El arte de lo posible

Lo ocurrido el jueves en la Sociedad Rural de San Justo fue otra escala en el lento proceso de protesta del ruralismo. Fue la expresión de bronca de un sector que no sabe hacer piquetes, porque su única filosofía pasa por vivir en la cultura del trabajo. El eje de los discursos sintetizó el sentimiento de injusticia que vive hoy el campo argentino.

El campo no ve al gobierno como un enemigo, pero no al revés. Quienes ostentan el poder deben recordar que el crecimiento superavitario que fomentó la salida de la crisis se basa en los números aportados por un sector productivo que ya no está en condiciones de seguir haciéndolo en la misma medida. La fecha de caducidad del proceso es discutible, pero su inminencia no lo es.

La ovación recibida por la diputada Alarcón en San Justo surgió espontánea, motivada por al sentimiento de apoyo a la única persona que se manifestó de manera sincera a solucionar la crisis del sector. María del Carmen Alarcón nunca tuvo campo, pero nació y creció en él. Sabe del trabajo del hombre rural, y a lo largo de su función ha recorrido la provincia tomando la temperatura de las producciones regionales, a las que pudo conocer muy bien.

Sin haber sido jamás una dirigente ruralista, fue haciendo suyo el discurso del sector, a través del contacto cotidiano con sus hombres y mujeres. No podríamos calificar su labor de brillante, pero tampoco podemos quitarle el mérito de haber estado en todas. En las manifestaciones, los remates, las exposiciones y en su labor cotidiana en la banca de la Cámara Baja.

Para el oficialismo, su "crimen" fue defender los intereses -la subsistencia misma- del sector productivo de la provincia que la votó. Porque si Alarcón ocupa una banca es porque los santafesinos la votaron, y no gracias a la generosidad partidaria de quienes hoy la denigran. Su destitución es un bochorno para la democracia, otro insulto a la inteligencia de los argentinos, y los discursos que la condenaron en el Congreso mostraron la hipocresía de cierta clase política que alimenta odios para ocultar su carencia de ideas.

La Diputada Alarcón definió su gestión con una frase: "hay que repensar a la Argentina desde el campo", porque está claro -no para quienes gobiernan- que la Argentina sólo saldrá adelante cuando se acepte a sí misma como productora de agroalimentos y les agregue valor, porque ésa es su esencia y éso es lo que el mundo requiere.

Demasiadas peleas, divisiones, luchas, enfrentamientos y dolor hemos tenido en el pasado como para seguir atados a ellos. Debemos pensar en el futuro trabajando juntos, con una sola camiseta. El campo defiende un estilo de vida que fomenta la unión familiar, la vida en el interior, en contacto con la naturaleza y los animales, curtiéndose bajo las heladas matinales y quemándose en los solazos de los veranos duros. Con respeto por las tradiciones y la historia.

La política es el arte de lo posible, y tal vez el mayor logro del trabajo en conjunto de Alarcón, del ruralismo agrupado y hasta del mismo Presidente de la Nación, fue instalar al tema productivo en la agenda de discusión cotidiana de los argentinos.