La vuelta al mundo
Otra vez Medio Oriente
Por Rogelio Alaniz

Sería faltar a la verdad decir que Medio Oriente está al borde de la guerra, y sería faltar a la verdad porque en Medio Oriente la guerra es la constante y la paz es la excepción. Lo que varía en esta región no es el clima bélico sino la zona en donde en cada coyuntura se centralizan las acciones militares.

Los protagonistas suelen ser más o menos los mismos. Lo que cambia es algún que otro alineamiento pero hasta ese cambio debe considerarse relativo ya que en todos los casos la constante sigue siendo la guerra de los palestinos contra Israel hasta arrojarlos al mar, según sus propias declaraciones escritas y firmadas.>

Hechas estas aclaraciones, habría que decir que el reciente conflicto se inicia no entre judíos y palestinos, sino entre palestinos, entre Al Fatah y Hamas. Habitualmente, se presenta a Al Fatah como una organización secular que estaría dispuesta a negociar con Israel la paz en ciertas condiciones, mientras que Hamas es una organización fundamentalista que pregona como objetivo la destrucción de Israel.>

Yo no estoy tan seguro de que las diferencias sean tan tajantes. En Palestina, sigue siendo un buen negocio político y económico expresar el odio a Israel y a los judíos. Gracias a ello los combatientes reciben subsidios, aportes militares y hasta adhesiones morales. Israel es el mal en toda la línea y los palestinos juegan el rol de pueblo oprimido. Desde la izquierda a las derechas oportunistas o fascistizantes, la causa palestina integra el campo de lo políticamente correcto.>

Hoy Hamas y Al Fatah están enfrentados militarmente. No es la primera vez que lo hacen y es probable que no sea la última. Es verdad que existen diferencias políticas, pero fundamentalmente lo que existen son diferencias respecto del control militar de la región. >

Al Fatah, por razones que no son exclusivamente pacifistas o democráticas, está predispuesta a una cierta negociación, o por o menos, no expresa verbalmente las posiciones más extremistas del fascismo musulmán. Por otra parte, la experiencia de largos años de lucha la ha obligado a respetar el poderío militar israelí. Este aprendizaje lo supo hacer muy bien el señor Arafat, quien gracias a su supuesta voluntad negociadora hacia afuera y su intransigencia hacia adentro logró no sólo mantener el poder político sino enriquecerse como un califa, mientras el pueblo palestino vegetaba en el hambre y la miseria, un estado que no les preocupa demasiado a los dirigentes porque ya se sabe que los responsables de ese hambre son los judíos, nunca los dirigentes palestinos.>

En Hamas, los escrúpulos pacifistas no están presentes. Fanáticos y belicistas juegan al todo o nada y suponen que, en el peor de los casos, podrían repetir la supuesta hazaña de Hezbolá en el Líbano. Para ellos, la guerra es una virtud y un negocio y apuestan a que ahora el nuevo escenario internacional podría favorecerlos, sobre todo porque esta vez el apoyo de Irán puede ser mucho más directo que en otras oportunidades, apoyo que se brinda más allá de las diferencias religiosas internas. En todos los casos, el odio común a Israel es más productivo que las diferencias teológicas.>

Hamas ganó las elecciones en Palestina porque los fanáticos suelen ser más moralistas que los solapados y cazurros dirigentes de Al Fatah. La militancia de Hamas -con sus políticas sociales, su pureza religosa- se impuso a la corruptela cínica de los herederos de Arafat. El problema de estos procesos históricos perversos es que los moralistas llevan a los palestinos a la muerte mientras que los corruptos habilitan alguna alternativa negociadora. En general, ninguno de estos actores cree en la paz: unos, porque son unos cruzados; y los otros, porque la paz sólo es una bandera a reivindicar para obtener subsidios internacionales.>

Israel tampoco está pasando por el mejor momento. Olmert hoy está cuestionado por la manera en que tramitó la guerra en el Líbano y por los actos de corrupción que se le imputan. Se dice que esta guerra a punto de iniciarse le vendría muy bien porque le permitiría distraer a la opinión pública. De todos modos, y picardías políticas al margen, Israel sabe muy bien, porque lo ha aprendido con sangre, que con estos temas no se puede jugar y mucho menos someterlos a las picardías de los políticos de turno.>

Israel en cada uno de estos conflictos no juega una posición o la suerte de una batalla, juega su propia existencia. Los judíos saben muy bien que en esta guerra prolongada que mantienen contra las teocracias fundamentalistas y seculares de Medio Oriente no puede permitirse ni siquiera empatar, porque ello sería el principio del fin del Estado y de la nación.>

Por su parte, los palestinos, su dirigencia, saben que en el peor de los casos su situación será la de siempre. También saben que hasta en la guerra más dura que mantengan contra Israel nunca el número de muertos superará a los de las masacres que jordanos y libaneses perpetraron contra ellos en diferentes circunstancias.>