Tribuna política
Salud, seguridad y propuestas electorales

Juan Carlos David

Las propuestas electorales, analizándolas desde un punto de vista técnico, pueden dividirse en proposiciones originales y lo que se expresaría como gatopardismo (simular cambiar para que nada cambie).

Es consenso generalizado que salud, seguridad y educación son las tres grandes deudas de nuestros gobiernos para con el pueblo. La universal falta de seguridad contrasta con la desigualdad en educación y salud, donde cada vez más se profundiza (especialmente en salud) la brecha entre los que tienen recursos y quienes carecen de los mismos.>

La propuesta presentada por todos los candidatos (así como de todos los ministros de Salud de los últimos años) apunta a la atención primaria y presenta groseros errores conceptuales. Creer que atención primaria es la presencia de un médico, cuatro, ocho o veinticuatro horas, en un dispensario, fuera de todo planeamiento territorial, es interpretar atención primaria como atención primitiva de la salud.>

Atención primaria trasciende totalmente el ámbito de acción de cualquier Ministerio de Salud. Significa, fundamentalmente, condiciones de vida dignas en un medio ambiente sustentable. Agua potable, saneamiento, vivienda digna y educación hacen que sea la presencia médica necesaria pero no indispensable. Es por ello que hace más a la atención primaria la actividad de una Municipalidad (o comuna), así como la del gobierno provincial, al enfatizar en los temas anteriormente mencionados, que las hilarantes propuestas (perdón, no hay otra palabra más justa) de determinados candidatos a intendentes. Una muy interesante nota hecha por El Litoral al Dr. Mahler (director de OMS en el momento de la propuesta) da la necesaria certificación a lo dicho precedentemente. Muy pocos países (fundamentalmente desarrollados) lograron interpretar y desarrollar dicha estrategia. En los países emergentes, un solo país (Cuba) pudo llegar a la ansiada meta, pero sólo desde un punto de vista de la atención médica (su forma más costosa, como veremos más adelante).>

Mencionamos estrategias de atención primaria de la salud, puesto que su implementación nunca puede ser única, dada la gran diferencia en desarrollo, economía, demografía y cultura de los países participantes. Aun dentro de nuestra provincia, la estrategia puede y debe ser local. Como ejemplo podemos mencionar que Rosario, Santa Fe o Reconquista obligan a planificar de manera diferente. Por eso mueve a risa cuando se contratan especialistas extranjeros para su implementación. Solamente dos conceptos pueden ser universales: el de salud y la fundamental participación comunitaria. Si entendemos salud como la armonía entre la persona y su medio (no solamente la ausencia de enfermedad) es dicha persona la que debe protegerla con conductas adecuadas, participando no solamente con su voto o crítica en el manejo de la cosa pública, sino activamente a través de ONGs, instituciones vecinales, etc. Salud es sinónimo de conductas adecuadas, en un ambiente físico-político también adecuado (hábitat decoroso, servicios esenciales para todos incluyendo energía, saneamiento, trabajo, educación, etc.) y fundamentalmente seguridad (la actual inseguridad es conclusión lógica de la ausencia de lo anterior en la comunidad).>

Alguien dijo que el dinero no hace la felicidad, pero ayuda. De la misma manera podemos decir que la exclusión y la pobreza no hacen al ladrón y al violento, pero ayudan (y mucho). La medicina, con sus costos, empeora la salud comunitaria, de dos maneras: la principal es que hace equivocar al individuo sobre el mantenimiento de su equilibrio, enfocándolo respecto de la medicina y sus cada vez más costosas tecnologías, acompañadas de una desvergonzada propaganda de aparatologías y medicamentos, hecha por ampulosos médicos que cada cuatro frases mencionan la palabra prevenir (por supuesto concurriendo al consultorio) para todas y cada una de las tribulaciones de nuestra cada vez más complicada vida. Si exagero en la comida, tal medicamento; si tengo un problema de conducta con mi hijo, otro. Aunque no se crea, gran parte de las adicciones encuentra en esta simpleza el mejor motivo de su auge. Hemos llegado a tal punto que no hace mucho concurríamos al médico porque no nos sentíamos bien; ahora lo hacemos para que nos digan que estamos sanos. La otra manera de aumentar los costos es la siguiente: el médico -salvo honrosas excepciones- no está preparado académicamente para la medicina comunitaria. Los tibios intentos hechos por la universidad naufragan cuando el egresado comienza a ejercer su profesión. Su capacitación, hecha para disponer de tecnologías costosas aun para simplezas clínicas; el temor ante la posibilidad de mala praxis -terreno fértil para abogados inescrupulosos-; bajos salarios y el concepto que pretende socializarlos (humanizarlos) en un medio egoísta y capitalista a ultranza, hacen del mismo, cuando no está protegido por una institución (sanatorio, clínica, hospital), un profesional peligroso en su soledad. Ministerios (y ministros con sus respectivos asesores) inauguran cada vez más centros de salud (atención primitiva), de acuerdo con presiones de punteros políticos y concejales amigos (ni siquiera con la elemental planificación territorial).>

Lo mismo ocurre con las soluciones pretendidas para dar mayor seguridad a la población: cada vez más agentes de policía. Más de todo, excepto basura; una propuesta promete basura cero, lo que significaría, literalmente, ciudad muerta.>

Recuerden, ciudadanos, ninguna de esas cosas son soluciones viables en nuestro diario vivir. La toma de decisiones pertenece a los técnicos, que deben ofrecer a los políticos (y a la opinión pública) las opciones más eficaces y equitativas. Todos los candidatos hablan pomposamente de sus equipos técnicos, pero nunca pudimos conocer el nombre de ningún asesor, siquiera para evaluar sus méritos. Nuevos ministerios, salud 24 horas, hospitales de alta complejidad, obras faraónicas son, en síntesis, la gran mayoría de las propuestas.>

Si algún beneficio se obtuvo de las inundaciones es que la opinión pública observó y sintió cómo viven los excluidos y necesitados. Ante el estupor, exigió respuesta del gobierno, respuestas que siempre son las mismas y se prometen otras tantas: nuevas estructuras burocráticas, comités de expertos, más policías, más, más, más. Ellos violan las leyes (roban, matan) de acuerdo con sus intereses (hambre, hacinamiento, falta de futuro), así como nosotros violamos las de tránsito y las impositivas, con la misma impunidad. El fundamental motivo es porque ningún gobierno provincial de los últimos 20 años se sintió con autoridad para imponer la ley, logrando sí una Justicia complaciente en la medida de sus intereses.>

Párrafo aparte merecen los piquetes y los niños de la calle. Su presencia molesta a todos (me incluyo), pero creo que no tienen otra manera de exteriorizar siquiera que existen. Pienso que nuestra molestia se origina porque intuimos que somos (en parte) culpables de su situación, al no exigir de nuestros gobiernos que prioricen sus problemas. Iniciemos con el nuevo gobierno por venir la contraofensiva de los que tenemos el privilegio de educación y un trabajo digno, no con la fuerza de las armas o de las promesas imposibles de cumplir, sino haciéndolos sentir parte de nuestra sociedad. Que preferimos agua potable, cloacas, pavimento y luz en sus barrios, en vez de circuitos automovilísticos y grandes playas en nuestros territorios.>