Rosa María Ferreras (In memoriam)

El domingo 9 de setiembre ppdo. falleció, en Rosario, Rosa María, como final de un doloroso proceso cancerígeno que la aquejó durante 14 años.

¿Quién fue Rosa María Ferreras? ¿Por qué amerita que la recordemos hoy?

Para nuestra fe cristiana y para la docencia, su vida merece entrar en el recuerdo de aquellos testigos de valores que ella aportó a todos los que la conocimos; una sabiduría testimonial de encarar la vida desde el carisma de la fe cristiana surgida del Evangelio.

Quien escribe esta nota conoció a Rosa María hace aproximadamente 45 años. Ella perteneció a la comunidad de la parroquia Santa Teresita, siendo yo el cura párroco.

Desde entonces, fuimos manteniendo un fructuoso diálogo, cuyas conversaciones versaban generalmente sobre el desafío que nos proponía el Evangelio de Jesús.

Cuando ella contrajo cáncer, comenzó a replantearse el sentido de su vida y su penoso sufrimiento desde la fe cristiana. El sufrimiento con frecuencia suele ser esa piedra de choque, donde se pueden estrellar todas las filosofías humanas y también las fuerzas de las religiones.

Será posible dar un sentido alentador y hasta llegar a la locura de la cruz, donde uno puede encontrar un camino de realización y hasta de felicidad. Éste fue el desafío de Rosa María, que por otro lado nos anunció la misma oferta que nos hace desde su Evangelio el Señor Resucitado, para quienes lo escuchan cuando nos dice: "Confíen en mí, yo he venido para que tengan vida" (Juan 10: 10).

Quizás solemos leer el Evangelio teóricamente, restándole toda eficacia y capacidad sanadora o terapéutica; pero sólo nos convence de su verdad transformadora cuando lo leemos desde la vida de algunos de sus seguidores, como fue Rosa María.

En octubre del año pasado, le encomendé que nos escribiera en el Boletín Arquidiocesano de la Pastoral de la Salud acerca del testimonio de sus experiencias, en el proceso de esa larga enfermedad.

Por eso, como maestra que ella fue, también hoy después de su muerte nos viene bien recordar sus palabras; porque la memoria viva de nuestros muertos nos puede ayudar a encontrar fuerzas, basados en sus experiencias, llevándonos a un camino de esperanza para vencer el mismo dolor y sufrimiento, más allá de los límites humanos.

En ese texto, Rosa María describió sus innumerables padecimientos y contó los "gozos y la paz" que le "regaló" esa circunstancia.

Estas son algunas de sus palabras registradas en el Boletín de octubre 2006:

"1° Gozo: La gracia de sentirme siempre en su presencia; `aunque cruce por oscuras quebradas, ningún mal temeré, me siento segura, Señor, porque Tú estás conmigo' (Salmo 22)."2° Gozo: La gracia de haber experimentado la verdad del poema de Santa Teresa: `Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta'."3° Gozo: La gracia de poder decir, de corazón, con el padre Fucault: `Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras'. Me conmueve mucho el final de la oración: `Porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medidas, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre'."4° Gozo: La gracia de volver inmediatamente a Él y decirle con el obispo González: `Señor, cuanto más merezco el rigor de tu justicia, más confío en tu misericordia'."5° Gozo: La gracia de haber descubierto el Poder de la Alabanza. Y así, en cada circunstancia repetir con los benedictinos: `Yo te alabo y te bendigo, Padre bueno... y te doy gracias y te alabo por todas las circunstancias de mi vida aun las más difíciles y dolorosas'. Y comprobar su poder sanador."6° Gozo: La gracia de presentir todo lo que aún recibiré de su grandeza infinita, de su dulce intimidad, de su amorosa compañía, tan cercana".Elocuente testimonio de quien creyó y vivió con la esperanza que nace del Evangelio de Jesús Resucitado.

Padre Hilmar Zanello