Falta menos de un mes para la llegada de la primavera y las bajas temperaturas no nos dejan deshacernos de bufandas, guantes, camisetas y cancanes. Nadie pretende archivar pulóveres y camperas en el octavo mes del año, pero sí -al menos- ir sacando alguna de las varias frazadas que cubren nuestras camas y liberarnos de tanto abrigo.
íQué invierno largo! Empezó en pleno otoño, cuando recién se iniciaba mayo. Y todos creímos que el frío se intercalaría con los típicos días cálidos que confunden a más de uno. Pero no. El cambio fue abrupto. El termómetro descendió a bajo cero y allí quedó -grados más, grados menos-, logrando récords de heladas en la zona y de ventas de ropa de abrigo y estufas.>
Los pañuelos descartables son otro de los productos que lideraron las ventas esta temporada. Los resfríos son interminables, no hay chico que tenga su nariz libre de mocos, y muchos ya optaron por volver a usar los antiguos pañuelos de tela. Con los precios por las nubes, al menos es un pequeño ahorro.>
Los hospitales y centros de salud privados se vieron desbordados en la atención de distintas patologías que, si bien son típicas de esta estación, se extendieron más de lo normal como consecuencia del crudo invierno. Aún trabajan a cama caliente para atender la alta demanda de pacientes engripados, con bronquiolitis, bonquitis y broncoespasmos a la orden del día.>
En invierno, todo lleva más tiempo y cumplir con las pequeñas rutinas de todos los días resulta bastante más incómodo: para tender la cama hay que acomodar varias frazadas sobre la sábana; vestirnos y desvestirnos implica una superposición de prendas interminable y al cocinar se descartan de plano los tan simples y rápidos platos fríos.>
íPor favor, que las olas polares nos den una tregua para que el sol pueda, otra vez, derramar un poco de tibieza!>