ACTUALIDAD / HISTORIAS DE VIDA
De Santa Fe al fútbol grande
César Walker, árbitro. Es juez de la Liga Santafesina de Fútbol. Adquirió el rango de referí nacional hace ya dos años, lo que lo dejó habilitado para impartir justicia en el Torneo Argentino A y en la B Nacional. Después de arbitrar varios encuentros del certamen regional y jugar como asistente en la máxima categoría del ascenso, le llegó la oportunidad como juez principal en la segunda división. La historia de otro santafesino en el fútbol grande. textos de Alejandro Galetto y Juan Carlos Haberkon.

La historia de César Walker es, en parte, la de muchos chicos que por alguna u otra razón no tienen suerte de alcanzar el rango de futbolistas profesionales y optan por continuar ligados de alguna manera al deporte de sus amores.

Walker es un excelente jugador de fútbol, dueño de un estado físico envidiable y de un talento moderado pero efectivo, que lo hizo estar siempre al borde del gran salto. Pero por distintos motivos, esa situación no se pudo concretar.>

"Yo terminé el secundario a los 17 años y sólo jugaba al fútbol en ligas independientes. Mi hermano mayor estaba jugando en Concordia y me dijo que me fuera para allá. Él iba a arreglar para que yo siguiera estudiando y, además, para que me banquen y me dieran un sueldito para mantenerme. Yo iba a hacer la carrera de profesor de Educación Física. Y así fue. Anduve bien en la prueba, quedé y empecé a jugar y a estudiar al mismo tiempo. Estuve cuatro años", relata César.>

-�Y después qué hiciste?

-Me volví. Andaba muy bien y estaba entrenado; un técnico que estaba en inferiores de Colón me llevó para que me prueben. Pero yo ya tenía 21 años y me tenían que hacer contrato. Sin embargo, me probaron con la reserva. En el primer partido jugué 35 minutos y metí dos goles. Me acuerdo que Orlando Medina, que estaba en aquella época como coordinador, me felicitó. Pero el problema era mi edad y que por ello me tenían que hacer contrato. Medina habló con los dirigentes, pero le habían dicho que yo era muy grande.

-�La seguiste luchando para jugar?

-Lo de Colón me había tirado para abajo el ánimo, pero mi hermano conocía a Luis Sauco, que estaba entrenando en Unión. En principio me había dicho que fuera a una práctica amistosa en Rafaela, pero el mismo día del viaje me llamó y me dijo que los dirigentes no querían un jugador de esa edad.

Ahí me llamaron de Gimnasia de Ciudadela, que incluso me había ofrecido pagarme por partido. Pero yo ya había decidido dejar de jugar, ya no tenía ganas. En ese momento me quería poner a trabajar.>

Un camino distinto

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-�Ahí decidiste empezar con el arbitraje?

-No tan rápidamente. Mi hermano comenzó a hacer el curso de técnico y me preguntó si lo quería hacer con él. No me convencía la idea, pero después me informó que también se empezaba a dictar un curso de arbitraje. Y eso me gustó. Ahí nomás me fui a anotar y así arrancó todo esto, en el año 1994.

-�Te acordás el partido en el que debutaste?

-Empecé como línea número 2 en Juventud Unida de Candioti-Defensores de Peñaloza. Me tiraron de todo en ese partido, porque la cancha tenía un alambrado muy bajo. Recuerdo que ese fin de semana habíamos debutado tres pibes y en la clase siguiente, uno dijo: "no voy más". A mí tampoco me había convencido mucho lo que había vivido, pero me había gustado mucho el saborcito de estar otra vez dentro de una cancha, estar en esa posición. Después me agarró el "Negro" Rubén García y me alentó para que siguiera. Y seguí.

Hacia el debut

La relación de César Walker con la nueva categoría que comenzó a dirigir (el Argentino A) fue casi siempre con muy buenos resultados. Le tocó conducir partidos muy complicados, de los cuales salió airoso, con felicitaciones incluidas por parte de las autoridades del arbitraje nacional.

Pero un día tenía que llegar el gran salto, aunque fuera en la categoría de ascenso. Y fue el 11 de noviembre de 2006, cuando le avisaron que tenía que viajar a Córdoba para dirigir Instituto ante Aldosivi, nada menos...>

-�Cómo viviste la designación?

-Una semana antes nos llamaron a varios muchachos del interior, entre los que estaba Gustavo Rossi (otro árbitro de nuestra liga). Citaron a 15 jueces de todo el país. Estuvimos tres días en los que nos recalcaron las reglas del juego y, fundamentalmente, la posición que se debe tener en la cancha. Fue muy importante para mí, porque en esos tres días me cambiaron bastante la forma de dirigir. Yo siempre fui un árbitro de estar adelante de la pelota, y me enseñaron a hacerlo desde atrás.

