Señores directores: Mi casa fue siempre algo así como un harén, un serrallo en el que yo hacía las veces de sultán, rodeado continuamente por mujeres variadas; sólo faltaban los eunucos por innecesarios. Veamos: mi señora esposa, mi suegra y su hermana, periódicamente mi cuñada, mis tres hijas y el servicio doméstico, constituido por una cocinera y una mucama. Sólo una vez hubo otro masculino, como diría un policía, un atildado moreno ex criado de una familia patricia santafesina, que de macho sólo tenía el hombre (Rito), que cocinaba muy bien y que duró poco, por razones que no vienen al caso. Todas ellas dejaron un montón de recuerdos imborrables.
Siendo mis hijas pequeños convivientes, en la década de los 70 tuvimos por cocinera durante largos años a Blanca, una robusta costera de Colastiné Norte, que solía llevarlas los fines de semana a su humilde vivienda a orillas del río, familiarizándolas con sus parientes, que eran muchos, y con la fauna y flora del lugar, vale decir con caballos, perros, gatos, carpinchos, cuises, sapos, ranas, chanchos, gallinas... y mosquitos y jejenes. Blanca se había encariñado especialmente con mi nieta Carolina y se apropiaba de ella periódicamente. Para la niña, ése era un mundo insólito, distinto, mágico, que estimulaba su imaginación y le aportaba nuevas experiencias y del que guarda aún hoy hermosos y pintorescos recuerdos. Una vez me preguntó: -íAbuelo! �Qué son las "espores"? -�De dónde sacaste esa palabra? -De Blanca. Dijo que iba a comprarse unas "espores". Pensé un rato y desentrañé el misterio al retrotraerme a mi infancia. -Son las zapatillas con suela de goma, Carolina. Aclaremos que Blanca tenía un vocabulario especial: las arvejas eran "alverjas"; las albóndigas, "almóndigas"; la mayonesa "bayonesa"; la vereda, "vedera"; Ruy (otro nieto) "Rubi" y la lavandina "agua de Jan", con lo que no andaba muy descaminada porque primitivamente era Agua de Javel, que supongo fue el inventor. Paso a explicarles. A principios de la década del �20 vivíamos en las inmediaciones de la Legislatura y en la esquina de Gral. López y 4 de Enero estaba el almacén de los requetecatalanes Llosén y Dumont, al lado de la farmacia Giraut y frente al Mercado del Sur. Un buen día apareció un letrero anunciando tener a la venta nada menos que zapatillas blancas importadas con suela de goma, "de sport", de tenis, Keds o Champion, que fueron "espores" o "Championes" para los menos "leídos", denominaciones que he vuelto a escuchar en paisanos entrerrianos.
Por supuesto que la tal novedad me motivó para urgir a mis padres que satisficieron mi demanda, aprovisionándome de un par con el que corrí a darme corte, provocando la envidia de mis compañeros de la escuela Belgrano y de los que integraban los picados de fútbol, casi todos de origen humilde y que calzaban en su mayoría los duros y pesados botines Patria de los conscriptos o las alpargatas bigotudas con suela de cáñamo, heredada de los vascos.
Alberto Niel.
Ciudad.