Vignatti y una carta-bomba confusa

El más grande se va como el más chico


A Vignatti le sobran méritos y gloria como para irse en silencio de Colón, sin explicar nada. Confundió a todos con sus contradicciones. Aniquiló al oficialismo y le dio la razón a sus opositores.
Muy poco clara es la forma en la cual Vignatti elige despedirse de Colón, con su famosa carta de hace algunos días.Foto: Luis Cetraro. 

Si realmente como él le quiso hacer creer a la opinión pública en general, al periodismo y a la masa de hinchas más socios del club Atlético Colón, éste es verdaderamente el adiós con punto final de la relación de José Néstor Vignatti con la institución, lo único que genera es confusión, enrarece el clima y provoca tristeza. Una pena, realmente. Porque uno hubiera esperado que el dirigente más brillante -por lejos- del fútbol de Santa Fe en los últimos 20 años se hubiera retirado con todos los honores, como sin dudas se lo merece, aunque poco le importe en definitiva al mismo protagonista. Si a quien escribe, supuestamente dedicado con todos los elementos y las informaciones a analizar circunstancias deportivas e institucionales desde las páginas de un diario desde hace 15 años todos los días de su vida, todo lo que ocurrió en las últimas horas le genera dudas, dudas y más dudas, me pregunto qué es lo que queda para la sacrificada gente de Colón, que lo único que hace es consumir marchas y contramarchas de notas radiales, comunicados de prensa y algunos silencios cómplices que resultan -a todas luces- inadmisibles.

El mundo del revés

José Vignatti fue, a lo largo de estos 14 años, un personaje público con cero exposición pública. Si bien es cierto que en el último puñadito de años se lo vio mucho más preocupado por comprar y vestir ropa de marca -�quién lo habrá asesorado tan correctamente?-, como así también cambiar su look para pasearse en cuanta inauguración o estreno anduviera dando vueltas, uno debe coincidir en que nunca se desesperó por el fierrito, la luz de la cámara de TV ni la fotito de diario. Hace 8 años que tenemos un programa de fútbol en tele -"Café con Fútbol", por Cable y Diario (C&D)- y se pueden contar con los dedos de una mano las veces que lo entrevistamos. "Y es lejos, al que más vine", aseguraba el ex zaguero centro de un club de Videla.

Claro que, de la noche a la mañana, Vignatti cambió. Ingresó, agitadamente, en una maratón mediática que parece no tener fin. Llamó a Radio La Red 91.5 para que le hagan una nota en el programa "La Primera", que se emite todos los días de 7 a 9. Luego, compartió un aperitivo con Alejandro Colussi, almorzó con el "Peiso" en Peisapping y tomó unos mates con Marta Goyri en LT 9. Su agenda se pareció, sin ninguna diferencia, a la de un político en campaña cuando faltan apenas días para el cierre electoral, antes del inicio de la veda. Y ya que estamos con la política, aprovechó para mostrarse en la histórica movida agropecuaria en San Justo.

Por eso, más allá de su carta, de la cual en un rato me pienso ocupar, Vignatti no sólo cambió de opinión respecto de su "delfín" (Horacio Darrás), del que él llama "su amigo" (Patricio Fleming) y del resto de la directiva que tantas veces elogió y de la que tantas veces fue "en-Dios-ado". De paso, dentro de tantos cambios, José cambió el número de su histórico celular, con un detalle no menor: lo hizo días antes de su famosa carta.

Por último, el colmo de los cambios. El hombre que popularizó en Santa Fe la frase de "yo no pago ni siquiera un café", apareció en nuestro diario preguntando: "�Cuánta plata me costaría publicar mi carta completa?". Y al otro día, la completó. Le dijo al mismo medio de comunicación algo así como "ustedes tendrán la primicia de mi carta". Pero Vignatti siempre será Vignatti. Una vez que se aseguró la publicación gratuita, por el lógico interés periodístico, se burló de su propia palabra. Casi a la misma hora que la dejaba en un lado, la repartía en tres lugares más, con la misma promesa: "Te la traigo primero a vos". Sin palabras.

