Toco y me voy
¿Qué hago con esto?
Texto: Néstor Fenoglio -nfenoglio@ellitoral.comDibujo: Luis Dlugoszewski -lzewski@yahoo.com.ar Guardamos cosas: es inevitable. En esta vida estamos de paso, etc., pero nosotros nos aferramos igual a determinadas cosas, muchas de ellas "inútiles". Y dos por tres nos enfrentamos a esas cosas que guardamos y volvemos a pensar si la guardamos nuevamente y por qué corno la guardamos. Esta nota, me parece, es inútil. Hay una relación murphiana implacable: podemos guardar algo diez años y no usarlo nunca. Y podemos tirarlo a partir de esa certeza, y necesitarlo dos días más tarde, cuando ya el recolector de basura se lo llevó para siempre de nuestras aciagas vidas... ¿Qué hace que guardemos, por ejemplo, la libreta de séptimo, el cuaderno de cuarto grado, una servilleta o papel de ya difusa significación emotiva, una carta, la colección de etiquetas de cigarrillos, dos soldaditos rotos, un frasco de perfume vacío desde hace ocho años, el listado de los vagos de la colimba, tuerquitas, tapas, frascos y una serie innumerable de cosas que guardamos y no nos atrevemos a tirar? Esas cosas, incluso, logran atravesar diferentes limpiezas y podas que la casa y la vida de uno soporta, cruzan limpiamente mudanzas enteras (donde decidimos tirar ropa, papeles, pero no "eso...", todavía no eso, pues lo vamos a necesitar más adelante), resisten a nuevas parejas, se bancan la inquisición de los pequeños de la casa, y salen de vez en cuando de sus rincones y de sus cajas para enfrentar nuestra mirada. Allí están, entonces, siendo juzgadas y revisadas y si pasan una vez más ese juicio sumarísimo, vuelven a su sitio y a su letargo hasta la próxima revisión, dentro de diez años, en la mudanza que viene o cuando se encara una refacción general y una limpieza profunda en la casa... Estas cosas tienen, por lo menos, dos clasificaciones groseras: las emotivas, espirituales (es decir; aquellas cuyo valor no es material, sino que entran en el intangible terreno de afectos y recuerdos) y las materiales. De las primera poco se puede decir, excepto que como no están ligadas a una utilidad material, pueden quizás sobrevivir a partir de guiños, complicidades y hasta claudicaciones personales. Están allí porque representan algo para nosotros, o porque todavía no nos animamos a tirarlos o porque todavía no nos convencimos de hacerlo, aun admitiendo que usamos eso, que no lo consultamos ni a diario ni anualmente siquiera (de hecho, pueden pasar años enteros sin que visitemos objetos de ese tipo o de este tipo) y entonces algunas tienen ascendencia natural sobre nosotros y otras una resignación melancólica que no comprendemos pero que igual les da el pasaporte para volver a ser guardadas... Analizar aquí los mecanismos por los cuales volvemos a suscribir contrato con ellas o nos decidimos a eliminarlas de nuestras vidas, es ocioso y entra más en el terreno de la psicología... El segundo grupo grande de objetos es el que tiene una presunta utilidad. Son materiales a futuro. Hay gente que guarda gomines de bicicleta o cueritos para la canilla, convencidos de que en efecto en algún momento necesitarán cambiarlos. Hay gente que guarda, bulones, tornillos, clavos de diferente tamaño y una serie tan variada de objetos, como en los remates, "imposibles de enumerar en este artículo". Gente así puede ser tildada, con justicia, de cachivachera. Y tenés subclasificaciones: porque están los tipos y tipas muy prolijos que tienen todo rotulado, prolijo y en lugares fijos y en efecto saben dónde buscar ese repuesto que guardaron cinco años atrás. Y tenés los otros, los que saben más o menos que por ahí tenían guardado el repuesto necesario. Son los tipos "yo tenía", los tipos "dónde lo dejé", que por naturaleza oponen su afán de guardar para cuando lo necesiten, con su falta de orden. Guardar algo y ser desordenado es asegurar la inutilidad de lo guardado, ¿verdad? Bueno, acá estamos: ¿qué hago con esta caja que tiene las figuritas de Batocletti, Squeo, Basile, el panadero Díaz -de la época en que Racing ganaba algo taquelotiró- y tantos otros? ¿Qué opinan del diploma de fin de año donde están las firmas de los pibes de quinto grado, año 1974? Lo tengo que resolver porque ocupan lugar y de verdad, no los uso para nada. Pero, si me preguntan, me guardo la opinión otro tiempito... |

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