Aquel misterioso navegante que moría hace 500 años

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Vida y muerte de Cristóbal Colón. El 20 de mayo de hace 500 años moría el navegante que había llegado a América. Tras cuatro viajes al Nuevo Continente, terminó sus días envuelto en una polémica y con la sombra del exterminio contra las poblaciones originarias.

textos de Gabriela Calotti y Gabriel Rubio. fotos de Agencia AFP

Cristóbal Colón, aquel misterioso navegante que ostentó el título de almirante de la mar océana, murió hace 500 años en la ciudad española de Valladolid, sin saber que había protagonizado un descubrimiento revolucionario... había encontrado un Nuevo Mundo.

Genovés, veneciano, portugués, gallego, corso, catalán o mallorquín, los científicos siguen intentando, en este siglo XXI, determinar con certeza el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón.

Según la mayoría de los historiadores, Cristóbal, uno de los cinco hijos del matrimonio de tejedores que formaban Doménico Colombo y Susana Fontanarrosa, nació en Génova en 1451. Desde su adolescencia abrazó la vocación de marinero, que a los 19 años recorría el mar Mediterráneo, Inglaterra y Portugal, cuando florecía el tráfico de esclavos.

Afirman que nunca escribió en italiano pero sí en castellano, lengua que también hablaba con lusitanismos y catalanismos. En su juventud aprendería un latín rudimentario, útil sin embargo para devorar libros y subrayar los párrafos que le interesaban, como los del matemático florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli, de quien recogió datos que había transmitido Marco Polo sobre el Cipango (actual Japón) y las tierras del Gran Khan.

Apasionado, contradictorio por su credulidad y racionalidad al mismo tiempo, medieval pero moderno, Cristóbal Colón fue un aventurero del mar, que -no obstante- supo armarse de paciencia y esperó más de 10 años hasta conseguir financiación y apoyo para llevar a cabo su proyecto.

Almirante de la mar océana

Colón sostenía que podía alcanzarse el Lejano Oriente (las Indias) viajando hacia el oeste, y que era posible realizar el viaje por mar con posibilidades de éxito, pese a sus cálculos erróneos sobre las distancias.

Hay quienes sostienen también que Colón sabía más de lo que decía sobre la existencia de tierras al otro lado del océano.

Antes de lanzarse a tamaña aventura, mientras arreciaban piratas, corsarios y naufragios, Colón se estableció en la isla portuguesa de Madeira, en Porto Santo, donde se casó con Felipa Moniz de Perestrello, hija del primer gobernador local, con quien tuvo a su primogénito Diego.

Fallecida su esposa en 1485, Colón se trasladó cerca del Puerto de Palos, donde fue recibido por los franciscanos del convento de La Rábida y obtuvo el respaldo del ex confesor de la reina Isabel, fray Juan Pérez, figura clave en las negociaciones para convencer a la corona de su prometedor proyecto.

Mientras esperaba la decisión de los monarcas, reticentes porque al parecer la ambición de Colón era desmesurada, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de origen humilde, con quien tuvo su segudo hijo, Hernando, nacido el 15 de agosto de 1488. Este hecho lo llevó a pintar mapas y vender libros con estampas para ganarse la vida.

Tras sus infructuosos intentos ante la corona portuguesa e inglesa, fueron Fernando e Isabel la Católica -por entonces reyes de Castilla y Aragón-, quienes respaldaron la aventura, pero sobre todo la joven soberana.

El 17 de abril de 1492 firmaron las llamadas Capitulaciones de Santa Fe, una especie de contrato que otorgaba a Colón el título de almirante de la mar océana, pero que también alimenta el misterio sobre lo que Colón conocía o no acerca de las tierras que descubriría. De ahí que algunos investigadores se pregunten si hubo un "predescubrimiento".

Otros defienden la idea de que Colón se creía predestinado, heredero de algo trascendental y milagroso e instrumento de la providencia, que lo convirtió en protagonista de un descubrimiento revolucionario, del cual, sin embargo, nunca jamás se enteraría.

Después de navegar, poco más de dos meses, el 12 de octubre de 1492, a bordo de la nave Santa María y de las carabelas La Pinta y La Niña, Colón y sus tripulantes a punto de rebelarse una vez más porque nunca alcanzaban tierra firme, llegaban al archipiélago de las Bahamas.

Tres viajes más seguirían mientras se deterioraba la imagen de Cristóbal Colón ante la corona, acusado de abusos y de mala gestión.

íTierra a la vista!

