Opinión: OPIN-01Recientes casos ponen a la prensa ante el espejo
La difusión televisiva de fotografías de Nora Dalmasso mientras su cuerpo yacía aún en el lugar del homicidio, dejó en evidencia hasta qué punto la prensa suele dejar de lado -intencionalmente o por simple incapacidad- las normas éticas y profesionales que deben guiar el desempeño de quienes ejercen la profesión de informar.
El control sobre este tipo de contenidos es siempre discutible. De hecho, en una sociedad libre no existe la censura previa, esto es: la tutela de autoridades que deciden lo que la sociedad puede ver o recibir. Lo que rige es un sistema de responsabilidades que empieza por los mismos actores y se extiende a los órganos de la Justicia que, según sea el caso, intervienen de oficio o a requerimiento de parte cuando presuntivamente es violada una norma vigente.>
De modo que, como ocurre en el mundo civilizado, deben ser los propios medios o periodistas quienes ejerzan la debida autorregulación a partir de criterios o reglas de comportamiento que a veces son codificadas en libros de estilo.>
La existencia de referencias éticas resulta saludable para establecer parámetros generales, dentro de los cuales debería desarrollarse esta delicada función.>
Sin embargo, el eje de la discusión debe colocarse sobre la responsabilidad que los medios -y los comunicadores- tienen a la hora de decidir qué publicar.>
La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) señaló que el "debido respeto a la convivencia social honorable y la necesidad de preservar la credibilidad de la sociedad imponen un ejercicio responsable de la libertad de prensa que, para ser tal, debe ceñirse estrictamente a los valores éticos imperantes en una comunidad civilizada".>
Decir que la finalidad suprema de la prensa apunta a revelar la verdad, puede resultar un argumento incompleto. Y es que, ante todo, los medios y comunicadores deben analizar en cada caso las consecuencias de qué se informa y cómo se lo hace. De hecho, existen límites que no deben ser traspasados y que exigen un especial cuidado en la toma de decisiones editoriales.>
En el caso de las fotografías de Nora Dalmasso, cabría preguntar qué aporte real se logró a partir de la publicación de las imágenes y de la consecuente violación de la intimidad de la víctima, más allá de algunos puntos de rating.>
Pero éste no es el único caso en el que los derechos de una víctima han sido transgredidos. En Santa Fe, se informó detalladamente sobre cómo un niño de apenas nueve años habría sido obligado por su padre a matarlo.>
Es cierto que el nombre del chico fue mantenido en reserva, pero al darse a conocer la identidad del padre y hasta el domicilio exacto de esta familia, el pequeño puede ser fácilmente identificado.>
Lo más llamativo es que, incluso, un juez de la provincia explicó públicamente cómo se sucedieron los hechos y hasta de qué manera el niño le relató lo sucedido. Queda claro que este chico fue revictimizado por quienes manejaron esta situación de manera incorrecta e irresponsable.>
El daño está hecho. Sin embargo, lo ocurrido debería impulsar una discusión sobre el modo en que estos casos deben ser abordados por los medios.>