ponce Aguirre.

Sus obras iniciaron un largo y exitoso camino, con continuas exposiciones. Se convirtieron en una de las principales atracciones de la muestra ganadera de Palermo, durante muchos años.

Prefiero las alpargatas

En 1931, Florencio pintó una obra titulada "Prefiero las alpargatas". Y Alpargatas, lo prefirió a él. Casi triplicando el valor en que vendía sus obras, la firma le ofreció un contrato para ilustrar sus almanaques. Una obra para cada mes, en calendarios que -a diferencia de todos- nunca caducan...

Más adelante, incluyeron textos, en los cuales Florencio respetaba la forma en que hablaban sus queridos paisanos. Gracias al suceso que causaron esos trabajos, también fue contratado para contar las historias en la radio.

Durante 12 años, los almanaques para la firma Alpargatas no sólo contribuyeron a difundir al artista, sino que también dieron luz a lo más importante de su obra.

Otras creaciones memorables son sus ilustraciones para el Fausto de Estanislao del Campo, editadas por Kraft, y los almanaques que pintó durante más de diez años para una empresa productora de máquinas agrícolas estadounidenses.

De la Pampa a Disney

Como el de muchos otros colegas, el sueño de Molina Campos fue llegar a ver a sus personajes animados. Un dato anecdótico en la biografía del gran Molina Campos fue su significativo, aunque efímero, contacto con Walt Disney, quien admiraba fuertemente al argentino.

El encuentro se dio en California, donde Florencio asesoró a Disney en una serie de películas que estaba realizando, ambientadas en América del Sur. El resultado de esta asociación no fue duradero. Nuestro dibujante veía desvirtuada la imagen del hombre de campo argentino, debido a lo que consideraba una falta de rigor documental de los dibujos producidos en los estudios estadounidenses.

De todos modos, su obra quedó plasmada en Goofy Goes Gaucho y The Flying Gaucho, presentados en la Argentina como El burrito volador. También colaboró en Saludos amigos, una película que narra el viaje de Disney por Sudamérica.

Y aunque se distanciaron en lo profesional y no pudieron realizar más obras en conjunto, Florencio Molina Campos y Walt Disney mantuvieron su amistad durante toda la vida.

Témpera y temperamento

En sus primeros tiempos, había realizado acuarelas y pasteles. Con los años, fue la témpera su medio preferido. En su carácter como artista, existen puntos llamativos. Por ejemplo, nunca utilizó modelos ni preparó la escena de sus cuadros. Si consideramos los minuciosos detalles de su obra, es elogiable tanto la memoria gráfica como la capacidad recreativa.

Pintaba de noche o a última hora de la tarde, sobre un tablero de arquitecto. A diferencia de los caricaturistas, Molina Campos dejaba las caras de sus personajes para el final, abocándose más al paisaje y a los matices.

No le gustaba que sus obras fueran una "fotografía" del momento. Aunque recreara una escena real, incluía elementos nuevos y, sobre todo, humor.

Sólo un talento como el de este artista puede dar a luz, en medio de la oscura noche, obras de tan alto rigor y detalle. La paciencia y el perfeccionismo eran parte indiscutible de su temperamento.

Los artistas nunca mueren

Dicen que todo lo que llega al alma pasa primero por los sentidos. Florencio Molina Campos vio durante su infancia muchas escenas que luego pintó; pero fueron más las que nacieron de su recuerdo arraigado a la tierra.

Los rasgos de los paisanos, su postura y sus gestos, la vestimenta, la humilde intimidad de los ranchos, los domadores indomables y el truco, cortan la línea del horizonte, la soledad de la llanura. El perro y el caballo están ahí, pero no sabemos si aplacan la soledad o, por el contrario, la hacen más notoria.

Este estilo tan único y personal hace inconfundible cada cuadro de Molina Campos, que representó a nuestro país y su gente.

Falleció por una complicación cardíaca el 16 de noviembre de 1959. Diez años después, se constituye la Fundación Molina Campos, y en 1979 se inaugura en la ciudad bonaerense de Moreno, un museo dedicado a su memoria.

Hoy, seguramente, son muchos los argentinos que tenemos un almanaque de Florencio en el bolsillo o la billetera. Y tal vez no sea de 2005. Porque en realidad, no importa el año, sino la inmortal obra que figura al frente del calendario.

Cuando conoció a Segundo Sombra

Molina Campos se documentaba para sus cuadros yendo a lugares tradicionales. San Antonio de Areco era uno de sus destinos favoritos. En una de sus visitas, los Molina descubren en una pulpería a don Segundo Ramírez, el personaje inspirador del inmortal Sombra, quien estaba apoyado en el mostrador alegrándose el pico y el alma con una copa. Don Florencio tuvo la tentación de hacerle un retrato.

