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La República Argentina sigue mostrando, para bien en algunos casos y para mal en otros, su diversidad de caras con una tan generosa como preocupante carga de contradicciones.

Así pasa con el crecimiento y la recuperación económica, con números positivos en lo "macro" pero con una profusión de carencias y desigualdades que reina en los estamentos sociales más rezagados.>

Las potenciales bondades de ese resurgir con imagen de vacas gordas se da de patadas con las lesiones que le infligen a las instituciones ciertas acciones cuya legalidad queda bajo sospecha, a la par que alimentan la desconfianza y, por ejemplo, ahuyentan a las siempre codiciadas inversiones.>

La "nueva política" es una loable pretensión que se queda en simple muletilla cuando los protagonistas, las conductas y la forma de administrar siguen siendo los mismos desde hace años, mientras quienes se suman al recambio en general suelen ser víctimas de los mismos vicios.>

Una muestra es lo que vuelve a ocurrir en el sindicalismo peronista, donde los enemigos de ayer son los más grandes amigos de hoy y lucen la camiseta oficialista obtenida en la última hora, después de haber sido titulares indiscutidos en equipos que se han ido al descenso.>

Ahora el nuevo matrimonio por conveniencia está integrado por el camionero y jefe de la CGT Hugo Moyano y el gastronómico Luis Barrionuevo, quien es desde hace casi dos décadas máximo experto en operaciones gremiales y políticas, incluyendo rupturas y uniones, según la necesidad del momento.>

Ambos, que se mostraban los dientes hace pocos meses, evidenciaron gestos de convivencia que permiten, con razón, alimentar suspicacias.>

De todas maneras, no hay mucho misterio en lo que quieren, amén de la pretensión barrionuevista de ponerle límites al accionar individualista de Moyano.>

El mantenimiento de la apertura del grifo de los beneficios para los sindicatos y su órgano vital, las obras sociales, sigue como siempre al tope de los objetivos, para lo cual no tienen que hacer más que lo que es una costumbre: actuar como cruzados medievales a favor del gobierno.>

Pero los gremios peronistas también quieren ocupar sillones en el poder, ya sea en los cuerpos legislativos como en los ejecutivos.>

El reclamo del famoso pero fuera de moda 33 por ciento en las listas de candidatos vuelve a resonar en los pasillos donde se respira política, a sabiendas de que eso ya es historia.>

Claro que, fieles al espíritu que es su quintaesencia, no tienen problemas en hacer el planteo, considerando que el golpear y pedir mucho les ha dado resultados más de una vez para obtener al menos una porción de lo reclamado, lo que a esta altura no sería poco.>

Los gremialistas tienen puesta su esperanza en su óptima relación con el jefe de Estado y los acuerdos que pactaron en gran parte de lo que va del mandato kirchnerista, por ejemplo, en torno a la contención de los conflictos y la limitación de las demandas salariales.>

Claro que no todo está ceñido a la negociación política y a la buena o mala marcha de las alianzas de ocasión, ya que, como se dijo, las contradicciones continúan a la orden del día.>

La sonora voz de la Iglesia Católica volvió a alzarse, a través del cardenal Jorge Bergoglio, para advertir sobre el oscuro panorama que atraviesan amplios bolsones de la población.>

Ya no sólo volvió a advertir sobre la iniquidad y la afectación de la dignidad personal, sino que ahora definió un nuevo status de ciudadanos: los "sobrantes".>

El contexto en que se inscribió esa calificación fue que "no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo; con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia o sin poder sino que se está fuera. Los excluidos no son `explotados', sino `sobrantes"'. Parece innecesario agregar alguna palabra tras esa frase, aunque haya quienes desde el poder le repliquen al religioso con cifras o instándolo a analizar mejor la realidad, como si el panorama que describió Bergoglio sólo existiera en un guión de un filme de ciencia ficción. Son las crudas imágenes que es menester desterrar y no precisamente arrojándolas al archivo de las sobras, sino cobijando a sus millones de protagonistas con el paraguas de la inclusión.>

Luis Tarullo (DyN)