Cartas a la Dirección

Museo de San Agustín

Señores directores: A través de este medio quisiera llegar al Sr. José M. Eberhardt, al querido Pepe y su flia.: He leído en el suplemento Patrimonio Cultural del diario El Litoral sobre el Museo Histórico Regional de San Agustín, emplazado por toda tu familia. Un gran aporte atractivo, que rezume el arte del trabajo, a través de los instrumentos de cada época.

La ciencia y la tecnología han hecho aportes para la humanidad; pero el hombre común, el campesino, el herrero, el carpintero, el albañil, el tejedor, el artista, construyeron en forma anónima grandes monumentos, catedrales góticas, crearon obras musicales fantásticas, forjaron todos los mitos y leyendas.>

Esta obra fundada en San Agustín junto con toda tu familia será eterna. Quiero hacerte llegar un abrazo para todos los tuyos con un proverbio:>

"Solamente cuando sea cortado el último árbol, pescado el último pez y desaparecido el último río, las personas van a descubrir que no pueden comer dinero".>

Amílcar Renna. Ciudad.>

La penitencia y la merluza

Señores directores: La Cuaresma ha puesto una vez más en el tapete el precio del pescado, como si la penitencia, que caracteriza a este tiempo litúrgico, tuviera algo que ver con la merluza, o como si, para el caso, la comunión tuviera algo que ver con las repostería.

Pese a lo que muchos creen, en las últimas décadas la obligación de ayunar y de no comer carnes rojas (o algo así) en algunas fechas religiosas se ha hecho optativa para católicos, budistas, etc., pero aún se mantiene, más que nada, como una costumbre (incluso una superstición), a pesar de que la norma litúrgica es simplemente comer con moderación.>

No hace mucho, un conocido presbítero confirmó que no sólo el ayuno, sino también el consumo de pescado, de ninguna manera son obligatorios. Más allá de dichas normas, que en todo caso se aplicarían a los creyentes practicantes, comprobamos todos los años que en determinadas oportunidades (Semana Santa, Navidad, el inicio de las clases, los períodos de vacaciones, la invasión de mosquitos tropicales, etc.) muchos mercaderes inescrupulosos (mayoristas o minoristas) pretenden abusar de los consumidores y hasta duplican arbitrariamente los precios de determinados artículos.>

Lamentablemente, esta actitud claramente antisocial se combina habitualmente con la ingenuidad o la estupidez (dicho sea con todo respeto) de esos mismos consumidores, que les hacen el juego a aquellas sanguijuelas y se someten con docilidad y resignación al abuso, como si fuera inevitable.>

Sin embargo, mientras que algunas culturas antiguas guardaban ayuno para aplacar la ira de sus dioses, los católicos de hoy no tienen por qué aplacar la codicia de ciertos comerciantes, y por lo tanto la solución para esta Semana Santa es muy sencilla: no comprar pescado hasta que tenga precio razonable.>

Después de todo, hay un "milenario" proverbio santafesino que dice que "la culpa no la tiene el chancho sino el que le da de comer".>

Oscar L. Medina. DNI. 6.592.888. Ciudad.>