Una actividad con múltiples beneficios y aristas
La jardinería, una terapia para todos y sin barreras
El mundo del color y de la creación, en una actividad a todo alcance. Foto: Néstor Gallegos. 

Es una satisfacción hacerla y sus resultados aportan placer. Pero, además, genera lazos entre quienes quieren a las plantas: hay cooperación e intercambio de información. Se utiliza como terapia en personas privadas de la libertad o que sufren alguna patología.

Teresa Pandolfo

Los Amigos del Jardín aseveran que "hacer" las plantas es una terapia porque "uno se ocupa de seguir su desarrollo y se olvida de los problemas cotidianos". La terapista ocupacional Elizabeth Gaziano sostiene que el trabajo "con seres vivos permite expresar emociones y el recupero de funciones" y Estela Figueroa, trabajadora social con experiencia con internos de la cárcel de Las Flores, señala que la jardinería o los programas Pro Huerta son "terapéuticos" porque, además de ser una actividad al aire libre, al cuidar una planta "se establece una relación nueva a partir de la capacidad de asombro, de ver la belleza de las cosas. Hoy la vida es demasiado urbana, el hombre no observa la Naturaleza", acota.

En alguna medida, todos somos nostálgicos de épocas en que las viviendas contaban con patios amplios, donde los mayores compartían la tertulia y los niños jugaban, a los que seguían jardines que llevaban la impronta del ama de casa y, a veces, hasta el sello del origen de la familia. Pero también había plantas y flores en los balcones, en los pasillos de ingreso o interiores; enredaderas que tapaban paredes dañadas por la humedad o daban marco a otros conjuntos de especies que embellecían entornos. Colores y aromas aportaban aquellos jardines de antes, no tan diagramados como los de ahora. El mundo del cultivo de plantas era cercano a los saberes cotidianos y se lo enseñaba desde la más temprana edad como una actividad más que debía conocer el niño (ver "Amor a las plantas").>

Actualmente, la vida en otro tipo de casas más chicas o departamentos muchas veces limita, pero nunca impide el desarrollo de esta actividad, que es cada vez más aconsejada para quienes sufren patologías psiquiátricas, depresiones, están privados de su libertad o tienen algún tipo de discapacidad.>

Pero no hay que pensar que el desempeño de "hacer el jardín" beneficia sólo a algunos núcleos de individuos. Ocupar el tiempo libre en las plantas mejora la salud y el bienestar de las personas, sostienen los especialistas. Al entrar en Internet para consultar el tema, nos encontramos con tantas experiencias como situaciones se dan en la vida.>

La Lic. Cecilia Nocera, de la Association of Professional Landscape, escribe sobre "el jardinero minusválido" y sostiene que las discapacidades físicas no son un impedimento para el jardín, siempre que se tengan en cuenta para ellos algunas modificaciones en la actividad.>

Nocera habla de "dejar de lado nuestros ritmos para acomodarnos al ritmo natural de las plantas mismas y al de aquel que vive en un jardín.>

"La sensación de poder crear y controlar un pedacito del medio ambiente a gusto propio es energizante, aunque luego la Madre Naturaleza sentencie si hubo aciertos o errores. Eso lleva a estudiar, analizar y sacar conclusiones. Se estimulan todos los sentidos, se coordinan movimientos desde los más delicados, como el corte a tijera, hasta los fuertes, como la paleada. Se aprende a respetar", dice Nocera.>

Un trabajo creativo que reconforta

Por su parte, en un diálogo telefónico desde Rafaela, donde vive, Estela Figueroa explica que el hombre se relaciona con la Naturaleza mediante el trabajo. "El trabajo, que es una actividad social, tiene su significación en los procesos vitales... En su mundo interior, el hombre puede llegar a cambios innovativos cuando pone en juego procesos de transformación. Es la capacidad del sujeto para procesar internamente el medio externo", continúa, para decir, luego, que "es un proceso de aprendizaje por parte del individuo".

En el caso de la jardinería, como en otros, se favorece la creación de hábitos de trabajo; se acostumbra a que existe una rutina diaria que se debe seguir", indica Figueroa. Para ella, sin duda, las actividades en los jardines o en las huertas son programas sociales "terapéuticos" porque, aparte de ser recreativas, son creativas, ordenan a las personas, las disciplinan en horarios y posibilitan bajar los niveles de agresividad porque hay descarga de energía. Además, permiten competir, despiertan esa potencialidad que está dormida.>

"Hay como una realización personal porque, al cuidar una planta -sea de jardín o de huerta-, se establece toda una relación a partir de la capacidad de asombro y de observar la belleza", remarca.>

Figueroa, ante una pregunta, indica que en la unidad penitenciaria de Las Flores trabajan en huerta unos 40 internos, en tanto que otros hacen floricultura. Y para ellos, como otro elemento a tener en cuenta, recalca el beneficio de trabajar al aire libre y en contacto con la Naturaleza.>

Elizabeth Gaziano, por su parte, ha tenido experiencias con personas que sufrían distintas adicciones en la Fundación Renacer y con chicos con discapacidades mentales profundas y severas en el centro Un mundo especial, ubicado en Colastiné Norte. Aquí, un equipo de profesionales de distintas disciplinas proyectó y llevó adelante hace tres años la construcción de un parque recreativo-terapéutico, que se convirtió "en el espacio de los chicos".>

