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Mañana cerrará la agenda de actividades que el Colegio Nuestra Señora del Calvario viene llevando a cabo desde hace más de un año con motivo de celebrar su centenario. A las 11, está prevista la misa de las ex alumnas en la capilla escolar, y a las 13, el almuerzo del centenario en el Predio Ferial.
La historia del colegio, ubicado en Urquiza 3155, se remota a principios del siglo XX, cuando seis religiosas emprendían desde Francia un viaje silencioso y comprometido hacia un destino claro: comenzar su tarea pastoral y educativa en Santa Fe, Argentina.
María Santa Inés, Paulina María, Luisa Regis, Elisa, Teresa de Jesús y Arsenia María llegaron a Santa Fe el 27 de junio de 1907. Pertenecían a la Congregación Nuestra Señora del Calvario que había sido fundada en Gramat (Francia) en 1833, por Pedro Bonhomme, "un sacerdote comprometido con su tierra y su época que supo ver las carencias de una sociedad sufrida y necesitada del amor de Dios", sostiene la revista editada especialmente para conmemorar los 100 años de vida calvariana.
La publicación recuerda que las familias residentes francesas que trabajaban para el ferrocarril de Santa Fe necesitaban educadores para sus hijos y el director del colegio La Salle de aquel entonces, el hermano Xenofón, supo llevar ese clamor hasta los oídos de las hermanas que no dudaron en emprender el largo viaje.
A su llegada, se instalaron en una casa, en Santiago del Estero 2448 (facilitada por el Ferrocarril Francés) y desde allí comenzaron a organizar su misión educativa y pastoral. El viernes 5 de julio de 1907 empezó las clases un grupo de niñas curiosas por conocer a las hermanas, y poco a poco comenzó un intercambio mutuo de conocimientos.
El colegio creció de tal manera que de aquel puñado de niñas hoy pasó a contar con una matrícula de 890 alumnos desde el nivel inicial al Polimodal. A su diversificada oferta curricular y de espacios complementarios (idioma, teatro, conjunto vocal instrumental, deportes), se suma el Proyecto de Aprendizaje en Servicio mediante el cual las estudiantes de 2do. año de Polimodal brindan apoyo escolar y talleres a chicos de contextos desfavorecidos.
"Cuando hablamos de educación no sólo pensamos en la transmisión de conocimientos, sino también en la adquisición de habilidades y actitudes básicas que nos permiten progresar como personas", resaltó María Marta Pierini, representante legal.
Desde 2004, además, el Calvario incluyó a alumnos varones en sus aulas que hasta ese momento estaban reservadas sólo a mujeres. El proceso de convertir a la escuela en una institución mixta es progresivo: comenzó por el nivel inicial y ya hay varones en los primeros dos años de EGB.
El colegio Calvario tal como se conoce hoy, con su edificio de estilo francés, también tiene su historia. Un año después de la llegada de las religiosas, la curia donó la manzana que se ubica entre las calles Urquiza, Suipacha, Francia y Junín para la construcción del colegio. Las obras comienzan en 1913 a manos del proyectista José Courau, ingeniero francés y administrador del ferrocarril. El constructor fue el santafesino Orlando Ovidi.
La traza arquitectónica original dispone pabellones que conforman una "U" con un patio central, y sólo el ala transversal tenía entrada principal por Urquiza. Las habitaciones se vinculaban con el patio a través de amplias galerías y estaba rodeado de jardines en su perímetro. La primera etapa de edificación finaliza en 1914.
Posteriormente se realizaron modificaciones y ampliaciones que fueron completando el conjunto, confiriéndole la apariencia actual. En 1932 se completa la esquina de Junín, se construye la planta alta sobre Suipacha y se remodela la capilla. También se anexa el gimnasio y la casa de las novicias. Más adelante se realizan otros cambios: las salas de música y pintura, las aulas del nivel inicial, el sector de juegos, cantina y SUM.
De la redacción de El Litoral