En la polarización de la tele, el martes pasado los dos gigantes se vieron frente a frente y no se evitaron, como en otras oportunidades. Fue la apertura de Gran Hermano 5 La Nueva Generación, con novedades que intentan superar los tropezones de la versión "famosos", mientras, desde el otro lado, Showmatch ofrecía el repechaje del baile del caño, donde la atracción fue Silvia Suller, con la mayoría de sus atributos al descubierto, como si compitiera en la Rural. Colocados en Liniers, podrían desestabilizar los precios. Según la medición de audiencia, fue lo más visto en una noche pareja.
Al otro día, mientras Gran Hermano se replegaba dejando el campo libre al enemigo con la rutinaria intervención de Mariano Peluffo y su innecesaria compañera, Tinelli lanzaba su opus magno, la pieza de orfebrería que vino preparando desde fines del año pasado: "Patinando por un sueño".>
Como es sabido, los argentinos recibieron a lo largo de los meses una información fragmentaria acerca de la marcha del proyecto, que generalmente se relacionaba con caídas, fracturas y luxaciones en la pista de hielo, y algunas defecciones de figuras de la farándula que en un principio, se habían sumado a la iniciativa.>
En su estridente discurso inaugural, enfundado en un abrigo negro con piel, Marcelo Tinelli realzó el esplendor de la jornada con un "qué noche Bariloche", en ese idioma de los seres simples, y enfatizó los "golpes y caídas" a los cuales se exponen los participantes.
En un caño se enrosca cualquiera: no se requiere una preparación terciaria. El patinaje artístico sobre el hielo, en cambio, es una disciplina que exige un aprendizaje y entrenamiento que no le alcanzaron a Wanda Nara, cuya espalda dio bruscamente contra el piso cuando bailaba "Melodía desencadenada". Se levantó, maltrecha, y continuó evolucionando hasta terminar su patinaje entre sollozos. Es jovencita y virgen, según ratificó una vez más, aun contradiciendo sus declaraciones de pocos días antes, de manera que su golpazo seguido de llanto sensibilizó a todos los presentes. Envalentonada por el aliento de la gente (vamos, chiquilina), y apoyando en el pecho de Tinelli su cara regordeta barrida por las lágrimas, dramatizó: "Por más que termine muerta en el hielo, voy a seguir".>
En realidad, a pesar de tratarse de un campeón argentino, fue el compañero el que soltó el cuerpo de Wanda Nara, como después lo destacó con mal gusto la jurado Reina Reech: "Él la tiró al piso", dijo. Wanda Nara salió ilesa, como si se hubiera sido protegida por Luswina (*).>
Participan 21 voluntarias de las cuales 3 ya fueron sentenciadas la segunda noche, y pertenecen a ese elenco cambiante de figuras cuyos nombres, dada la velocidad de sus ascensos y descensos, y lo impreciso de su oficio, a veces confunden al público desatento. Cuando Tinelli las presenta, cualquiera se sorprende por la variedad de sus talentos: son actrices, bailarinas, vedettes, chicas Sofovich, ambientalistas de Gualeguaychú y tapas de Papparazzi. Se vislumbra, entonces, un difuso mundo del trabajo, menos definido de aquel que reúne a torneros, chapistas y fresadores. En el jurado, Polino desempeña el rol del "malo", o mala, en tanto que Florencia de la V destila su frescura desenvuelta de repartidor de soda.
Ya que se trata de rutinas más o menos fijas, porque se trata de coreografías con figuras estipuladas y obligatorias (ya se están difundiendo en habla cotidiana expresiones como "hacer la paloma" o "carrito bajo"), la falta de variedad determina que el interés del espectáculo sea menos estético que morboso, ya que descansa en la posibilidad de que las bailarinas se estrellen contra la pista.>
Por ahora, más que el virtuosismo del patinaje artístico, el nuevo show de Tinelli atraviesa la etapa primitiva del patinaje como medio de transporte para desplazarse en zonas heladas. La belleza plástica, por ahora, se encuentra en las maravillosas competencias que suele transmitir ESPN.>
(*) Luswina fue una chica holandesa que, en 1396, instigada por sus amigos, a pesar de que no se sentía bien fue a patinar al lago, donde se cayó, se rompió seis costillas y quedó impedida por el resto de su vida. Como experimentaba visiones y sus milagros fueron probados, en 1944 resultó consagrada patrona de los patinadores, lo que difícilmente pueda suceder con Wanda Nara, por más virgen que sea.>