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Crónica política
¿Cristina al gobierno, Kirchner al poder?
Por Rogelio Alaniz Por ahora me voy a permitir prescindir de algunas observaciones irónicas acerca de la tradición peronista de instalar a las esposas en el poder. Alcanza con saber que Cristina Fernández no es Evita -y ella es muy consciente de eso- pero, tampoco es Isabel, lo cual es una tranquilidad para ella y, de alguna manera, una tranquilidad para todos los argentinos que somos quienes debimos soportar en su momento las consecuencias de esos experimentos. Nobleza obliga, se trata de una mujer inteligente y medianamente culta que conoce muy bien -tal vez demasiado bien- los recursos y los secretos del poder. La señora Fernández desea, ama el poder, y si bien un objetor de conciencia podría impugnar esa ambición, desde el punto de vista político es necesario saber que no se puede incursionar en la vida pública si no se dispone de una consistente y obsesiva ambición de poder. Cristina lo dispone.> Al poder se lo conquista, se lo asalta, se lo seduce. El político que dice que el poder no le interesa, miente. Lo que hay que preguntarle a Cristina, pero la pregunta vale para cualquier político, es para qué quiere el poder, qué pretende hacer con él.> Este jueves la señora Fernández intentó responder a este interrogante. Habló durante casi 45 minutos y lo hizo sin apuntes y con un estilo más o menos sobrio. Sus opiniones fueron previsibles: defensa del estado de derecho, de un modelo económico industrialista y de un conjunto de paradigmas morales.> Las argumentaciones fueron correctas, pero en algunos punto algo livianas. Nada grave hay en ello. Cristina no es una intelectual y tampoco tiene obligación de serlo. A su favor podría decirse que explica ciertos temas históricos y políticos con más precisión que su marido.> En algún momento ser refirió a las mujeres: lo hizo con sobriedad y recato; en otro tramo del discurso dio su opinión sobre lo que debía ser una moral práctica empresaria y, por supuesto, no se privó de criticar a las políticas económicas y sociales de los años noventa.> Se sabe que los discursos se proponen embelecar la práctica política. En general los discursos dicen algo de un político, pero ese algo no está sólo en las palabras. Analizar el discurso de un candidato incluye prestar atención a lo que dice, pero mucha más atención a lo que calla.> Por ejemplo: en el discurso de La Plata la candidata no dijo una palabra de temas tales como la corrupción, la seguridad y la reforma del Estado. Tampoco dijo nada trascendente en materia económica más allá de generalidades que, como suele pasar con las generalidades, siempre ocultan o disimulan lo más importante. Obviamente tampoco dio explicaciones sobre su apoyo a los decretos de necesidad y urgencia -uno por quincena, según el senador Terragno- una falta política flagrante para quien dice que quiere llegar a la Casa Rosada para mejorar la calidad institucional.> Algún simpatizante del oficialismo podría decir que ningún candidato -Cristina incluida- va a perpetrar un harakiri delante de las cámaras. Es verdad, el objetivo de los candidatos es propagandizar sus méritos y disimular sus defectos. Pero la opinión pública no tiene por qué quedar prisionera de esa lógica.> A un discurso se lo interpreta, entonces, por sus palabras y sus silencios. A los silencios hay que dimensionarlos, hacerlos hablar, interrogarlos, porque allí está presente el verdadero pensamiento político del dirigente o aquello que por una razón u otra ese dirigente está muy interesado en ocultar, disimular o mantener en la oscuridad.> De acuerdo con estas consideraciones, habría que preguntarse, por ejemplo, por qué en un discurso de lanzamiento de una candidatura de signo peronista no hubo ninguna referencia concreta al peronismo. ¿El kirchnerismo representa una cultura política diferente al peronismo o es la continuación de peronismo en su etapa final? Yo estoy dispuesto a sostener que los reflejos y los actos deliberados de Kirchner y su esposa con relación al poder son tributarios de la tradición peronista. Una de las grandes enseñanzas políticas de Perón es la personalización del poder: Perón era peronista y los Kirchner son kirchneristas.> El análisis de todo discurso incluye la puesta en escena: los actores, los protagonistas, el público. No hace falta ser un crítico de teatro para percibir que la puesta en escena y la trama estuvieron tejidas y bordadas con los hilos visibles e invisibles del poder.> A ver si nos entendemos: el público en la reunión del jueves no fue el que estaba en la platea; los señores y las señoras que estaban en la platea eran también los actores principales, allí estaban desde las Madres de Plaza de Mayo a los radicales K, desde los grandes bonetes del peronismo bonaerense hasta los gobernadores adictos, y allí estaba en un primer plano el presidente de la Nación rodeado de sus principales ministros. Digamos entonces que el gobierno desplegó su poder y lo hizo con todo el vigor, la fascinación y el encanto que el poder en esas circunstancias es capaz de exhibir.> El acto se anunció como el lanzamiento de una candidatura y estuvo montado con todos los oropeles y los fastos que el oficialismo es capaz de otorgarle en estos casos. Atendiendo a estos precedentes muy bien podría decirse que más que un acto proselitista republicano fue el acto de sucesión de una monarquía.> En algún momento la señora se refirió a la provincia de Santa Fe. Si alguien esperaba que dijera algo a favor de Bielsa, se equivocó; si alguien esperaba que criticase a Binner se equivocó también. Bielsa es el candidato del peronismo santafesino y en esa condición cuenta con el respaldo del poder nacional; Binner es el candidato de la oposición pero hoy el gobierno nacional no quiere ponerlo en la vereda de enfrente.> Sólo así se entiende la reciente designación del socialista Rivas y sus declaraciones al momento de asumir al poder a favor de la candidatura de Binner, algo imposible de creer en un gobierno que supusiera que Binner es su enemigo. Tan contundentes fueron estas declaraciones que el propio Bielsa expresó su desagrado por una decisión que lo deja librado a sus propias fuerzas.> Regresemos a La Plata, al teatro en donde se produjo la transferencia de los atributos del marido a la esposa. Alguna vez se sabrá qué consideraciones tuvo en cuenta Kirchner para dar este paso. Algunos hablan de su salud, otros de la especulación de rotar en el poder con su esposa hasta el 2020. Convengamos de todos modos que no es habitual que el poder, el poder de la presidencia se ceda así. Esto no es habitual en la tradición republicana, pero tampoco es habitual en la tradición peronista, en donde hasta el militante de base más modesto sabe que con el poder no se juega y que al poder nadie lo presta y, mucho menos a una esposa.> Ya habrá tiempo de indagar en esa decisión. Por el momento basta con saber que Cristina es la candidata y que esa candidatura hoy es ganadora. De acá a octubre pueden pasar muchas cosas, pero admitamos que una oposición dividida cuyo objetivo de máxima no es ganar sin llegar a la segunda vuelta no está en condiciones de enfrentar al formidable dispositivo de poder puesto en marcha el jueves en La Plata. > |


