Ernesto Deira en foco

Elba Pérez (Télam)

Una muestra de pinturas y dibujos de Ernesto Deira, en la galería Agalma de Buenos Aires, permite poner en foco a un protagonista insoslayable del grupo "Otra figuración", que en los años 60 pulverizó convenciones y sosiegos.

Los desacatos de Deira y sus cofrades -Rómulo Macció, Jorge de la Vega, Luis Felipe Noé- enfrentó desde la periferia sudamericana la observancia abstraccionista dictada desde Nueva York, por entonces sucesora de París como centro de legitimación cultural.

La eclosión del grupo conmovió y se impuso por la eficacia de aquel "cross a la mandíbula" prescripto por Roberto Arlt. Hasta Jorge Romero Brest -pope de la puesta en modernidad internacional propulsada por el Instituto Di Tella- debió tascar el freno de la repulsa inicial.

En este grupo de jóvenes bárbaros Ernesto Deira ocupó un lugar especial que la perspectiva acrecienta. La muestra de Agalma en síntesis adelanta la retrospectiva que el Museo Nacional de Bellas Artes ofrecerá a fin de año conmemorando los veinte años de su muerte, en París.

Por temperamento y formación el artista pretendía amalgamar en la obra tensiones antagónicas. Era tan consciente del sustrato pulsional y oscuro como de la necesidad de hallar la notación plástica que permitiera compartir las cargas expresivas.

El combate de estos opuestos está latente en la selección de piezas exhibidas. Pinturas y dibujos pertenecen a diversas décadas y se proponen como hitos de la búsqueda, nunca agotada, de Deira.

Deira se apoyaba y resistía su condición innata de dibujante. Sabía valorar la intervención del espacio, del vacío tan expresivo para desovillar con montaraz maestría la línea que dice, define y delira.

Deira, quien murió en París en 1986, tuvo como meta la máxima concentración que desembocó en la ascesis de las últimas obras. Llamaba "estética del hueso" al abandono del desborde emotivo.

El artista se exigió cuotas progresivas de laconismo plástico. Fue mal interpretado. Algunos creyeron que desdecía su virulencia, otros igualmente descaminados dieron por cierto que Deira volvía a los fueros usuales.

"Retrato de Federico con otros ojos" (acrílico sobre tela, 130 x 95 centímetros) marca la transición. Sin abdicar la identificación del personaje (el inefable Peralta Ramos) Deira lo afantasma instalando la silueta enmascarada sobre el fondo reticulado geométricamente.

Esta obra de transición habilita la extrema concisión de las últimas pinturas. Los cuerpos se fragmentan dispuestos dinámicamente sobre fondos audazmente recortados. La opción del acrílico acentúa el voluntario abandono de toda seducción matérica.

Despojadas, transfiguradas, Deira reaparece en ellas en otra dimensión que su muerte tornó definitiva. La estética del hueso había llegado a su meta.

La muestra puede visitarse en Agalma Arte, Libertad 1389, de lunes a viernes de 12:00 a 20:00, y sábados de 11:00 a 13:30, con entrada gratuita.