Terminar con la irregularidad

Nadie puede negar que la energía eléctrica es una necesidad. Gracias a ella, y por citar sólo algunos ejemplos, podemos disfrutar del televisor, usar la heladera, el radiograbador o el nebulizador de los chicos o, simplemente, encender la luz para cenar o ir al baño a la madrugada.

Sin embargo, lo que para gran parte de la ciudad es algo común y corriente, para otro sector significa resignar su calidad de vida. El motivo: quieren acceder a un servicio de vital importancia, con el compromiso de pagar por él, pero no reciben respuestas.

Este es el caso de la gente que habita en el barrio Marcos Bobbio de nuestra ciudad, quienes suman 1.000 y desde hace 25 años forman parte del grupo de los "enganchados".

Hace unos días, El Litoral manifestó el reclamo de estos vecinos del norte y, de acuerdo con los testimonios recabados, parecería ser que se produjo en ellos una toma de conciencia vinculada con los daños que produce la situación de clandestinidad, como ser la quema de artefactos y la imposibilidad de encender la luz a cualquier hora del día.

Varias posturas se pueden tomar al respecto. Hay quienes dirán que efectivamente están dispuestos a pagar por el servicio porque se dieron cuenta de su importancia y de los riesgos que corren, y hay quienes, por el contrario, dirán que en realidad sólo pretenden la conexión para luego no abonarla.

Más allá de la actitud que se tome, hace un tiempo nuestro diario publicó una denuncia de la EPE referida al robo de energía, haciendo hincapié en el déficit que tal situación produce por los cuantiosos gastos que representa.

Sin embargo, ahora que dicho organismo está frente a un grupo de ciudadanos que quiere terminar con la ilegalidad y que se compromete a abonar una tarifa social -como existe en otros barrios- de antemano y prejuzgadamente, le contesta que "no van a acceder al servicio porque no lo van a abonar".

Desde siempre se ha condenado a quienes hacen abuso de la línea eléctrica; ahora que encontramos gente dispuesta a terminar con la clandestinidad es la oportunidad para que se normalice la prestación del servicio. Una oportunidad de brindar oportunidades.