Foro global de Bioenergía en Rosario
¿Cómo se repartirá la "biotorta"?
Nadie duda del promisorio futuro para los combustibles vegetales, pero todavía no queda claro si el beneficio será igual para todos. ¿Los países industrializados permitirán el ingreso del fluido refinado o sólo demandarán materias primas para elaborarlo en destino? ¿Impondrán cuotas y aranceles que signifiquen un techo a las exportaciones de países como la Argentina? Interrogantes como estos todavía no encuentran respuesta.

Juan Manuel Fernández[email protected]

Rosario, enviado especial.éltimamente los biocombustibles ganaron protagonismo por la necesidad que experimenta el mundo de desarrollar fuentes energéticas renovables y solucionar el principio de agotamiento que se avizora con los carburantes fósiles.

La Argentina, ranqueada al tope de los productores de soja y líder en la exportación de aceites, no es ajena al fenómeno y es por ello que se desató una ola de inversiones (y muchos anuncios que todavía falta confirmar con obras) con la promesa de desarrollar una matriz de producción para abastecer al mercado interno y al extranjero.>

Sin embargo, todavía hay que superar alguna que otra incertidumbre: ¿cuenta el país con la tecnología para alcanzar la calidad de los mercados demandantes? ¿Qué rol le cabrá en el mercado de los biocombustibles, el de refinadora (lo cual implica mayor valor agregado) o simplemente el de abastecedora de aceite o poroto? ¿Los países demandantes, como la UE o EE.UU., abrirán sus fronteras o impondrán límites que signifiquen un techo para la producción nacional?>

Para responder a interrogantes de este tipo, especialistas de todo el mundo se congregaron en Rosario, desde el miércoles 11 al viernes 13 de julio, en el Foro Global de Bioenergía que impulsaron la Asociación de la Cadena de la Soja (ACSOJA), la Asociación Argentina de Grasas y Aceites (ASAGA), ASAGIR (que agrupa a los girasoleros), la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno (ABH) y MAIZAR, la entidad de los maiceros.>

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La base está

Para entender el furor por la bioenergía, sobre todo el biodiesel y el etanol, hay que contar con el antecedente inmediato de la Unión Europea de aplicar un corte obligatorio a los combustibles fósiles en etapas sucesivas hasta 2015. Tal determinación significa una demanda muy grande de biodiesel, que encuentra en los aceites de palma, colza y soja, las principales materias primas para su elaboración.

Frente a ese escenario, Argentina tiene condiciones para aprovechar la oportunidad. Cuenta con una gran producción de soja, que hoy se exporta en granos o aceite, y el biodiesel significa la oportunidad de triplicar la facturación de las ventas al exterior. Una tonelada de poroto ronda los 200 dólares y una de biodiesel más de 1.000.>

La pregunta que surge es: ¿puede el biocombustible ser un producto de cabecera para la exportación como hoy lo son el poroto o los aceites? Carlos Feoli, coordinador técnico de ASAGIR, considera que "el potencial está, sin dudas", porque el país produce 47 millones de toneladas de porto que, si se molieran en su totalidad, podrían producir alrededor de 8 millones de toneladas de aceite (el 18%) transformables en el combustible vegetal.>

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Trabas a considerar

Pero no se trata sólo de tener condiciones, también "depende mucho de cómo se maneje la demanda", dice Feoli, ya que los mercados bien pueden comprar aceite para refinar en destino o el combustible terminado. Incluso incidirá también cómo se determinen las cuotas en países demandantes, en particular los de la Unión Europea. "Este es un tema importante porque es el que puede ponernos un techo, un condicionante externo", advirtió el representante de los girasoleros.

Sobre este punto se lo consultó en rueda de prensa al norteamericano Jorge Arrizurieta, presidente de la Comisión Interamericana de Etanol. No le fue fácil responder con precisión a la incógnita sobre cómo se repartirán los roles entre los países que participen en el mercado de los biocombustibles: si habrá proveedores de materia prima y refinadores que la reciban o si los que levanten las cosechas también podrán colocar libremente el producto terminado en los mercados de destino. "Todavía está por verse", atinó a responder, y explicó una de las trabas que ya pone EE.UU. al ingreso de etanol: cada galón que se importa paga un impuesto de u$s0.54. "Es contradictorio y regresivo", protestó, y afirmó: "si queremos (sic) una opción al fósil no podemos pretender producirlo todo; habrá que importarlo".>

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¿Quién mandará?

Más allá de que sean los países centrales los que cuenten con mayores posibilidades de mantener en su poder el mango de la sartén, hay noticias que invitan a la esperanza. Por ejemplo, Feoli comentó que es visible el interés de Europa por hacerse de estos combustibles, porque se empiezan a cerrar contratos, como ocurre con Alemania (ya firmó los primeros, para entregar en 2008), que es el país más adelantado. "Deberemos estar atentos a la evolución de la demanda y las normativas", porque es necesario adecuarse a parámetros muy exigentes, ya que los motores son cada vez más precisos y delicados. "Hoy un motor diesel tiene exigencias en términos de pureza y calidad y el producto final tiene que ser apto", comentó el coordinador de ASAGIR.

Justamente, el Foro se convocó para intentar responder, entre otras cosas, qué tiene la Argentina para ofrecer y qué rol requiere asumir. "Sin dudas tiene insumos y voluntad, como lo confirma la ley de biocombustibles; también cuenta con la logística; hay un par de plantas en producción y 4 más en desarrollo", se entusiasmó Feoli.>

El mapa actual del biodiesel en el país muestra sólo dos plantas funcionando en el complejo Rosario, más otras 4 en construcción, a las que se suman "unas cuantas más en proyecto" sobre las cuales no se sabe todavía cual será su evolución.>

Las fábricas en funcionamiento tienen capacidad de producir 200.000 toneladas al año. Y cuando se sumen las que se están montando, en algunos años más, la capacidad se incrementará a 1 millón de toneladas.>

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Ojo con los mitos

Una de las creencias que se extendieron respecto de los biocombustibles dice que van a resolver los problemas de energía. Para refutar tal aseveración vale considerar que la producción total de aceites en el mundo (incluidos los destinados a alimento humano) equivale sólo al 12% del gasoil que se consume en el globo. "Los biocombustibles vienen como alternativa, entre otras como los combustibles de segunda generación, que son producto de la síntesis de gases que se originan en la fermentación de biomasa", que están en etapa de muy preliminar y requiere investigación, según explicó Carlos Feoli.

Otro de los mitos es que los biocombustibles no producen efecto invernadero. "Esto no es cierto; contaminan mucho menos pero no resuelven el problema, porque también emiten dióxido de carbono", agregó el representante de ASAGIR.

Un punto sobre el que también se debate es la aparente dicotomía entre producir granos para energía o alimentos. Para Feoli, hasta hace algunos años el problema del hambre radicaba en el disponibilidad de alimentos. Hoy la tecnología resolvió este problema (se erradicaron las plagas, se controlan las enfermedades) y se incrementó al área cultivable y la productividad. Ahora, el desafío de la humanidad será "balancear cuánto se destina a alimento y cuánto a biocombustibles".

El titular de la Comisión Interamericana de Etanol, Jorge Arrizurieta, aprovechó para aportar razones a favor de los biocombustibles. "Es un argumento cada vez menos válido porque la oferta de materias primas se amplía cada vez más", dijo, en referencia al desarrollo de biocombustibles de segunda generación a base de celulosa.