El autor de "The West Wing" ha reemplazado los laberintos de la Casa Blanca por los pasillos del canal de una imaginaria cadena, aunque las disputas de poder son las mismas.
Las situaciones y los personajes son reconocibles y la impronta de realidad se refuerza con una persistente referencia a nombres propios, entre las cuales resulta clave una mención a "Network", el filme de Sidney Lumet: "Studio 60" también es un alegato acerca del papel actual de la televisión, la decadencia de sus contenidos, la verticalidad del control y la imposibilidad de desarrollos creativos.>
En un programa cómico calcado del histórico "Saturday Night Live" (durante treinta años fue la cuna de grandes comediantes, y hoy está en crisis), minutos antes de la salida al aire en vivo se cancela un sketch titulado "Cristianos locos", porque ofendería a cultos religiosos que actualmente son dominantes en la sociedad estadounidense. "Vivir en la libertad de expresión significa que también puedes sentirte ofendido", dirá un personaje.>
La censura provoca una conmoción en el veterano productor ejecutivo del programa, ya alterado por el progresivo deterioro del ciclo, que interrumpe la apertura de la emisión con un discurso brutal que, en un principio, nadie sabe si forma parte o no de un sketch. Dirigiéndose a la cámara, dice: "Cambien de canal, o mejor, apaguen la televisión", "Estamos siendo lobotomizados, no se produce nada que no sea para chicos de 12 años, y además, estúpidos". Denuncia excesos pornográficos, "aunque ni siquiera sabemos hacer buena pornografía", y define a la televisión como "un burdel lleno de codicia". Lo sacan del aire recién a los 53 segundos, demasiados, y sin esperar un instante, la empresa comienza a tomar resoluciones para atenuar el escándalo que se avecina.>
En medio de la crisis, interviene una joven guapa, inteligente y experimentada, que ese día debuta en la presidencia de la cadena y que, para revertir la catástrofe, impone la convocatoria a dos guionistas que habían sido echados cuatro años antes.>
Se trata de un complejo relato coral que en un solo capítulo ha logrado definir con vértigo y claridad a todos los personajes, las intrigas y aun las subtramas, con diálogos que derrochan ingenio y actores excelentes. "No tengo razones para creerte", dice uno. "�Por qué?", quiere saber el otro. "Porque trabajás en televisión".
El pensamiento de Aaron Sorkin sobre la televisión ya le provocó tropiezos con "Sports nights", una mirada irónica sobre un team de periodistas deportivos. De "Studio 60" apenas se hicieron 22 capítulos y no hubo segunda temporada. Tal vez resultó mártir de la crudeza de su propio punto de vista, aunque esta interpretación no parece ser cierta, ya que la explicación es menos heroica: fue por la disminución de una audiencia que no soporta la inteligencia y la imaginación, o sea, el efecto de la formación de un público enajenado en la mediocridad.>
Tampoco se puede recurrir a explicaciones sobrenaturales como la maldición post "Friends", es decir, el fracaso que perseguiría a las nuevas series donde participan sus figuras. En este caso, el excelente Matthew Perry, decidido a no reincidir en TV después de "Friends", pero que se rindió ante la calidad del guión.>
La homologación con el estado actual de la televisión argentina resulta obvia. Sin esfuerzo, se puede pensar en los gerentes artísticos de nuestros grandes canales de aire: si bien hay enormes diferencias en cuanto al poderío económico, la degradación moral es la misma.>
ROBERTO MAURER