"Don Segundo, ¿me deja que le tome un retrato ?", le dijo. El paisano, al verle las manos vacías, respondió: "¿Y con qué máquina ?". Molina Campos, sonriendo, sacó un lápiz de su bolsillo y se lo mostró diciéndole solamente: "Con ésta".

Sin más que hablar, el paisano se quedó tieso para que lo dibujaran. Una vez terminado el retrato, don Florencio le pidió que se lo firmara y el viejo comenzó a trazar con dificultad de aprendiz, su firma con grandes y desparejas letras, hasta rematarla con una rúbrica que terminó bruscamente cuando se le rompió la mina al lápiz, a lo que sin preocuparse exclamó: "A la mierda la máquina...".

Fuente: www.acoleccionar.com

Humor, documentación y enfoque

En la pared está esa línea. La misma que tienen desde aquel mayo, tantas otras casas santafesinas. Y esa línea, registro infalible del paso del agua, también señala pérdidas. En la casa de Juan Arancio, se fueron con el río gran parte de sus dibujos y pinturas, esas escenas tan nuestras que podrían instarnos a considerarlo como un Molina Campos santafesino. Además, al igual que don Florencio, cuando Juan comenzó a dibujar historietas en Buenos Aires, se centraba en la figura del gaucho y muchos lo clasificaban como gauchesco. No es casualidad, entonces, que Juan Arancio sienta una profunda admiración por el artista y que haya lamentado profundamente el hecho de que, entre tantas cosas que el agua se llevó de su casa, se perdiera su colección completa de Molina Campos.

Sin embargo, su voz y su memoria recrean la obra del pintor costumbrista:

  • El humor. "Molina Campos tiene un realismo y originalidad hermosos. Nadie dibujaba el Martín Fierro como él. Pero Molina Campos tuvo el éxito que tuvo gracias al humor. Es la biografía de nuestro gauchesco desde el punto de vista del humor. Sus escenas, tomadas desde un punto de vista serio, no son lo mismo. El caballo con cabeza grande y cuerpo flaco, la cara de los gauchos, la construcción del rancho, son inconfundibles".
  • La soledad del gaucho. "Él se inspiró en el gaucho correntino y del noreste. Eran hombres que buscaban el campo abierto, por eso se sentía tan solo cuando llegaron las alambradas que marcaban los campos. Manejaban el ambiente, entendían el rumbo de los luceros y las estrellas. Cuando dormían, colocaban el facón hacia el lado donde tenían que seguir al día siguiente. Sabían perfectamente todo esto, tenían el rumbo asegurado".
  • Molina Campos y José Hernández. "Molina Campos pintó el gaucho tal como es, en una época donde se lo desprestigiaba, al igual que José Hernández. Incluso los dos usaron humor. Pero la diferencia entre ellos dos es que Molina Campos pinta después de la alambrada y José Hernández escribió antes de eso".
  • La documentación. "Además del humor, lo que resalto es su maravillosa documentación de costumbres. Él al gaucho le pone alpargatas y tobilleras, esa tobillera tan propia de Corrientes. La documentación dice mucho, pero hay gente que no le presta atención. La Santa Cena, El hijo pródigo... tienen errores garrafales de época, grandes pintores han cometido errores. Por ejemplo (Gustavo) Doré, al pintar El Quijote, hizo unas montañas altísimas que no existían en La Mancha, donde el Quijote hacía su recorrido. De todas maneras, eso no les resta maestría, pero para mí es más importante la documentación que la ilustración en sí".
  • Los enfoques. "Otro aspecto a destacar es cómo enfoca la escena. Saber encuadrar quiere decir mucho. Hay pintores o dibujantes que no equilibran bien sus cuadros. Molina Campos supo hacerlo, y eso es lo que hace a sus obras tan agradables a la vista. Sabía colocar cada elemento en el cuadro".
  • Obras que lo apasionaron. "La línea del horizonte le permite destacar determinados elementos. Hay una obra de él, una noche de luna con la hilera del rancherío. Una de esas noches claras, sin nadie en la calle. La mudanza, El Casamiento, son obras imborrables. Pero todos sus trabajos tienen algo para destacar, sus aciertos fueron muchos".
  • Sonrisa. "No creo que nadie mire una lámina de Molina Campos y se quede serio. Y la sonrisa es mejor que una carcajada. Es una gran obra, bien lograda".
  • Virginia GutierrezFotos: Archivo El Litoral





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