Los excluidos y la policía

Padre Atilio Rosso, Movimiento Los Sin Techo

Vivir en la exclusión no sólo es quedar sin trabajo, sin educación o sin ingresos suficientes. Es también quedar fuera de las garantías básicas y de las instituciones que brindan protección y seguridad a las personas y bienes.

En consecuencia, toda estrategia que intente solucionar el problema de la exclusión social debe enfrentar el tema de la relación entre las fuerzas de seguridad y los pobres; o sea, el tema de la protección y la defensa de la vida de los más necesitados.>

La evaluación realizada recientemente por el nuevo jefe de Policía provincial, comisario Gabriel Leegstra, al asumir su cargo nos permite acercarnos a la realidad de la que estamos hablando. "Existen focos de corrupción y de impunidad dentro de la fuerza policial", "el problema no se resuelve con mayor presencia policial en las calles" y "es necesario acercarse a la gente, generar lazos de confianza y apelar a medidas de mayor creatividad", son algunos de los conceptos que se desprenden de las declaraciones de Leegstra, que fueron publicadas en este diario la semana pasada.>

Si bien existe consenso sobre la necesidad de cambios en el funcionamiento general de la institución policial, es urgente emprender modificaciones radicales en la relación entre la policía y la población de nuestra ciudad que vive en la exclusión.>

Las familias de los barrios periféricos de Santa Fe viven llenas de miedos, temores y con continuas violaciones a su propiedad. Sufren el acoso de bandas que se apropian de los barrios, pequeños grupos que condicionan la vida de la mayoría en base a la violencia y la intimación. Simultáneamente las familias pobres no creen en la policía ni en el poder judicial; es decir, que nos encontramos con la paradoja de que los que más necesitan de la policía menos esperan de ella.>

Ante esta realidad compleja la estructura actual del accionar policial no sirve y agrava el problema en lugar de resolverlo. Las seccionales están ubicadas lejos y aisladas de los barrios. Es común escuchar decir entre los vecinos que "al barrio, la policía viene sólo a recoger a los muertos cuando ya se acabó la balacera", como muestra de la resignación ante el mal funcionamiento de la institución pública.>

Cambios necesarios

La política de seguridad en la marginalidad está basada en una tergiversación del concepto de la función policial en el barrio. La actitud policial ante los pobres se sustenta en el poder y no en la autoridad. En consecuencia, busca el sometimiento y una relación de agente-súbditos, en lugar de buscar el respeto a los derechos comunes y la construcción de una relación agente-ciudadanos.

Así, los pobres reciben un tratamiento discriminatorio, con abusos e injusticias que violentan muchos de sus derechos humanos básicos, denuncias no consideradas, víctimas transformadas en victimarias, exigencias al denunciante de transformarse en informante e investigadores de los delitos denunciados son algunas de las circunstancias sufridas por la gente de menos recursos ante la autoridad policial.>

El mal ejercicio policial en la marginalidad, también es un acto de corrupción porque es un antitestimonio que se constituye en el basamento para el imperio de la ley del miedo, de la victoria del más fuerte sobre el débil y para la formación de grupos de aliados y compinches en contra del bienestar general.>

A la hora de asumir esta realidad proponemos algunas consideraciones para promover el cambio de la relación entre la policía y los excluidos.>

-Marco general: es necesario enmarcar toda acción en una verdadera política de defensa de los derechos humanos. La policía debe cambiar su rol en la marginalidad y debe entender que ser policía en los barrios es un servicio público al que está en la miseria. Deberá trabajar para ganarse la confianza de los vecinos no a través de la intimación y el poder sino por el respeto al más pobre e indefenso, por la justicia de sus acciones y por el equilibrio de sus opiniones.>

-Se necesitan cambios en los dirigentes: el poder político no es ajeno a esta realidad y durante la democracia no ha sido capaz de generar estrategias de seguridad y prevención en la pobreza. Es hora de asumir el problema sin evasivas, respuestas de coyuntura o improvisaciones. Los punteros barriales también tienen complicidad con esta realidad pues su accionar está basado en alianzas con grupos afuera del barrio, donde priman los beneficios personales y no los sociales y cuyo costo es dejar a los pobres sin soluciones.>

-Nuevo diseño territorial y funcional: es necesario habilitar en cada barrio delegaciones públicas donde la policía esté integrada a otras acciones de servicio comunitario, donde existan también instancias de mediación y resolución de los conflictos interpersonales para así solucionar los problemas del barrio en el mismo barrio, en un marco de respeto y confianza.>

-Cambios en el entorno urbano: la ciudad de Santa Fe se ha desarrollado dejando zonas excluidas urbanísticamente, barrios sin calles, sin alumbrado público y sin servicios básicos, creando verdaderos estigmas sociales a sus habitantes. Toda acción para mejorar la seguridad debe partir de la eliminación de esta dualidad en la ciudad. Es necesario iluminar inmediatamente todos los barrios periféricos con luminarias a gas de mercurio. La luz pública no es un gasto, es una inversión y constituye una necesidad para la vida y la seguridad.>

-Todos somos responsables: La sociedad toda debe cambiar los criterios que la llevan a ver a la miseria como ajena a la ciudad y sólo como un reservorio de la delincuencia y como una "zona roja". Sus exigencias de seguridad y defensa de la vida deben incluir a toda la ciudad y a todos los santafesinos. Si exige cambios en el centro, debe exigir cambios también en la periferia porque no es posible una isla de seguridad rodeada de una zona insegura. No existe el paraíso de una vida segura sin un cambio en la relación entre la policía y los excluidos.>

Si la ciudad quiere derrotar la miseria y la marginalidad no basta con repartir leche, ladrillos, cuadernos o medicamentos; es necesario trabajar por la defensa de la seguridad de la población que vive en los barrios marginados.>

La mala relación entre la policía y los marginados perpetúa y agrava los problemas de inseguridad en los barrios periféricos. Existen ejemplos de otras ciudades donde el problema hoy es casi insoluble por no haberlo enfrentado a tiempo. Santa Fe está a tiempo de asumirlo.>

Tendremos que pagar un costo de años de mala interpretación de la función policial y de la falta de estrategias adecuadas, pero la ciudad tiene todavía oportunidad de atacar este problema. No perdamos más tiempo.>