Tener como mascota un perro de marca -léase raza- es una tendencia que crece en las ciudades modernas, al punto que, muchos de ellos se venden en las veterinarias a precios escandalosos.
Actualmente, se puede ver cómo adorables cachorritos pasan sus días atrás de una vidriera, encerrados por horas en jaulas diminutas. Se comercializan en el mismo lugar cotorras, gatitos, loros y esos otros bichos que parecen ratas pero no lo son. >
Pero lo más perverso no es verlos en cautiverio; hay más. Quién no se paró alguna vez a contemplarlos jugar, a quién no se le estrujó el corazón con esa mirada motivadora, quién no se siente apelado por esa misma mirada que dice: lleváme a tu casa -a cambio de la módica suma, por supuesto. >
Bueno, el que sucumbe a esa estrategia marketinera, la más cruel y efectiva que se ha visto en mucho tiempo, entra al local y sale con un cachorrito precioso. Resulta que el propietario de la mascota tal vez vive en un departamento de dos metros por dos, en plena Recoleta santafesina y el perrito que compró es un Labrador divino, tan de moda hoy en día. Se puede deducir sin mucho esfuerzo que ese ejemplar -el perro, claro- pronto será una bestia incontrolable.>
Es aquí dónde hay que poner más atención: ese mismo perrito, hará una montaña de caca que obviamente nadie querrá tener cerca y mucho menos en un departamento tan chico. Y es así cuando el can pasa a ser problema de todos, lo que jamás debería ocurrir. Es entonces que el dueño saldrá con su flamante mascota y lo hará hacer sus necesidades, a las que tendría que querer tanto como a su perro, en la vereda ajena, inevitablemente. Lo más interesante es fijar la observación en la cara de gil que pondrá el dueño del perro mientras el bicho hace lo suyo; es muy curioso contemplar ese gesto de "acá no pasa nada".>
Además de los comentarios que merece el hecho de que se haga vivir en lugares minúsculos a animales genéticamente adaptados a otro medio, no debemos olvidar los sentimientos del pobre que pise lo que el perrito dejó. Pero cabe aclarar que, como asegura el dicho: "la culpa no es del chancho si no del que le da de comer".>