"El hombre es, por naturaleza, un ser ocupacional", explica Gaziano. "Tanto la jardinería, la huerta como el paisajismo constituyen actividades que están dentro de lo que denominamos `esparcimiento', que es tan importante como el campo de la productividad o el de la vida diaria. Debe haber un equilibrio entre estas áreas para que la persona se desarrolle satisfactoriamente.>

"Trabajar en la jardinería tiene que ver con hacerlo con seres vivos y es importante para patologías como las adicciones o la anorexia, siempre y cuando sea una actividad significativa para la persona, es decir, le permita a ella expresar sentimientos, emociones y, por su práctica, recuperar funciones o habilidades", continúa la terapista.>

Relata su experiencia en el caso de pacientes con adicciones. "En general, ellos venían de hábitos nocturnos. Trabajar haciendo la huerta tuvo, al principio, cierto rechazo porque les significaba estar al sol, trabajar con la pala en el laboreo de la tierra. Pero, de a poco, se fueron familiarizando con la actividad y apropiando de ella. Esto es lo importante: la tarea debe ser significativa para la persona. Luego, en los días de visita, mostraban a sus padres o a los abuelos la huerta, el jardín, las plantas que habían puesto. En cuanto a los productos, a veces los vendían o los cambiaban por otros en una verdulería; había también una satisfacción en este sentido. El resultado los motivaba. Pero yo considero que el reto estaba en todo el proceso: en el cuidado; la espera; a veces, las frustraciones; luego, observaban que volvían a brotar, etcétera. En ese proceso era que se podía trabajar con ellos en el tratamiento", relata.>

Entre otras muchas aristas, la jardinería es convocante y generadora de lazos de cooperación. Además, en general, el jardín es un lugar seguro, un espacio en el que una persona de cualquier edad, sola o en compañía, puede desarrollar la actividad y observar el placer de los resultados.>

El amor por las plantas

Amigos del Jardín es una institución fundada hace 27 años para nuclear y transmitir conocimientos acerca de la jardinería. Sus integrantes se reúnen todos los miércoles en el Centro Comercial de Santa Fe para intercambiar conocimientos, experiencias y plantas; escuchar charlas técnicas -que son abiertas-, organizar visitas a viveros, entre otras actividades. Cuentan, además, con el asesoramiento de la ingeniera agrónoma María Ester Ramos y con una biblioteca.

Jesús Gaitán, su presidente, Nora Figueroa de Rodríguez y Florentina Monzón de Platone estuvieron en El Litoral y hablaron de la jardinería, que para algunos es una actividad profesional y comercial, en tanto que para otros es un hobby.

Varias veces durante la charla destacaron la importancia de generar una conciencia de "amor a las plantas, a la Naturaleza" desde la más temprana edad. Gaitán relató, por ejemplo, que las primeras nociones de jardinería las había recibido en la escuela primaria, en los grados iniciales. "Nos enseñaban a carpir la tierra, a hacer una planta, a cuidarla, nos hablaban de la importancia de la luz", nociones primarias pero que nos sirvieron para siempre. Por edad, a la jardinería la aprendíamos antes que a otras actividades como carpintería", precisa.

En su caso, el vivero se convirtió en medio de vida pero en otros, en una terapia. Todos coincidieron en que es muy distinto "comprar" una planta que "hacer una planta". En este segundo caso, "la planta pasa a ser como un hijo, a la que día a día se observa en su desarrollo, se la cuida, se la habla porque hay comunicación con ellas", coinciden Nora Rodríguez y Florentina Platone. "Cuando uno está en las tareas del jardín se olvida de los problemas porque se está pendiente del crecimiento de los árboles o de las distintas especies implantadas, por eso es una terapia también, además de un gusto", continúan.

Al ser consultados sobre qué cosas se deben tener en cuenta para comenzar un jardín, Gaitán señala que "no es amontonar plantas; antes hay que proyectarlo en función del terreno. Por otro lado, debe proporcionar una visión agradable que invite a mirarlo. Se debe tener conciencia de qué es lo que se quiere hacer en el jardín. Y cada caso es distinto", agrega.

Los tres integrantes de Amigos recomiendan antes de comenzar saber qué desarrollo va a tener la especie a plantar, qué espacio necesitará a futuro, qué tipo de luz requiere, cuáles son los ejemplares más recomendables para cada lugar. Gaitán comenta que por ejemplo "hay plantas que necesitan pleno sol, otras se las arreglan con una luz difusa, en tanto que otras pueden estar hasta dentro de un ropero. Todo esto hay que saberlo con anterioridad a tomar una decisión".

Los visitantes marcaron que "hay que impartirles a los chicos el amor a las plantas" dentro del proceso de su socialización. "En Japón -otra cultura totalmente distinta a la nuestra- los niños desde muy temprana edad aprenden a manejarlas", dice Gaitán, como reafirmación de la importancia del contacto entre los niños y la Naturaleza y cómo protegerla.