Según el Senasa, en los primeros 10 meses de 2005, Argentina exportó 52,7 millones de toneladas de productos de origen animal y vegetal por 13.039 millones de dólares. El desafío que se viene implica ampliar esos números.
Según estos datos y la expansión de los mercados, nuestro país deberería promover el incremento de estas cifras para el 2006.
Desde la óptica ganadera se impone una revisión del término "retenciones", vocablo que si se aplicara conceptualmente significa "devolver en el tiempo", por ejemplo a través de una "coparticipación" en base a lo que cada provincia aporta al total nacional, o en créditos para inversiones. Pero no sólo que no vuelve al campo, legítimo dueño de esta exacción, sino que se transforma en impuestos distorsivos que atentan contra la producción e impiden el crecimiento de la oferta.
En cuanto al stock ganadero se puede decir que la producción desde 1993 a 2002 pasó de 52 a 46 millones, es decir 6.000.000 de cabezas menos, que significa aproximadamente la falta de 600.000 animales por año.
El Estado, en su afán de que no suba el precio de la carne, ha tomado medidas a contramano con la ortodoxia, como la restricción en el peso de la faena, que continuará con la escasez de terneros para producir novillos, sobre lo cual algunos especialistas opinan que se ocasionó un gran daño al primer eslabón que significa el destete precoz, una óptima herramienta de la ganadería de cría para aumentar el porcentaje de pariciones. Esto repetirá la escasez y la falta de producción y otra vez, en el transcurso del tiempo, un nuevo aumento de precios.