Ignacio IriarteAnalista del mercado ganadero y de carnes
Precios en alza; comercialización muy dificultosa, a causa de las lluvias y la incertidumbre; una exportación casi cerrada, con inminente cierre de plantas; un año electoral en el que el Gobierno está mostrando que está dispuesto a hacer lo que sea para que la carne no suba.
Con un peso de faena de 240 kilos, el Gobierno cede a los reclamos ganaderos, pero pierde un considerable volumen de carne a la hora de contabilizar la producción de carne vacuna nacional. Con respecto a la situación previa a la resolución 645, las únicas categorías que hoy los productores no pueden vender para faena es el mamón (unos 200 mil terneros anuales) y las terneras de 180-210 kilos, categoría que se ofrecían hasta fines de 2005, pero que comprendía sólo un número reducido de cabezas.>
Hasta la resolución 645, el grueso de las terneras de feedlot se mataban con 245-250 kilos vivos en planta; por lo que puede decirse que este nuevo peso mínimo de faena de 240 kilos devuelve a productores y engordadores a corral casi toda la libertad comercial que tenían hasta el dictado de la resolución. Pero se pierde (para el Gobierno), por este factor, no menos de 80 mil toneladas de producción de carne; porque el peso medio de faena probablemente va a caer entre siete y nueve kilos con respecto a la situación que se daba durante gran parte de 2006, cuando regía un peso mínimo de 280 kilos. Es volver a 2005, pero con un maíz que vale el doble.>
El peso medio de faena puede caer aún más, como consecuencia de una caída moderada en el peso de los novillos de exportación, de un mayor número de vientres en la faena y de la menor suplementación con maíz que se espera para este año para todas las categorías.>
Si el peso medio de faena, por todo lo apuntado, cayera de los 226 kilos del año 2006 a unos 212-215 kilos, en una faena de 13,5 millones de cabezas significaría una caída de 140 a 180 mil toneladas anuales, o sea 4 a 5 kilos per cápita anuales. Así, la reducción del peso de faena le asegura al Gobierno una mayor cantidad de cabezas en el corto plazo y un menor recalentamiento de una categoría muy importante del consumo definido; pero pierde por otro lado un importante volumen de carne para el mercado interno.>
En enero, el peso medio por animal faenado ya habría caído a los 220 kilos, pero con la llegada del otoño y la aparición del grueso del refugo de vacas, ese registro tendría que caer aún más.>