¿Quién alguna vez no construyó un rústico sombrerito plegando una hoja de papel de diario o con papel brillante de chocolatín? ¿Qué madre no entretuvo a su hijo en un aburrido día de lluvia, doblando en pocas partes un trozo de papel para formar un barquito, que luego sacó a la cuneta de la calle para verlo navegar a la deriva? ¿Qué papá no recuerda haber jugado con el avioncito armado con la hoja de un cuaderno?
Unos cuantos pliegues en un papel cualquiera nos permiten crear infinitas figuras y formas. Quizás muchos aprendimos a hacerlo casi como un juego, para divertirnos, entretenernos y estimular la imaginación. Pero desconocíamos que el plegado de papel es un arte japonés, que exige paciencia y dedicación, y que se denomina origami.
"Es una ocupación apasionante para aquel que siente placer por las figuras y las formas. Y sirve como ayuda y estímulo tanto para niños, como para jóvenes o adultos. Su gran ventaja es, sin dudas, el material empleado: solamente papel", explicó María José Yasukawa. Ella es una conocedora de esta disciplina, tanto que dicta un taller para transmitir sus saberes, en la Biblioteca Mariano Moreno de nuestra ciudad.
A pesar de su marcado acento cordobés, sus rasgos muestran su clara ascendencia oriental. María José es nieta de japoneses. Toda su vida estuvo rodeada de figuras y formas en papel, gracias a los conocimientos que le transmitió su abuela.
No tiene bien claro cuándo empezó a plegar papeles. Pero cuenta que es nacida en Córdoba y que su abuela era de Santa Fe. Y recuerda que "la primera imagen que tengo es de cuando era muy pequeña, en Alta Gracia, cuando para las vacaciones de verano alquilábamos una casa para toda la familia. Era de una señora llamada Elena y tenía un patio enorme. Me acuerdo de estar tirada en ese patio, sobre unos papeles de diario, con mi abuela enfrente, ella plegando cosas y mis hermanos y yo imitándola".
María José Yasukawa, integrante de la Asociación de Artesanos Itinerantes, reconoció que para hacer origami se necesita ser paciente, constante y perseverante. Aunque admitió que "todos pueden hacer cosas lindas en papel, sin necesidad de tener alguna de esas cualidades; sólo hay que probar".
Explicó que esta práctica exige mucha habilidad motriz y memoria visual para recordar los pasos a seguir en el diagrama que se toma como modelo para armar la figura. Pero también aseguró que el origami fomenta la prolijidad y la constancia, porque "si no te sale, es necesario volverlo a intentar".
María José insistió en remarcar que el aprendizaje de este arte "pasa más por esas dos condiciones que por lo recreativo y lo lúdico. La prolijidad y la constancia es algo que te fomentan desde chicos, que te van imponiendo a través del juego".
Ella sabe del tema porque durante su infancia en Córdoba concurrió -como otros niños de familias tradicionales niponas- a la escuela japonesa, a partir de los 6 años, donde también recibía las enseñanzas sobre el arte de plegar papeles. Y da como ejemplo que hay un tipo de dragón "que está fantástico, pero llevo ocho meses y todavía no consigo hacerlo".
"En aquel momento, las escuelas colaboraban mucho con la educación que los padres daban a sus hijos y por eso también inculcaban constancia y prolijidad -subrayó. Por eso, en la comunidad japonesa todos teníamos la misma formación, tradicional, a diferencia de lo que fue ocurriendo posteriormente, cuando la comunidad comenzó a mezclarse con otras".
Y proporcionó un dato curioso: en nuestra ciudad funcionaba una escuela de japonés en épocas de la infancia de sus padres, hace alrededor de 65 años, que estaba a cargo de un profesor venido de Japón, especialmente para enseñar la cultura de esta comunidad.
Pero el origami no sólo está pensado como un entretenimiento para niños y jóvenes, sino que también es una forma de demostración de los principios de la geometría. Es de mucha ayuda como terapia para personas con desventajas mentales y físicas, como un medio de destreza. O simplemente, es otra manera de compartir con amigos este arte.
En relación con la construcción de las figuras, María José Yasukawa contó que tradicionalmente se partía de papeles cuadrados, pero actualmente están divididas las opiniones entre un origami tradicional y otro moderno. Dentro del tradicional no se cortaba ni se pegaba el papel, porque estaba prohibido, y normalmente se hacían figuras planas.
"En cambio -explicó-, el origami moderno pone en duda si el tradicional planteaba que no se corta ni se pega el papel. Propone armar figuras con volumen, que apuntan más a la decoración, que llaman más la atención. Se puede trabajar con todos los formatos de papel que existan: cuadrados, rectángulos, triángulos, pentágonos e, incluso, círculos".
Como para otras actividades de la vida moderna, María José asegura que Internet es una herramienta de mucha utilidad -y gratuita, en muchos casos-, para poder acceder a diferentes diagramas que sirvan de base a la hora de armar figuras.
"Muchas parecen muy difíciles y después terminan no siéndolo -admitió. Por eso, en el taller empezamos haciendo las más simples para los que recién se inician en el origami, aunque los que se animan a más también tienen la posibilidad de hacer las más complejas".
"Actualmente está todo en Internet, aunque hay libros y CDs específicos que se pueden comprar pero están a precio dólar. En mi caso, a partir de la información que bajo de la red, empiezo a plegar. Son infinitas las posibilidades que tenemos porque están todos los diagramas, tanto gratuitos como otros que hay que pagar. Se pueden encontrar muchas páginas web de expositores que obsequian sus diagramas y nos permiten renovar nuestras figuras", precisó.
Es así como una tradicional práctica japonesa es continuada en el tiempo por quienes integran esa comunidad en esta zona, incluso ayudados por Internet y sus infinitas posibilidades de brindar información. Pero también está abierta para cualquier persona interesada en este arte, que pretenda desarrollar su destreza, crear e imaginar nuevas figuras a partir del plegado de un simple papel.