En los últimos tiempos, la Iglesia Católica interviene en la vida pública con opiniones que podrían ser consideradas "políticas", si se aclara que por "política" se entiende, en su más amplia acepción, a toda actividad que se propone intervenir en el espacio público.
La reciente entrevista del obispo Piña con el presidente de la Nación se orienta en ese sentido; aunque el esfuerzo por politizar al máximo el acontecimiento no provino de la Iglesia sino de las usinas de la Presidencia, que intentó interpretar la reunión como un paso positivo hacia la reconciliación, o algo parecido, de Kirchner con Bergoglio. Como es de público conocimiento, fue la propia Iglesia Católica la que señaló los alcances y los límites de esa reunión.>
La Iglesia siempre se manifestó con independencia del poder político, pero hoy es importante señalar que esa independencia de la política tenía que ver fundamentalmente con la actividad partidaria, ya que siempre, de una manera u otra, la Iglesia se involucró en el quehacer público y, en algunos casos, de manera muy directa.>
La novedad no es que la jerarquía religiosa opine sobre la calidad de vida de la sociedad, o sobre temas que poco tienen que ver con "el reino de los cielos". La novedad está dada en que la Iglesia Católica hoy se identifica con la democracia y la república, es decir, con la soberanía popular y el orden institucional del Estado de Derecho.>
Si bien desde los tiempos de Juan XXIII y Pablo VI la Iglesia Católica participa de estos ideales, es recién en los últimos años que esta perspectiva se expresa de manera orgánica y sin ambigüedades. Históricamente, el Vaticano mantuvo una relación conflictiva con los ideales de la modernidad. Por motivos que exceden las posibilidades de este editorial, la jerarquía eclesiástica no compartió los valores democráticos y republicanos de las sociedades burguesas, inclinándose más hacia posiciones tradicionalistas y jerárquicas afines al mundo antiguo.>
La reconciliación de la Iglesia Católica con la democracia y los valores republicanos es, por lo tanto, la gran novedad de los últimos años y abre hacia el futuro una interesante agenda pública. Pero no sólo la Iglesia Católica participa desde el espacio religioso en esta tarea. También trabajan en la misma dirección otras confesiones religiosas que plantean desde su lugar específico aportes para el debate público.>
En la Argentina, este compromiso religioso a favor de las instituciones y la democracia se manifiesta con particular intensidad en la actualidad. El ecumenismo, el diálogo constructivo entre diferentes religiones, ha sido uno de los aportes culturales más importantes del Papa Juan Pablo II y de su sucesor Benedicto XVI. Esta prédica se expresa también con inusitado vigor en nuestro país y algunas de sus manifestaciones aportan de manera decidida al debate democrático y republicano. La certeza de que la política es una tarea de todos, un compromiso que incluye pero excede a los partidos, enriquece el espacio público y fortalece la cohesión social.>