Generalmente relacionada con el mundo de la estética, la toxina botulínica trabaja relajando los rasgos de expresión, al ser aplicada localmente en la región de transición entre el nervio periférico y el músculo.
Mediante esta acción se produce la liberación de acetilcolina, un neurotransmisor encargado de provocar la contracción muscular que, al encontrarse con su receptor, no ejerce su acción provocando, por el contrario, el efecto deseado de relajación.
La primera aplicación de toxina botulínica se realizó en 1977 para corregir el estrabismo, una patología oftalmológica en la cual los músculos del globo ocular presentan hiperactividad. A partir de ese momento, este novedoso descubrimiento ha invadido el ámbito de la estética, pero también siguió siendo utilizado en medicina para el tratamiento, por ejemplo, de la hiperhidrosis, un trastorno dermatológico caracterizado por el exceso de sudor; o las distonias, una afección neurológica que se presenta cuando el paciente padece movimientos involuntarios.
Desde su llegada a nuestro país, en la década del 90, la toxina botulínica se ha convertido en la protagonista de gran parte de los tratamientos estéticos que se realizan en mujeres pero también, y cada vez con más frecuencia, en hombres.
"La utilización de toxina botulínica presenta múltiples ventajas, empezando por la posibilidad de lucir una apariencia más saludable, fresca y relajada, condición que genera la necesidad o voluntad de continuar con las aplicaciones, luego de los cuatro o seis meses que dura el efecto, visible 48 horas después de aplicada la inyección. Otra de las particularidades por las que cada vez son más los hombres y mujeres que adhieren al aprovechamiento de esta sustancia es que, si su uso se discontinúa, la piel vuelve a su estado anterior sin sufrir consecuencias. Aunque, cabe destacar que inyectando toxina periódicamente, los efectos del envejecimiento serán menos notorios", expresó la doctora Teresita Cravino, médica especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.
La posibilidad de lucir más joven sin necesidad de recurrir al bisturí es la característica más llamativa y tentadora de la toxina, especialmente para el público masculino, integrado al universo del cuidado estético hace relativamente pocos años.
Si bien es real que en el último tiempo se produjo en ingreso masivo de los hombres en las cuestiones del cuidado del físico y la piel, los especialistas señalan que el público femenino continúa siendo mayor.
En cuanto a los sitios de aplicación de la toxina, la doctora Mercedes Fontana, médica especialista en dermatología y dermoestética, miembro titular de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), postuló: "Existen tres tipos de arrugas, las que se producen por envejecimiento, las que aparecen por exceso de sol o cama solar y, finalmente, las desarrolladas como consecuencia de la contracción muscular mímica o `de expresión'. Sobre esta última variedad actúa la toxina, pues por las características de los músculos faciales, las zonas ideales para este tratamiento son los tercios superior e inferior de la cara. Cabe aclarar que esta sustancia no existe en cremas ni rellena los surcos profundos. Por lo tanto, si esa fuera la voluntad del paciente será necesario aplicar, además de la toxina, relleno".
De reciente aprobación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), ya se está utilizando en nuestro país una nueva toxina botulínica de origen alemán que posee un máximo grado de pureza, condición que le permite ser transportada a temperatura ambiente (sin necesidad de permanecer a dos grados bajo cero como sus predecesoras) así como también eliminar las proteínas asociadas. Asimismo, tiene mayor actividad biológica y menos potencial para la formación de anticuerpos.
Para mayor información:
- Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER): www.cirplastica.org.ar