LondresMarchantes de arte españoles ofrecieron en el mercado londinense los dos mapamundis de la edición incunable de 1482 de la obra de Ptolomeo "Cosmografía" robados en la Biblioteca Nacional, indicaron hoy a EFE fuentes del Art Loss Register (Registro de Obras de Arte Perdidas).
Los dos documentos cartográficos "no fueron sacados a subasta" en la capital británica, según fuentes de ese organismo, creado en 1991 por el sector del arte y la industria aseguradora para tratar de combatir el robo de piezas artísticas.
Los mapamundis, que, según informaciones periodísticas, habrían sido localizados ya en Australia, fueron ofrecidos por marchantes españoles a colegas británicos, añadieron las fuentes, que por el momento desconocen si los documentos llegaron a ser vendidos y cuándo se produjeron esas transacciones.
Según la prensa española, la Policía de Australia informó a la de España, a través de Interpol, del hallazgo de los dos ejemplares en la residencia de un anticuario de Sidney, que, de acuerdo a esa versión, los compró en una subasta en Londres.
Sin embargo, la Policía de Australia todavía no ha comunicado al Consulado General de España en Sidney el hallazgo de los dos mapamundis de la edición incunable de 1482 de la obra de Ptolomeo robados en la Biblioteca Nacional.
La Guardia Civil de España ha identificado al presunto ladrón como César Gómez Rivero, de 60 años de edad, un español de origen uruguayo que reside en Argentina.
Frente a lo informado en un principio, los documentos robados en la Biblioteca Nacional fueron diecinueve y no sólo esos dos mapamundis, informaron a EFE fuentes de la investigación en España.
Esos diecinueve grabados habrían sido "arrancados", según las fuentes, de diez libros de la Sala Cervantes de la Biblioteca Nacional, y los que tendrían mayor valor serían los dos mapamundis, que formaban parte de la edición incunable de 1482 de la obra de Ptolomeo "Cosmografía".
En un primer momento se tuvo conocimiento del robo de estos dos grabados el pasado mes de agosto, pero días después se descubrió que también habían sido sustraídas otras 17 páginas de otros libros de la misma sala.