La famosa carta

Todavía recuerdo aquella mañana de diciembre del "92. Llamó a la Redacción de El Litoral José García, pidiendo una nota con alguien que aparecía con dinero para supuestamente auxiliar a un Colón en crisis. El típico perfil del hacendado poderoso, con largos bigotes blancos, se resumió en una sola frase: "Tengo la plata necesaria para salvar a Colón". Desde el Fondo Rojinegro se decía que "si no hay reacción, Colón va a la quiebra como le pasó a Temperley". Hace horas nada más, Vignatti cuantificó el aporte en una de sus tantas frases: "Había 2.000 socios, muchos de los cuales no pagaban y me hice cargo de once presupuestos juntos para poner al club al día". Desde esa primera charla supe, además con conocimiento de causa (N.de R.: quien escribe nació en Santa Fe pero se crió hasta los 15 años en un pueblo, cerca del campo) que cada vez que uno entrevistara a Vignatti, se encontraría con un hombre de pocas palabras, dialéctica limitada y varias frases inconclusas. "No tengo la culpa de haber hecho apenas la primaria", se justificaba, como si fuera ése un pecado imperdonable. Algunos se burlaron de su forma de hablar y luego, con el correr de los años, se tuvieron que morder la lengua.

Vignatti aprendió a manejar los micrófonos mucho mejor que algunos colegas, a pesar de sus limitaciones. Lo hizo solo, sin maestros particulares ni profesores, con la escuela de la calle; en este caso del fútbol, la del potrero. No fue a Harvard ni a Oxford, sin embargo su carta pública de despedida está escrita con una corrección ortográfica y con una redacción casi digna de cualquier abogado o asesor letrado. De todos modos, José dice que la escribió él y la gente... le cree. �Toda la gente le cree? me pregunto.

Aquella solitaria vaca

"Voy al campo, busco un bicho y lo comemos el viernes, después de la reunión de directiva", le dijo a sus más obsecuentes dirigentes seguidores dentro de la actual conducción. Tan obsecuentes que a la misma persona que horas antes los trató de actores principales de una "gestión poco eficiente", seguramente mañana a la noche le cortarán el mejor pedazo de carne y le alcanzarán primero que a ninguno, la fuente de la ensalada. Este es un sello inconfundible de Vignatti líder: despierta en algunos un poder de atracción como si en lugar de José se llamara Nazarena Vélez (por nombrar un felino de moda). Vignatti los echa, los destrata públicamente pero sin embargo cuando los llama, vuelven mansitos a su lado. No todos, claro está; de lo contrario, conviene analizar los nombres de las listas opositoras, repletas de ex dirigentes que llegaron de su mano y se fueron espantados.

"Por lo que escucho de las promesas, voy sacando un pasaje para ver a Colón contra Barcelona en la final de la Copa del Mundo", ironizó respecto de los rivales electorales de un oficialismo que está KO. "Escucho que dicen que Darrás pagó tal juicio, este juicio, otro juicio. �Cuál es el mérito?... Si yo cuando me fui dejé un dinero reservado para eso", afirma contra el actual presidente. Pero no frena allí, José. Arremete contra el tesorero (Daniel Díaz) y contra el contador (Yódice), cuando dice que "nadie me informó lo que pasaba con la Afip". Y va más allá, al que llama "su amigo" (Patricio Fleming), ni siquiera lo invita al asado del viernes por la noche que arma en el club, seguramente enojado porque el reconocido y prestigioso empresario santafesino que se va al Mundial tuvo el coraje de reconocer en El Litoral que "no comparto las críticas de Vignatti en su carta contra la comisión directiva".

Salida de emergencia

Vignatti quedó, mucho antes de su carta, en la historia dorada de Colón. Guste o no guste. Tomó un club quebrado, a punto de la desaparición económica e institucional. Lo llevó a Primera, fue subcampeón, lo hizo jugar copas continentales (Conmebol, Libertadores, Sudamericana), dio vuelta el historial de los clásicos contra Unión con un reinado intocable en resultados, hizo de una cancha de tablones un estadio de cemento que es modelo del interior del país y se sobrepuso a la peor tragedia hídrica de la historia como fue la del Salado. Sus méritos como dirigente están fuera de discusión.

Lo que se objeta es la manera que él elige para estar afuera de Colón. Porque se va pero no se va. Le faltó un poco de humildad y parte de la grandeza que le sobró para conducir al club en los últimos años. El dirigente más grande, se está yendo como el más chico de Colón. Lo hace con una carta destructiva, siembra dudas, confunde al oficialismo, le da la razón a lo que tantas veces pregonaron los no siempre escuchados opositores y enrarece una imagen -la propia- que hace apenas meses era inmaculada para el hincha y el socio rojinegro.

Vignatti nos acaba de superar a todos con su desequilibrio emocional. Una vez más, rompió los códigos. Y lo que en tiempo de rosas, era bien visto y aplaudido, hoy que hay espinas, pierde adeptos.

Vignatti excede el análisis racional de dirigentes, socios, simpatizantes, oficialistas, opositores y periodistas en Santa Fe. Vignatti está para el diván. Con la salvedad de que en este preciso momento hasta el mismo Freud saldría corriendo si lo tiene a José en su consultorio para psicoanalizarlo.

Darío Pignata[email protected]