Con la decisión de quienes están acostumbrados al riesgo, en las primeras horas de la tarde del último domingo, un nutrido grupo de operarios de la Empresa Provincial de la Energía trabajaba sin pausa, en el borde de la profunda cámara que aloja el transformador ubicado en la intersección de 1° de Mayo y Crespo.
El agua que había invadido el refugio subterráneo se metió en las entrañas del inmenso aparato, que se dio por vencido y, en su derrota, dejó a oscuras a no menos de cuatro manzanas.>
Los rostros de los trabajadores reflejaban la falta de descanso; algunos hacía más de 48 horas que estaban en operaciones en una guerra desigual entre lo que el agua rompía y lo que ellos debían reparar, para devolver a los usuarios un insumo vital como lo es la energía eléctrica.>
No obstante el agotamiento, todas sus respuestas a los numerosos vecinos que desde hacía más de dos días carecían de luz y se acercaban para requerir precisiones sobre la hora a la que les sería devuelta fueron comedidas y gentiles. Hubo alguno que se permitió bromear y les recordó a los curiosos que unos buenos mates amargos a media tarde seguramente servirían para acelerar la tarea y la luz se haría antes.>
En medio de ese fárrago, que incluyó varios vehículos, una grúa, poleas, grilletes y otras herramientas menores, la conversación continuaba y todos los diálogos tenían remembranzas de abril y mayo de 2003. La historia era casi la misma.>
Cuando estuvo terminado el trabajo, entre aplausos, se mudaron a apenas media cuadra, a Crespo, entre 1° de Mayo y 9 de Julio, donde debieron repetir la tediosa y arriesgada rutina: cambiar otro transformador, uno más de los muchos que se quemaron cuando se anegaron las cámaras que los alojan. Allí permanecieron hasta pasadas las 22.>
Imposible saber dónde continuó su jornada. Porque no terminó allí. Los requerimientos se multiplicaban y los trabajadores también debían multiplicarse al ritmo de las exigencias.>
Una historia menor en medio de la tragedia, pero es de esas que ayudan a seguir creyendo que no todo está perdido. Que hay gente en la que todavía se puede confiar.>