La falta de rentabilidad sumada a la ausencia de políticas claras llevan a algunos sectores productivos a solicitar un salvavidas. A poco de finalizar 2006, se dan cuenta que, lamentablemente, las reuniones entre las partes lograron muy poco o casi nada. Es que cada vez se hace más difícil llegar a un acuerdo que convenza a todos por igual.
Los tamberos se quejan. Dicen que si siguen cobrando entre 48 y 49 centavos por litro de leche, en poco tiempo, el sector se reducirá. En 2001, Argentina perdió cerca de 3.000 tambos. Hoy, hay 12.000 (4.000 están localizados en Santa Fe) y cada año cierran cerca de 400.>
Esta realidad -de bajos precios- no sólo afecta a los tamberos. Los productores porcinos también hacen un balance negativo de su actividad. Ellos, quizás no tan fuerte como los lecheros, empezaron a resurgir luego de la crisis producida por el ingreso de cerdos de Brasil que desbalanceó al mercado local. Se pusieron a trabajar e hicieron todos los deberes. Mejoraron los establecimientos y realizaron inversiones.>
Sin embargo, estos esfuerzos se desvanecieron porque se sigue inmerso en el mismo círculo vicioso. Es que la industria prefiere mantener vigente la importación brasilera, más allá de que saben que perjudican a los jugadores locales.>
Según el Senasa, hasta el mes de setiembre de este año, Argentina importó 19.963 toneladas de productos porcinos. De esta cifra, el 70% (13.722 toneladas) se compró a Brasil.>
La luz roja está encendida en distintos frentes. Las partes se alejan en vez de acercarse, el individualismo prevalece y no se logra consensuar. Hay que dejar de lado los intereses particulares y apostar para el bien de todos. Alguien tiene que ceder, poner el freno y actuar antes de que sea demasiado tarde. >