Ya calientan los motores

Mientras los candidatos que quieren llegar a la Casa Rosada calientan los motores y se alistan para las pruebas previas que los ubicarán en la primera línea de partida en la gran carrera, la gente sigue viendo con indiferencia un proceso que dista mucho de lo que soñó que hubiera sido luego de la crisis que sufrió la República en el 2001.

Los principales candidatos afinan sus estrategias para mejorar su posicionamiento ante el electorado, mientras los votantes se muestran más preocupados por la inseguridad, la carestía de vida, la falta de créditos, que por los avatares de la campaña, que en esta oportunidad parece más ajena que nunca al concreto palpitar de las personas comunes.

Es que el cambio esperado en la política no se produjo: sólo se materializaron trueques, alianzas antes impensadas, enjuagues partidarios que revelaron con más claridad que nunca que los que tienen porciones de poder sólo buscan conservarlo o conseguirlo de la manera más segura posible.

Así, una parte del radicalismo, con certificado de defunción en la mano tras la caída de Fernando de la Rúa, blanqueó su alianza con el duhaldismo y postula al peronista Roberto Lavagna a la Presidencia. Los alfonsinistas aceptaron a regañadientes la extraña jugada, convencidos de que era eso o morir, mientras que los disidentes optaron por buscar otro tipo de acuerdos, como el caso de Margarita Stolbitzer en la provincia de Buenos Aires, en unión con Elisa Carrió, y finalmente unos pocos, los gobernadores, los que saben ya de las mieles del manejo del poder, prefirieron el lugar más caliente bajo el sol y se pasaron al kirchnerismo.

Los peronistas exhiben la debilidad mayor desde que comenzó su historia: van a las elecciones fragmentados en mil porciones. Están los que apoyan a Kirchner, nacido del PJ pero que hoy casi ni menciona en sus discursos a la agrupación en la que militó por décadas; están los que forman parte del viejo pelotón de los desposeídos menemistas, que quieren entronizar a Alberto Rodríguez Saá, y están aquellos que respaldan la alianza entre radicales, duhaldistas y Lavagna.

Los socialistas brillan más que nunca por su ausencia, y en el medio quedan remedos de agrupaciones que en otros tiempos tuvieron más fuerza, como la que encarna Ricardo López Murphy a nivel nacional, hoy muy devaluada. Todos saben que Cristina Kirchner ganará holgadamente en la primera vuelta, y la oposición gasta ahora sus mejores recursos para lograr la opción de forzar una segunda vuelta, que según las encuestas al menos, dista mucho de tener algún viso de realidad.

Elisa Carrió se muestra más entusiasta que nunca y presenta una campaña en la que se luce como nunca: dejó atrás el papel de fiscal de la Nación, porque, dicen sus allegados, ese perfil era bien conocido por la ciudadanía, y se presentó como estrategia básica en la carrera electoral, como una dirigente con equipo, con propuestas, más moderada que antes, más cerca del "establishment".

Alfonso Prat Gay como el ministro de Economía de su equipo fue la jugada más fuerte y la que mejores réditos le está dando. En estas dos semanas que restan de campaña profundizará el perfil de propuestas de gobierno en un clima de alegría y serenidad que está atrayendo a quienes no optan por la alternativa de la continuidad encarnada con Cristina.

Lavagna va quedando atrás, más por errores de estrategia que por cualidades que puedan ser bien valuadas por la gente. Se muestra poco, se lo ve rígido, casi solitario en sus actos, y sus esfuerzos por "popularizar" algo su imagen, como sus apariciones en programas de televisión, no parecen estar dando muy buen resultado. Parece estar dilapidando grandes posibilidades.

Carrió y Lavagna son dos dirigentes de peso, importantes, con propuestas significativas y con una trayectoria de honestidad prácticamente intachable, pero sin embargo ninguno de los dos parece concitar tanta atención como para empujar hacia un ballottage.

�Qué piensa la gente, a todo esto? Como pasó en tiempos de la reelección de Menem, pocos "confiesan" que la votarán a Cristina, y los que lo hacen, dicen principalmente que su decisión se debe a que no hay otra alternativa seria. A la postre, desde la recuperación de la democracia, la ciudadanía sigue demostrando su apatía hacia la "raza política" a la que siente cada vez más divorciada de sus pesares cotidianos. En ese marco, muchos están pensando que "mejor malo conocido que bueno por conocer". Han sido tantos los golpes soportados por los electores, que vieron cómo gobiernos democráticos se desmoronaban por ambiciones de sectores que no tenían nada que ver con sus demandas y necesidades.

Al fin y al cabo, el manejo de la política parece ser algo cada vez más ajeno, más distante de su razón de ser: la interpretación real del pensamiento y las aspiraciones de las personas comunes. El único papel que parece haber quedado para la gente es el de ejercer su derecho a voto cada cuatro años. Ahora se prepara para afrontarlo, con menos entusiasmo que nunca.

Es como que la mayoría de quienes votarán a Cristina valoran que el presidente Néstor Kirchner, con sus claroscuros, sus contradicciones, su cuestionable estilo, su desobediencia de la orden tácita de respetar y mejorar las instituciones democráticas, llevó al país sin zozobras por tiempos difíciles y lo estabilizó económicamente, lo cual no es poco.

Después de tantas tempestades, este parece ser un tiempo en que la mayoría de los argentinos prefiere la calma, aunque el precio a pagar resulte luego caro. Al menos con esa indiferencia se encaminan a ver una carrera en la que los únicos verdaderamente entusiasmados son los propios pilotos.

Carmen Coiro/DyN