Cartas a la dirección

Por una ciudadanía competente

Señores directores: 20 de junio, calle 3 de Febrero y 9 de Julio, mañana fría, con algo de sol que le brindaba realce al busto del Gral. Belgrano. Frente a él formación en arco, con la enseña celeste y blanca en manos de delegaciones escolares de diferentes edades, daban patriótico y significativo marco a las acciones que se estaban desarrollando en el atrio del convento de Santo Domingo. Esta institución religiosa fue albergue en octubre de 1810 del general, cuando emprendió la Campaña al Paraguay. Y ese mismo espacio fue plazoleta en la cual un piquete de milicias hacían guardia permanente a tan ilustre huésped allí alojado.

Como educadora, compartí estas vivencias con mis colegas, valorando la interacción entre el contexto áulico con el medio, donde el sujeto del aprendizaje es activo constructor de sus conocimientos.>

Desde esa visión la enseñanza es el proceso en el cual, el docente, es mediador entre la estructura cognitiva del alumno y los contenidos socialmente significativos e interpretativos, facilitadores de su apropiación, dado que los construyó desde los mismos espacios en los que se produjeron y con los que se identifica. Esto afirmará su identidad personal e independencia en crecimiento, enlazados a su sentido de pertenencia a un grupo, un lugar y un tiempo histórico, interpretará el mundo en que vive, compartiendo responsabilidades, optando frente alternativas diferentes con criterio crítico.>

Porque nuestra patria necesita ciudadanos competentes, con propuestas de convivencia democráticas y pacíficas, es que quise destacar este proceder, llegando a todos los lectores que como nosotras aspiramos a una patria digna.>

Susana Arnold de Lombardi.>

DNI: 4.614.813. Vicepresidente Ex docentes Educ. Adultos N. Primario y Capac. Laboral. Ciudad.>

íGracias, Negro!, II

Señores directores: Fontanarrosa, a través de ese mundo de humor, argentino y universal, telúrico y cosmopolita, que supiste plasmar a lo largo de tantos años, te introducías en nuestros hogares silenciosamente, como un ladrón experto en robar esas sonrisas que suelen esconderse bajo nuestras preocupaciones cotidianas. Y nuestras casas empezaron a ser habitadas por un gaucho haragán y fabulador, por un perro parlanchín y reflexivo, por un lorerío inteligente y pícaro, por una patrona gorda y sufrida y por decenas de personajes con los cuales hemos reído y hasta algunas veces nos hemos identificado.

Y así, sin proponértelo, ignorándolo nosotros, te fuiste convirtiendo en nuestro líder: desde la honestidad de tu trabajo, desde la coherencia en tu pensamiento, desde el apasionamiento por aquello que amaste. Creo que no nos dimos cuenta de ello hasta que las lágrimas de cada uno de nosotros se fueron uniendo aquel triste jueves 19 de julio.>

Por eso me niego a despedirte. Se truncan en mi garganta las palabras para decir que te has ido. No saldrán de mi boca expresiones de duelo. �Sabés por qué, Negro? Porque creo que ese jueves, con el espíritu liberado del dolor del cuerpo humano, lograste traspasar esa puerta grande que te lleva a vivir eternamente en nuestros corazones.>

Alicia M. Ambrosio.>

Ciudad.>