Señores directores: Dios nos regaló un país con infinitas posibilidades, aunque desafortunado es el país donde muchos vicios se hicieron costumbres. La inquietud está instalada: problemas inflacionarios, transporte colapsado, aviones sin radar, la industria del juicio, problemas energéticos... La casa no está en orden.
Hoy el estrés es un azote, agota, angustia, se transforma en enfermedad; trae sensación de fracaso, atrapa haciendo perder el rumbo. Hoy reinan el escepticismo, el descontrol de cerebros, la droga y su consecuencia; hoy ganan el fútbol agresivo, el miedo e inseguridad total, la destrucción de afectos familiares. Asombran los asesinos de la niñez y la niñez agresiva, las autoridades que no escuchan. Los infortunios nos rodean: el mundo se ha transformado y son tiempos de pesadilla. La casa no está en orden.
Basta de ironías, mentiras y promesas. Cuando hay gente con hambre, cuando hay gente que duerme en la calle; hasta los más ignorantes entienden lo que quiere decir rico y el rico no entiende lo que quiere decir pobre. El mundo es fuerte, más fuerte es el hombre que lo sabe gobernar.
Triunfará el mal por completo si los "hombres buenos" no tratan de detenerlo; por la dignidad, todo; por la corrupción, nada. No podemos imitar a aquel monarca francés que dijo: "Después de mí, el diluvio".
El planeta Tierra no goza de buena salud, tiene envenenados su tierra, su aire, su gente, la democracia en coma, la Constitución herida, la República anoréxica y el tiempo que va pasando es la vida.
Mami, dice la niña, cuando un país se agota �en dónde lo tiran?
Si nos mostraran un gobernante justo, un abogado íntegro, un religioso que practica aquello que predica, un hijo que cuida a su madre como a sí mismo, cambiarían las acusaciones por elogios, la debilidad por fortaleza, los lamentos por risas; pero si nos aferramos con fuerza a una gran idea, tal vez encontremos un Mecenas del siglo XXI o una Reina que cierta vez se interesó en un navegante desconocido que luego descubrió América, o tal vez en estos nuevos tiempos aparezca otra liberada George Sand, empujando a un genio como Chopin. Hay que ser rápido para escuchar, despacioso al hablar, lento para enojarse. Recordemos la conciencia moral de Dostoievsky y a los iluminados por dentro como fueron Joyce, Proust, Faulkner, diferentes pero con las mismas inquietudes acerca del sentido de la vida.
Ya no se puede creer en las antiguas leyes: "No mentirás, No matarás". Hagamos que las buenas acciones se hagan costumbre en la vida, y que cada uno cumpla con conciencia sus propios deberes, así cesará la confusión y se dará paso a la armonía. Cuando la tierra cante al unísono, cuando no intentemos pelear contra los molinos de viento, el hombre no será una pasión inútil.
Si el desinterés, la infamia y el egoísmo siguieran gobernando el país, daría vergüenza de estar en él.
Alentemos la esperanza, ella le pertenece a nuestro futuro. El hombre es un milagro de Dios. Pongamos la casa en orden, somos testigos y parte de esta locura llamada vida.
Clary Miroznik German. Ciudad.