Las clases fueron miércoles, jueves y viernes, pero yo estuve designado ese jueves para dirigir un encuentro de Argentino A que era televisado, y todos los profesores, árbitros y demás fueron a verme dirigir, a ver si había aprendido algo. Jugué con una presión terrible, porque Hugo Cordero, el ex árbitro que estaba encargado de todo, me había dicho que aprovechara para aplicar las cosas aprendidas, que eso era una ventaja para mí sobre los demás muchachos.>

-�Cómo te fue?

-Antes del partido estaba muy nervioso, pero después me tranquilicé. Aunque por todo aquello de la nueva posición en la cancha, estaba bastante incómodo. Además, nos habían recomendado que fuéramos inflexibles durante los partidos y yo no tengo ese estilo. A los dos minutos ya tenía dos amonestados. Estaba complicado. A los 21, cuatro amarillas y un expulsado. Pero por suerte, luego de eso el partido se aplacó.

De todos modos, me fui al entretiempo pensando que había dirigido horrible. Pero a la salida, al segundo período, le pregunté a un pibe que trabajaba en la televisión -que yo conocía por haber dirigido varios televisados-, cómo iba la cosa. "Vas bárbaro, los comentarios son muy buenos", me dijo, y me tranquilicé.>

El segundo tiempo estuve muy relajado y cuando terminó el encuentro, vinieron algunos miembros de AFA y del Consejo Federal y me felicitaron.>

El gran momento

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-�Cuándo te designan para el encuentro de la B Nacional?

-Fue un martes. Yo me iba a entrenar al Card con el profe Recalde y cuando estaba en la esquina de Urquiza y Mendoza me suena el celular. Era Daniel López, de Sadra, que me dijo: "�cómo andás?, �tranquilo? �Cómo andan tus cosas? Bueno, ahora te doy la sorpresa: el domingo vas a dirigir Instituto-Aldosivi en Córdoba".

Yo tenía una chochera, no lo podía creer.>

-�Cómo fue el partido?

-Empezó tranquilo. Amonesté a un par de jugadores que entraron nerviosos, pero en general no protestaban, salvo Daniel Giménez. Pero en un momento lo agarré cerca de las cámaras de la televisión y le dije, decidido: "la próxima vez que me hables, te pongo la tarjeta". Lo vieron y lo escucharon todos. Es que tenés que tratar de utilizar esas cosas a tu favor.

A Instituto le hicieron dos golazos, así que no tuve problemas con jugadas dudosas. Y en el segundo tiempo le otorgué un penal a los cordobeses, que marraron.>

Aldosivi se portó muy bien, incluso me alentaban adentro de la cancha. Después, cuando el local metió el 1-2 se puso muy caliente el encuentro. Hubo pierna fuerte hasta que a los 35 del segundo tiempo, los marplatenses metieron el tercero. Tuve, además, la suerte de que la gente se puso a insultar a los jugadores y de mí ni se acordaron. Hasta me felicitaron de una radio de Córdoba, que me agarró en la manga apenas terminado el partido.>

Después de ello, y tras una lesión que lo mantuvo alejado de las canchas, volvió a dirigir el mes pasado en el partido entre Ferro y Huracán de Tres Arroyos. Y sigue demostrando que su techo aún está lejos.>

Mundos distintos

CAMBIOS QUE SE SIENTEN

El cambio profundo de divisional en el fútbol entraña variaciones de todo tipo: estadios, campos, importancia del evento, seguridad. Pero también las comodidades se modifican. Y César lo cuenta con claridad.

-Para empezar, en el hotel yo tenía una habitación exclusiva, y los asistentes iban a otra. Además, el que maneja todo es el árbitro. Estaban todos esperando a ver qué hacía yo para actuar en consecuencia. Todos atentos a ver si yo quería salir a caminar o ir a desayunar. Yo mandaba, fue algo muy raro, que nunca había vivido y que tampoco había detectado cuando iba a algún partido como juez de línea.>

Me sentía incómodo haciendo ese tipo de cosas. Imaginate que para mí Roberto Carreño es más que yo. Siempre fui el línea de él y ahora, en la B Nacional, era al revés. Él se portó bárbaro conmigo y me guió muy bien esa vez.>

-�Qué otras diferencias encontraste?

-La seguridad. En la B Nacional está lleno de policías en las canchas, es imposible que te toquen. Y cuando llegás al vestuario, se cierran las puertas y no entra nadie. En el Torneo Argentino había mucho más movimiento, era más peligroso.