"Señor vos escribo ésta, por la cual sabréis cómo en 33 días, pasé de las islas de Canarias a las Indias, donde hallé muchas islas pobladas, y de todas ellas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida y no me fue contradicho".

Con esas palabras, Colón iniciaba una carta enviada a Fernando e Isabel la Católica, para informarles sobre su revolucionario descubrimiento: el primero de cuatro viajes al Nuevo Mundo que sellarían el destino imperial de una España que, más tarde, dilapidaría la fortuna de aquellas tierras entre guerras y empréstitos en Europa.

Experimentado navegante que desde su adolescencia había recorrido el mar Mediterráneo, Inglaterra y Portugal, Colón había leído bastante sobre navegación y tierras lejanas: Piccolomini, Pierre d'Ailly y Toscanelli fueron la base de su inspiración.

El plan colombino, pergeñado por Colón a principios de 1480, cuando rondaba los 30 años, pretendía llegar a las Indias situadas en el extremo más oriental de Asia atravesando el océano hacia el oeste.

Dos millones de maravedíes le dieron los monarcas a Colón, con quien se habían reunido por primera vez el 20 de enero de 1486 en Alcalá de Henares, este de Madrid. Sin embargo, Isaben y Fernando le pidieron paciencia, hasta que terminara la conquista de Granada: es decir, la expulsión de los moros. La historia cuenta también que Colón pedía demasiado.

"Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con la ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas...", dice un sorprendente párrafo de las Capitulaciones que rubricaron los reyes.

Ese "ha descubierto" fue uno de los elementos centrales de quienes afirman que hubo un "predescubrimiento" y que Colón sabía más de lo que decía.

En todo caso, la madrugada del 3 de agosto de 1492, a bordo de la nave Santa María y de las carabelas La Niña y La Pinta, acompañado por los afamados marinos Martín Alonso Pinzón, su hermano Vicente Yáñez Pinzón y Juan de la Cosa, Colón y 120 hombres que formaban la "flota descubridora", parten del Puerto de Palos, en el sur de España, rumbo a las Islas Canarias.

El 8 de septiembre, impulsados por los vientos alisios, comienzan a navegar hacia el oeste, pero al cabo de un mes comienzan los motines. El 12 de octubre de 1492, Rod0rigo de Triana lanza el grito de: "íTierra a la vista!" y desembarcan en la isla de Guanahaní.

El ocaso del navegante

"Ellos no traen armas ni las conocen. Son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Creo que ligeramente se harían cristianos", dice en su diario del primer viaje un Colón bastante ingenuo.

Tras explorar el archipiélago de las Bahamas y Cuba, descubrió La Española, actual Haití y República Dominicana. Volvió a España y el 25 de septiembre de 1493 emprendió el segundo viaje, al mando de 17 barcos y 1.200 hombres.

Cuarenta días más tarde, descubría las Antillas y la isla de Puerto Rico.

Mientras la falta de víveres y las enfermedades hacían estragos entre los españoles, Colón vuelve a La Española, donde encuentra su fuerte destruido y unos 40 hombres asesinados. A raíz de estos hechos, muchos de los que regresan a España lo acusan ante la Corte de ser un pésimo administrador y no dudan en criticarlo. Así comienza su decadencia ante los Reyes de España.

El 30 de marzo de 1498, Colón emprende el tercer viaje desde Sanlúcar de Barrameda con seis u ocho naves, en las que embarcó delincuentes, a falta de tripulantes. El 31 de julio llegó a la isla Trinidad, de donde pasó a las costas de Venezuela, sin saber que por primera vez pisaba tierra continental.

Rebeliones posteriores y métodos represivos por parte de Colón, como ahorcar a varios amotinados, hicieron que volviera encadenado a la metrópoli.

Los monarcas retiraron los cargos contra Colón, pero no le repusieron sus títulos y prácticamente ya no confiaron en él.

Sin embargo, con cuatro navíos y 150 hombres, el almirante volvió a embarcarse -esta vez desde Cádiz-, el 11 de mayo de 1502. En este viaje no encontró ni oro, ni el paso marítimo buscado, ni especias. En cambio perdió dos barcos, mientras recorría las actuales Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Panamá. En Jamaica fue rescatado muy enfermo. Algunos historiadores dicen que sufría de gota y otros de poliartritis aguda.

Volvió fracasado a España, donde en vano, reclamó sus derechos.

La otra cara: el genocidio

Mientras tanto, el escenario de la colonización daba lugar a la llamada "leyenda negra" sobre la conquista de América, parte de ella elaborada en base a los testimonios de fray Bartolomé de las Casas, un monje dominico y obispo de Chiapas, publicados en su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias".

El genocidio de más de 12 millones de indígenas, la destrucción de civilizaciones completas -como la azteca, la maya y la inca-, y el robo del oro y la plata de tierras americanas, son la otra cara de la moneda de aquel "descubrimiento".

La llegada de Colón a América fue el encuentro de dos mundos, pero también el inicio de una conquista llevada adelante, en muchas ocasiones, por medio de la guerra y la imposición, que diezmó las poblaciones indígenas y rompió sus patrones culturales.

"Sólo un siglo después del Descubrimiento, los (indios) taínos de las Bahamas estaban prácticamente extinguidos (se calcula que había unos 50.000 cuando llegaron los españoles)", afirman los periodistas alemanes Klaus Brinkb�umer y Clemens H�ges en su libro "El último viaje de Cristóbal Colón".

También se estima que la población nativa de Santo Domingo pasó de 3,77 millones de personas en 1496, a sólo 125 personas en 1570, fruto de la guerra o las enfermedades traídas por los españoles.

El afán de riqueza, motor principal de muchos de los primeros conquistadores, incluido Colón -cuya motivación principal era buscar una nueva ruta hacia las Indias con fines comerciales-, llevó a los españoles a cometer una serie de desmanes pronto denunciados por personalidades como el fraile dominico Bartolomé de las Casas.

De las Casas es considerado el padre de la "leyenda negra" con sus denuncias de los abusos cometidos por los españoles y especialmente de la institución de la encomienda (en la práctica, el viejo sistema feudal de la servidumbre por el que una comunidad indígena era asignada a un "encomendero" español encargado de españolizarlos, mientras los "encomendados" debían pagarle un tributo).

Este fraile dominico participó en la conquista de Cuba en 1512 y también fue encomendero, pero impresionado por el suplicio del cacique Hatuey -quemado vivo por oponerse a los españoles-, y la matanza de los indios de Caonao, se convirtió en el mayor defensor de los indígenas.

La leyenda negra

En la isla La Española "los cristianos dábanles de bofetadas y puñadas (a los indios), y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos. Y llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza a su propia mujer", afirma de las Casas en su "Brevísima relación de la destrucción de Indias" (1552).

Por ello, los indios intentaron echar a los españoles con sus armas, que poco hacían frente a las corazas españolas, mientras "los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas, comienzan a hacer matanzas y crueldades extrañas", añade el fraile.

Los conquistadores actuaban como hombres convencidos de su superioridad cultural, y aunque, como dice Miguel Molina Martínez "los soldados de la conquista quedaron impresionados por los avances culturales indígenas, alabaron su arquitectura, su organización estatal o su ejército", se mostraron horrorizados ante otras costumbres como la antropofagia o la "sodomía".

En estas situaciones, los conquistadores solían reaccionar violentamente, aplicando castigos como la muerte devorados por los perros a los homosexuales, explica Molina Martínez, en su libro "La leyenda negra".

La dura conquista llevada a cabo por los españoles dejó una gran impronta en la cultura indígena americana que ha trascendido a lo largo de los años y todavía sigue viva más de 5 siglos después.

"En Perú y Bolivia, los campesinos se reúnen para representar `la tragedia de la muerte de Atahualpa'; en Guatemala, la `Danza de la Conquista'; en México, la `Danza de las Plumas' o la `Gran Conquista"', señala Molina.

Por otro lado, las acciones más crueles de los españoles no dejaron de ser amplificadas y publicitadas en Europa por ingleses, holandeses, franceses o italianos, enemigos del imperio español.

Entre estos críticos figura el aventurero y poeta inglés Sir Walter Raleigh, cuyos textos muestran a un enemigo (España), que "cubre su avaricia y ambición con el velo de la religión".

La conquista fue, pues, una empresa impulsada principalmente por el afán de riqueza y poder político y territorial, por un lado, y religioso por otro, que supuso un profundo trauma en las comunidades indígenas y cambió las estructuras sociales, culturales y políticas en América.

"Los hombres ignorantes no supieron valorar los bienes con que Dios Topoderoso bendecía a España. España, y a excepción de algunos verdaderos siervos del Señor, se mostró indigna de esos bienes por su ambición y avaricia", concluyó de las Casas, en una anotación hecha en su copia del cuaderno de Colón.

Lo cierto es que, dos años después del cuarto viaje, Colón moría casi en el olvido, el 20 de mayo de 1506, sin que pudiera deshacerse de la polémica, aún en el más allá.

Los científicos todavía intentan determinar si sus restos reposan en la catedral de la ciudad andaluza de Sevilla o en el Faro de Colón, en República Dominicana.